Santo Tomás: una lectura genial de Chesterton

He leído varias biografías de Santo Tomás de Aquino , incluso la novela histórica La luz apacible de Louis de Wolf, coincido con Etienne Gilson que sostiene que la biografía realizada por Chesterton es la mejor. En otro sentido, quiero afirmar que la traducción y comentario que lleva a cabo nuestro amigo Juan Carlos de Pablos- y que hoy presentamos- es la más fácil de leer y entender. Es una traslación ordenada y muy didáctica, fruto de un arduo trabajo, en el que igual que el biografiado y el autor de la obra, no sólo demuestra un gran amor y búsqueda de la Verdad, sino que este recorrido de indagación contiene similares dosis de la humildad con que Chesterton leía y escribía sobre el humilde Tomás de Aquino.

Permítaseme anotar un fragmento –in media res- del prólogo, en el que Juan Carlos de Pablos nos escribe: “Y es que la idea de que el pensamiento realista conduce al sentido común y a la plenitud no sólo es la síntesis de santo Tomás, sino también del pensamiento de Chesterton: la maravilla de la creación, la importancia de las cosas y la estrecha interacción que existe entre todo, pues nada hay desconectado del resto.”

Como no es cosa de “destripar” (perdón por la palabra) el contenido del libro, recomiendo su lectura desde la 1ª a la última página, no sólo por razones formales de expresión y superestructura (como diría un lingüista del Texto). Que sí, sino además por sus contenidos.

Así pues, es un libro perfectamente organizado por el traductor y comentarista. La materia argumentativa de los capítulos la distribuye Juan Carlos en una serie de apartados y subapartados. Apartados a los que da títulos acertados y orientativos, para facilitar la lectura del libro, que es una lectura clarificadora, en cuanto que se puede “trocear” la materia narrativa y así leerla. Bien de modo “parcelado”, bien sumativamente.

A más de estos aspectos formales, el léxico empleado es fácil de aprehender, es culto pero común y asequible; sana, también, Juan Carlos  algún que otro arcaísmo y cura algunas estructuras sintácticas ajenas al español.

En el plano del significado, el libro se puede leer como un texto dual, en cuya primera parte se relacionan la acción de Santo Tomás y de San Francisco de Asís con el análisis de Chesterton que aparece como oculto y entre bambalinas, aprendiendo de sus “dos santos”. En una segunda parte, Santo Tomás y Chesterton se miran cara a cara para ensimismarse en la verdad de la realidad.

Finalmente, conviene leer detenidamente el prólogo de Juan Carlos de Pablos a la Biografía de Santo Tomás, para ver hasta qué punto conoció al autor de la biografía y al biografiado.

Orientativamente, destaco de ese prólogo:

* El amor a la verdad.

* La filosofía del sentido común.

* El reconocimiento del mundo material.

Pickwick

Aniversario del fallecimiento de C.S. Lewis

Un discípulo de Chesterton

Fotografías de C.S. Lewis y de G.K. Chesterton

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[Publicada en el número 856 el 21 de noviembre de 2013] Antes de su conversión, «Lewis se consideraba pesimista, ateo y con una profunda aversión a todo lo que oliera a sentimentalismo». La lectura de Chesterton le marcó profundamente. No había nada de sentimental en «quien consideraba la Navidad como un tiempo de lucha por la irrupción de un Dios hombre en el mundo». Pero antes que el sentido del humor o el ingenio del escritor converso al catolicismo, lo que le atrajo de Chesterton, hombre de carácter opuesto al suyo, fue simplemente su bondad.

