Origen de la biografía de Chesterton sobre Sto. Tomás de Aquino

Joseph Pearce -en su estudio sobre Chesterton (Encuentro, 1998)- nos proporciona una información muy interesante para conocer el origen de este libro sobre Santo Tomás de Aquino. Hay que situarse en la primavera de 1933, tres años antes del fallecimiento de GK. El libro iba a ser, junto a la Autobiografía, su última obra general. La escribió a petición de la editorial Hodder & Stoughton -que todavía existe-, y que quería publicarla junto con la exitosa biografía de San Francisco de Asís, escrita diez años atrás, y del que existen numerosas ediciones en castellano.

Sto Tomas de Aquino

Chesterton tenía una grandísima admiración por Santo Tomás de Aquino. Imagen: El juego de filosofar.

Según Pearce (p.523), “Bernard Shaw se entusiasmó al enterarse de que habían encargado el libro a su amigo. ‘Es estupenda la noticia de esta obra sobre el Divino Doctor —expresaba en una carta a Frances—. Llevo años predicando que la pasión intelectual es la más arrobadora de todas en definitiva; y considero a Tomás un ser digno del mayor elogio porque me ha precedido en este aspecto’. Otros, sin embargo, contemplaban el proyecto de la biografía con mucho menos entusiasmo. Tenían sus dudas incluso aquellos a quienes se consideraba normalmente admiradores y buenos amigos suyos”, como la propia Maisie Ward y su marido, editores de las obras de Chesterton en Estados Unidos.

Como sabemos, las biografías de GK carecen de erudición, pues a Chesterton le interesaba menos el dato concreto que las cuestiones de fondo que revelan la realidad de la vida, incluso más allá del propio protagonista. Pero “el nuevo estudio trababa de uno de los filósofos más importantes de toda la historia y se perdía en un campo que según pensaban muchos, Chesterton no había explorado y no estaba cualificado para internarse en él. Así las cosas, no sorprende que hasta una editorial católica como Sheed & Ward estuviera seriamente preocupada por la perspectiva del libro. Si los editores hubieran sabido la inconsciencia con que Chesterton abordaba el trabajo, difícilmente se habrían disipado sus temores. Dorothy Collins [su secretaria] recordaba que tras despachar los artículos semanales, decía de repente: ‘Vamos a ponernos un rato con Tommy’. De este modo le dictó la mitad de la biografía, sin consultar un solo libro. Al final, le pidió que fuera ‘a Londres a traerme algunos libros’. Cuando Dorothy le preguntó qué libros necesitaba, le contestó que no lo sabía. Ella escribió al padre O’Connor a toda prisa y recibió a vuelta de correo una lista de las obras clásicas y más recientes sobre santo Tomás. Según Dorothy, cuando le dio los libros a Chesterton, los hojeó rápidamente y luego procedió a dictarle el resto del libro sin volver a consultar ninguno de ellos” (Pearce, pp.524-5).

Además de poseer una memoria prodigiosa, Chesterton había leído intensamente a Santo Tomás durante su período de acercamiento al cristianismo, y –aunque GK no era nada escolástico-, sus obras le habían proporcionado los sólidos fundamentos de su filosofía realista, que era la base de ‘el colosal sentido común de santo Tomás de Aquino’ -según mencionaba en la biografía de Chaucer, escrita un año antes- el sinónimo de sensatez.

Continúa Pearce (p.525): “De todas formas, adhiriéndose a la convicción de Shaw de que ‘la pasión intelectual es la más arrobadora de todas’, esperaba que la biografía ganara en pasión lo que perdía en precisión. Él adoraba a santo Tomás tanto con el corazón como con la cabeza y comprendía sus enseñanzas igualmente con el corazón y la cabeza. Confiaba en que bastara con eso. En efecto, un amigo que le vio a la salida de la misa del día del Corpus Christi, cuando estaba en plena redacción del libro, nos ofrece una interesante visión de ese amor: ‘Como estoy intentado escribir sobre santo Tomás —le explicó— se me ha ocurrido que lo menos que podía hacer era venir a comulgar en el día en que escribió su Misa’. Otros amigos le recuerdan en la procesión del Corpus en Beaconsfield con ánimo similar, cantando el himno de santo Tomás, el Pange Lingua, con todo el corazón y desentonando bastante. No se daba cuenta en absoluto de que se había convertido en objeto de risas para los habitantes de las casas situadas frente a la iglesia que contemplaban atónitos y divertidos su modo de proceder”.

El resto ya lo sabemos: Etienne Gilson (1884-1978), uno de los más grandes tomistas del siglo XX, consideraba el libro como una de las mejores obras jamás escritas sobre Santo Tomás.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s