Escribe Antonio R. Rubio:

Clive Staples Lewis, profesor de Literatura medieval y renacentista en la Universidad de Cambridge, fue uno de los grandes apologistas cristianos del siglo XX. Murió el mismo día que el Presidente Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, a consecuencia de una enfermedad renal que le había llevado a renunciar a su actividad académica, culminación de su labor de treinta años en el Magdalen College, de Oxford. Tal y como reconoce en su atípica autobiografía, Cautivado por la alegría, tuvo conciencia desde muy joven de que sólo podía ser profesor y escritor. Pero se habría quedado en un brillante crítico literario si no hubiera sido por su conversión al cristianismo. Fue un proceso lento, con alternancia de brumas y días soleados, muy similar al clima de las Islas Británicas, en el que pasó de una vida epicúrea y egoísta, primero al deísmo y luego a la creencia en la Encarnación. La progresiva maduración de su estilo y de su vida le convirtió en un apologista del cristianismo, en el que hay inconfundibles ecos de Chesterton. Unas veces cultivó la sátira, con las Cartas del diablo a su sobrino. Otras, supo plasmar un rico universo de simbología cristiana en Las Crónicas de Narnia, o la Trilogía Cósmica.

Hay lecturas que marcan a las personas y las arrancan de su cómodo estatus. Les plantean preguntas de gran calado y difíciles de eludir. No les llevan a conclusiones fáciles, aunque les abren el camino para una vida entera de búsqueda o de investigación, que en la lengua inglesa son términos equivalentes. Para Lewis, esa lectura fue El hombre eterno, de Chesterton, publicada en 1925, y que pretendía ser una respuesta cristiana a la aparición de la positivista y cientificista Breve Historia del mundo, de H.G. Wells, ampliamente difundida en el mundo anglosajón. En esa réplica se defiende la tesis de que la historia humana es incomprensible si no se pone a Cristo como centro de gravedad. De aquel libro sólo se podía sacar la conclusión de que Cristo era un loco o un mentiroso, o que simplemente decía la verdad acerca de sí mismo.

Sin embargo, no era el primer contacto de Lewis con los libros de Chesterton. Había tenido ocasión de leer algo de aquel autor en las trincheras de Flandes, en los meses finales de la Primera Guerra Mundial. Lewis confesó después su inmediata fascinación por alguien de quien nunca oyera hablar antes. Pero lo más sorprendente es que le atrajera Chesterton siendo el polo opuesto a su propio carácter. En efecto, Lewis se consideraba pesimista, ateo y con una profunda aversión a todo lo que oliera a sentimentalismo. Descubriría con el tiempo que su admirado ensayista nada tenía de sentimental. No lo era, desde luego, quien consideraba la Navidad como un tiempo de lucha y desafío por la irrupción de un Dios hombre en el mundo. ¿Le atrajo, entonces, el sentido del humor del escritor converso al catolicismo? Fue algo mucho más sencillo que una mera admiración por el estilo o el ingenio. Chesterton atrajo a Lewis por su bondad. Sus escritos denotaban que era sabio y bueno, pero a la vez estaba dotado de una sencillez que le alejaba de la arrogancia de ciertos intelectuales. Lewis reconocía que él mismo podía haber sido el típico intelectual satírico de su época -y de la nuestra- cuya profesión oficial de fe era el socialismo y el ateísmo. Probablemente, le salvara su gran imaginación, presta a deleitarse en la evocación de las leyendas de la mitología griega o la nórdica. Desde niño, había soñado con el Jardín de las Hespérides, o con las aventuras de Lancelot en busca del Grial. Quien tiene la capacidad para seguir asombrándose toda su vida como un niño, no es fácil que caiga en el cinismo y la crítica amarga.

Dos maestros de la ironía

Los dos escritores también tenían algo en común: su amor por la literatura fantástica y, en particular, por los cuentos de hadas. Recordemos esta paradoja de Chesterton: «Los cuentos de hadas son ciertos, no porque nos hablen de que existen dragones, sino porque nos dicen que podemos vencerlos». ¿No eran también combatientes contra las fuerzas del mal, los cuatro hermanos Pevensie, los niños que viajan a través de un armario, en la fecunda imaginación de Lewis, al reino de Narnia?

No parece que Chesterton y Lewis llegaran a conocerse personalmente, aunque este último, a través de la lectura de los libros del primero, se convirtió en otro maestro de la paradoja y de la ironía. Lewis debió pasar muchas horas en su residencia de Oxford con una pipa, y junto al fuego de la chimenea, absorto en la lectura de la gran mayoría de las obras de Chesterton, y añadiendo notas marginales que todavía pueden apreciarse. Con todo, no dio el paso definitivo hacia la fe católica y permaneció en la religión anglicana, aunque cercano en muchas cosas a la Iglesia de Roma, a la que pertenecía, por cierto, otro de sus amigos, J.R. Tolkien, creador asimismo de otro universo de símbolos cristianos en El señor de los anillos.

(Articulo publicado en Alfa y Omega y autorizado por el autor a ser incluido en este blog.)

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……..Os esperamos

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CHESTERTON Y SANTO TOMÁS DE AQUINO: UNIDOS POR EL SENTIDO COMÚN

Las buenas traducciones contribuyen a las buenas lecturas, a un reencuentro con los clásicos que siempre es toda una satisfacción para el espíritu. Este es el caso de la peculiar biografía Santo Tomás de Aquino, publicada por Gilbert Keith Chesterton en 1933. No se trata de una vida ambientada en la época medieval con descripciones al uso, ni mucho menos de una edificante hagiografía. Por el contrario, es una mezcla, desbordante y a la vez sorprendente, de historia, filosofía, antropología y crítica cultural.

La traducción, en ediciones Rialp, del profesor de sociología de la universidad de Granada, Juan Carlos de Pablos, añade claridad a cualquier lector que desee disfrutar del gran escritor católico inglés, pero que podría perderse en los larguísimos párrafos y ocurrentes paradojas, cargadas de doble sentido, que tienen sus obras.

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El profesor de Pablos, fallecido en 2015, fue el fundador del club Chesterton de Granada, nacido de la admiración por aquel apóstol del sentido común y del buen humor. Uno de los mejores legados de este docente universitario ha sido esta traducción con notas certeras y epígrafes esclarecedores. Recomendamos su lectura sosegada, no incompatible con un estilo vivaz y desenfadado, de la que podemos extraer una mejor comprensión no solo del mundo medieval sino también del moderno, pues, en el fondo, no hay grandísimas diferencias entre el tiempo de Chesterton y el nuestro.

Chesterton había publicado en 1922 otro ensayo biográfico sobre san Francisco de Asís, pero le pareció indispensable completarlo una década después con otro libro sobre santo Tomás de Aquino. Muchos siguen considerando al fundador de los franciscanos como un gran admirador de la naturaleza y poco más, y, por supuesto, prefieren al alegre Francisco en vez de al silencioso erudito escolástico llamado Tomás, también conocido, por sus condiscípulos de París, como el “buey mudo”. Sin embargo, Chesterton huía de esos sentimentalismos que ocultan al verdadero Francisco de Asís y valoraba que, gracias a la filosofía tomista, el cristiano puede confiar en la razón. Los argumentos de Tomás a favor de la revelación no significaban la negación de la razón, como hacen los fideísmos de ahora y entonces, sino una afirmación de la misma. Tomás hizo la fe razonable, pero la Reforma protestante arremetió contra la razón y la sustituyó por la sugestión, con lo que la fe terminó por separarse de la vida y se hizo un asunto privado.

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Según Chesterton, Tomás resucitó a Aristóteles, ejemplo de una filosofía realista, muy adecuada al dogma cristiano de que el Verbo se hizo carne. Supuso una nueva luz para la fe. Esto supuso dejar atrás el idealismo de Platón, con su dimensión del hombre meramente espiritualista, aunque desgraciadamente para la Cristiandad, el platonismo resucitaría tanto en el Renacimiento como en el protestantismo. El Hamlet renacentista se agitaría en la duda del ser o no ser, mientras que Tomás habría dicho, sin vacilar, que la respuesta era ser.

Sin embargo, la filosofía aristotélica fue arrinconada y no sería restaurada en los círculos intelectuales hasta el siglo XX, en coincidencia con la aparición de este libro de Chesterton. Filósofos neotomistas como Étienne Gilson aplaudieron esta obra cuyo autor afirmaba haber hecho solo un bosquejo dirigido, sobre todo, a lectores no católicos. ¿Cómo les podría atraer el escritor inglés? Simplemente demostrándoles que Tomás es el filósofo del sentido común. Se palpa el entusiasmo de Chesterton por santo Tomás, y esto solo es explicable porque el autor se identifica plenamente con su personaje. También él era un hombre un tanto abstraído y corpulento, y una persona apasionada por los libros, algo no incompatible con su buen trato con las personas, aunque fueran de distinto modo de pensar. De hecho, el autor nos da en este libro un consejo válido para cualquier época: “No hay que discutir con un hombre, o bien discutir en su terreno y no en el nuestro”. Además Chesterton se identificaba con Tomás en ser un soñador activo y un auténtico hombre de acción. Ambos consiguieron la rara cualidad de ser a la vez teóricos y prácticos. ¿Por qué? Porque practicaban el sentido común de vivir en la realidad y de reconocerla. En esto consiste la filosofía del sentido común, la única filosofía fructífera del mundo.

Artículo publicado por DON ANTONIO R. RUBIO PLO en la página web cope.es, el 17.10.16, autorizando su inclusión en este blog, cosa que le agradecemos.

GK Y BP

Tarde del 23 de Febrero de 1.904, Restaurante Imperial de Londres,  GK. Chesterton acude con Frances Blogg su esposa,  a una cena invitado por el Sr. Lane, presidente del Club of the Odd Volumes.

Leyendo la interesante biografía de GK. escrita por Joseph Pierce –  y recogiendo este a su vez,  la referencia que,  de esa noche hace Maisie Ward en algunas de las notas sacadas del diario de Frances, en donde alude a la rica y abundante vida social y cultural de la que disfrutaban ella y su marido por aquellos días – descubro por sorpresa el interesante encuentro que tendría lugar aquella noche.

En concreto, al evento de esa noche acudieron  distintos personajes ilustres y destacados de la Gran Bretaña  del momento que pronunciaron varios discursos.  Entre ellos y junto a GK Chesterton estaba Lord Robert Baden Powell, fundador del movimiento scout.

Aprovecho este anecdótico encuentro estos dos singulares invitados a la cena de aquella noche, para siquiera sumarísimamente utilizar este espacio dedicado al uno,  como excusa para hablar del otro.

Me alegra comprobar que quizás los dos personajes de la era moderna que más han podido influir en quien escribe estas notas,   hayan coincidido en aquella noche,   quién sabe si circunstancial y puntualmente o se hubo trabado entre ellos algún tipo de relación  posterior. Nada he encontrado al respecto, pero no cabe duda que pudiera ser un interesante objeto de un estudio mas detenido y profundo.

El uno,  Baden  Powell , fue un personaje muy importante  de mi alegre primera  juventud, y el otro, KG Chesterton  lo está siendo de mi también alegre segunda juventud.

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Lord Robert Stevenson Smith Baden Powell of Giwell, nació en Londres en 1.857 y murió en Kenia en 1.941. Durante su juventud ejerció de actor, pintor y  músico pero sobre todo fue un brillante  militar que destacó en sus campañas militares en Africa donde aprendió de los nativos  y practicó novedosas técnicas de exploración, observación, supervivencia  y amor a  la naturaleza,  cuya experiencia y practicas especialmente con jóvenes le reportaron éxitos militares y fama,  creando  el movimiento internacional de los boy scouts.  Publica varios libros donde desarrolla sus experiencias y sus ideas sobre  este movimiento juvenil. Entre ellos destaca Scouting for boys, la biblia de los scouts.

 

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Su idea básica es educar a los jóvenes de su época  mediante el amor a la naturaleza, a saber usarla y respetarla ayudando a ser útiles así mismo y  a los demás. Animando a los muchachos a organizarse y a disfrutar de la magnífica obra con la que El  Creador nos ha obsequiado, respetándola y cuidándola.  Entendía BP que los jóvenes necesitan una educación mas allá de la escuela y utilizar de manera adecuada su tiempo libre, fomentando el espíritu de aventura, compañerismo, vida sana y servicio a los demás.

En la actualidad es sabido que el movimiento scout mundial tiene millones de seguidores jóvenes y no tanto alrededor del planeta y su obra ha contribuido de manera directa y eficaz a educar y  formar hombres y ciudadanos responsables.

Hubiese sido fascinante presenciar el encuentro de ambos personajes. Oír sus correspondientes discursos y escuchar sus comentarios recíprocos.  Creadores cada uno de sus respectivos  universos, intelectual el uno, educacional el otro, periodista el uno, militar el otro, hábil y diestro uno  con la pluma y el otro con la espada. Pero los dos, no cabe duda de ello, han aportado mucho y de calidad a esta sociedad, colaborando sin duda a “dejar este mundo un poco mejor de como lo encontramos…….” .

Sirvan estas torpes y sencillas  líneas como recuerdo y en honor del grupo scout  de Nuestra Señora del Carmen en El Puerto de Santa María, al que tuve el honor y la gran suerte de pertenecer durante gran parte de mi juventud y que acaba de cumplir los 50 años de su creación.

 

 

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Videos

Tras un brillante trabajo del departamento técnico del Club Chesterton de Granada, facilitamos los enlaces del vídeo de la primera conferencia del ciclo dedicado al PROFESOR JUAN CARLOS DE PABLOS , que tuvo lugar recientemente.

La conferencia tuvo lugar el pasado jueves 4 de Febrero de 2.016, en la Facultad de Sociología de Granada.  El ponente fue el Prof. EDUARDO SEGURA que nos habló brillantemente sobre Chesterton, Tolkien y la sabiduría de los cuentos.

Por razones técnicas, el vídeo esta dividido en cuatro partes de aprox. 25 minutos cada una. Rogamos disculpen las deficiencias técnicas.  Disfruten .

vídeo 1 de 4;  https://youtu.be/T8WpXhkncDs

vídeo 2 de 4; https://youtu.be/ZlcwrYor2Ig

vídeo 3 de 4; https://youtu.be/zV952tzCJnI

vídeo 4 de 4;    https://youtu.be/pzfzNUEJKOQ

ALLEGRO FINALE

Ha concluido el ciclo de conferencias y las jornadas dedicadas a la memoria del fundador de nuestro Club Chesterton de Granada, Juan Carlos de Pablos, en el primer aniversario de su fallecimiento.

Estas han consistido en un ciclo de cuatro conferencias entorno, como no podría ser de otra manera a GK Chesterton, además de una jornada de especial recuerdo de nuestro fundador con visita al cementerio de Granada, para depositar un ramo de flores y rezar en el lugar donde reposa el cuerpo de nuestro amigo Juan Carlos, seguido de una celebración eucarística en la Parroquia de San Cecilio tras la cual tuvimos un almuerzo de convivencia en el Convento de las Comendadoras de Santiago.

WP_20160213_11_55_35_ProEn el cementerio de Granada, rezando junto a Juan Carlos.

Quiero mostrar mediante estas líneas mi profundo agradecimiento a todos los amigos que han participado de alguna u otra manera en estos actos, que en su totalidad han resultado un éxito tanto por la cantidad como por la calidad y calidez del público asistente, así como por el alto nivel de los ponentes que generosa y desinteresadamente se han ofrecido a compartir con nosotros no ya solo una parte de su tiempo, sino de sus conocimientos,  magistral y amenamente expuestos.

IMG-20160205-WA0001Los miembros del Club Chesterton de Granada, Prof. Emilio Sanchez y Prof. Elena Catrinescu, envuelven al conferenciante Prof. D. Eduardo Segura.

Nuestro expreso agradecimiento pues, a los profesores D. Eduardo Segura, D. Josef Seifert, D. Jesus Montiel y D. Luis Daniel Gonzalez que con sus valiosas aportaciones de tiempo y conocimiento han hecho posible el éxito de estos actos. También agradecer a la Facultad de Sociología de la Universidad de Granada, la cesión de sus aulas para el desarrollo de algunas conferencias, y a sus profesores y compañeros del homenajeado, su apoyo y asistencia a los actos. Al Colegio Mayor Albayzin, a miembros de su dirección D. Alberto Tarifa y D. Jose Maria Garrido, por su colaboración cediéndonos también los espacios necesarios para la celebración de conferencias y al Seminario de Estudios Newman, magníficamente representado por el Prof. D. Juan Quesada, con quienes sin duda estas actividades han servido para afianzar lazos e iniciar una espero que larga trayectoria de colaboraciones conjuntas en nuestras correspondientes aspiraciones de dar a conocer la obra y el pensamiento de ambos católicos británicos.
Muchas son las personas que sin pertenecer a nuestro Club, pero movidos por su cariño y amistad al homenajeado nos han prestado su apoyo, de distintas maneras o simplemente, acudiendo a todas o algunas de las actividades realizadas.

 

WP_20160212_20_35_59_Pro     El Padre Sorin Catrinescu, miembro del Club Chesterton y el conferenciante          Prof. Josef Seifert.

Pero sobre todo, queremos hacer un agradecimiento especial a las innumerables personas, familiares, amigos, conocidos o no, que con su presencia, con su simple acción de compartir con nosotros un par de horas vespertinas han hecho posible este pequeño, humilde pero hermoso milagro.
Nuestra finalidad, aparte del homenaje a la memoria de nuestro amigo Juan Carlos, no podría ser otra que la de dar a conocer la obra y el pensamiento del autor converso británico, a cuyo estudio, análisis, conocimiento y divulgación le dedicó los últimos años de vida, en la esperanza y la ilusión de que otros tomen su testigo en esta ardua pero sin duda agradable tarea.

IMG-20160227-WA0002      El ponente Prof. D. Jesús Montiel, acompañado del miembro del Club Miguel         A. Caro

Ahora toca hacer balance, revisar y evaluar lo hecho, hacer autocrítica de lo no hecho o hecho mal. Ninguno de nosotros tenía experiencia previa organizando nada, pero todos hemos aprendido algo y nos hemos enriquecido mucho…….eso y seguir con nuestra bendita rutina de amenas tertulias, lecturas asignadas y periódicas reuniones en torno a la obra de nuestro autor, y porque no decirlo, acabar –como no podía ser de otra forma en un club chestertoniano que se precie – en la mesa de un bar junto a una fría cerveza.
En cualquier caso, ya estamos trabajando en organizar, como venimos haciendo periódicamente desde hace varios años una vez entrada la primavera, próximas actividades culturales visitando algunos de los numerosos monumentos y rincones de esta hermosa ciudad en la que habitamos.

WP_20160309_21_06_40_Pro       El miembro del Club Chesterton,  Reyes Ruiz y el conferenciante D. Luis                    Daniel Gonzalez.

Me gustaría creer que nuestros dos amigos, Juan Carlos y Gilbert Keith, habrán brindado juntos allá arriba, orgullosos y alegres también, por la celebración de estas jornadas.

WP_20160213_13_15_08_ProParroquia de San Cecilio. Padres D. Juan Manuel Molina, D. Sorin Catrinescu y D. Luis A. Garcia.

Muchas gracias a todos y un fuerte abrazo.

                        Caza de amor

 

 

“¡Si tú supieras quién es el que te dice “dame de beber”!, tú serías quien le pedirías a él, y él te daría un agua que te quitaría la sed para siempre.”

(Juan, 4,10)

 

 

            Merodeando en el intrincado bosque de la conciencia, donde el alma se desnuda palmariamente y aparece el ansia de eternidad, y la ponzoña de nuestras conscientes/inconscientes memorias, recreo una infancia feliz, de colores y esperanza por la inocencia. El anhelo de redención se abre como la corola de una flor a la perdurabilidad. Y olvida la culpa. Y todo ello impulsado por la Voz Creadora a la que ya no quiero ser desobediente nunca jamás. No obstante, la culpa, que por doquier   asedia con implacabilidad demoniaca, la Voz con carrera veloz defiende a sus ovejas con  su perdón. Yo lo acepto y dejo de ser noche.

 

En estas reflexiones andaba, cuando me vino a las mientes la existencia de un excelso poema que busqué, encontré y clasifiqué; para ahora mirar, leer y saborear: “El lebrel del cielo”.

 

            La concepción teocéntrica se mece, armónicamente, en esta ilustre oda en la abundancia de imágenes, la policromía de las voces y la reiteración de símbolos, como si una visión de Dios se hubiera quedado plasmada en el límpido papel. Su autor bohemio y religioso, niño y hombre baqueteado, eremita enfermo, y enfermo iluminado en la contemplación, nos requiere, para sugerirnos una contestación de entrega

 

a la persecución que, Dios como un perro de caza, nos ofrece a fin de alcanzar la salvación. (Transmutando el texto, podríamos decir que  Dios tras un amoroso lance nos da caza.)

El autor de este místico poema es Francis Thompson. Ya hemos hablado del atrevido símil, referido a Dios Amor: “perro de caza”. En el poema, Dios se muestra como un pordiosero de amor que insiste en la  persecución del hombre en su huida, pues el hombre, creado por Dios es para Dios, y Este no se cansa en la búsqueda de las ovejas perdidas, aunque su misión le conduzca a dar al hombre hasta su último aliento.

 

Elogiado por autores como W.B. Yeast y Chesterton  e influyente poeta en las obras de Tolkien y Jules Supervielle,   sitúa el poema en el contexto en el que la multiplicidad de credos se ve infestada por algo tan moderno como “la cuestión semántica”, en la que lo blanco se denomina negro e impuro a lo puro. Así G.K.Chesterton dice: “Lo que queríamos significar al decir que El Lebrel del Cielo es un verdadero poema religioso, es simplemente que no tendría sentido si fuéramos a suponer que se refiere a esas abstracciones modernas o a cualquier cosa que no sea un Creador personal en relación con una criatura personal.” (El lebrel del cielo, inserto en el libro de ensayos El hombre corriente. Espuela de plata. Sevilla. 2013)

 

Extrayendo de todo lo relatado acerca del asunto de esta oda, podemos sintetizar el tema en “Dios –el sabueso del Cielo- da a la caza – alma que huye- alcance– la salvación… y, al final, la UNIO.

 

Para darnos una idea, y con el recuerdo de la mística cetrería, añado como colofón algunos de los últimos versos de la oda de Francis Thompson:

 

 

Now of that long pursuit

Comes on at hand the bruit;

That voice  is round me like a bursting sea:

And is thy earth so marred,

Shattered in shard on shard?

Lo, all things fly thee, for thou fliest Me!

(Ya la persecución está lograda,/ Y la Voz como un mar en torno fluye:/ -¿Crees que la tierra gime destrozada? Todo te huye, porque tú me huyes.)

 

Strange, piteous,futile thing!

Wherefore should any set these love apart?

Seeing mone but I makes much of naught (He said),

And human love needs human meriting:

How hast thou merited

Of all man´s clotted clay the dingiest clot?

Alack, thou knowest not

How little worthy of any to love thou art!

Whom wilt thou find to love ignoble thee,

Save Me, save only Me?

All which I took from thee I did but take,

Not for thy harms,

But just that thou might´st seek it in My arms.

(¡Extraña, fútil cosa, miserable!/ dime, ¿cómo podrías ser amada?;/ ¿no he hecho ya demasiado de tu nada/ para hacerte sin mérito, aceptable?/ Pizca de barro, ¿acaso tú no sabes/ cuán poco amor te cabe?/ ¿Quién hallarás que te ame? Solamente / yo, que cuanto te pido te he quitado,/ para que me lo pidas de prestado/ y lo dé misericordiosamente.)

 

All which thy child´s mistake

Francies as lost, I have stored for thee at home:

Rise, clasp My hand, and come!

Halts by me that footfall:

Is my gloom, after all,

Shade of his hand, outstretched caressingly?

“Ah, fondest, blindest, weakest,

I am the Whom thou sleekest!

Thou dravest love from thee, who dravest Me”

(Lo que tú crees perdido está en mi casa/ levántate, toma mi mano y pasa./ Los Pasos se han quedado junto al vano./ Acaso ¡oh tú, tiniebla que me ofusca/ seas sólo la sombra de Su mano!/ “Oh loco, ciego, enfermo que te abrasas,/ pues buscas el amor, a mí me buscas,/ y lo rechazas cuando me rechazas.”) Traducciones de Carlos A. Sáenz