Chesterton, profeta de nuestro tiempo

La gente corriente suele considerar profeta a la persona que anticipa la realización de un acontecimiento, que en sentido amplio, es más bien la capacidad de tener una determinada visión del futuro, normalmente con carácter condicionado. En el antiguo Testamento, los profetas son hombres de Dios, enviados para instruir al pueblo y mostrarles los errores que está cometiendo. Tienen la misión de enseñar y re-conducir al buen camino.

Siempre he considerado a GK un gran profeta, por su capacidad para proyectar las condiciones intelectuales y sociales de su época hacia delante: tenía el don de llegar a las últimas consecuencias de los hechos y de los argumentos, y los desafiaba con su brillante y divertida dialéctica, advirtiendo en los primeros síntomas lo que hoy vivimos de manera generalizada.

En El hombre corriente, he encontrado, sin embargo, una de las pocas veces que hace una afirmación tajante. Comentando las burlas de un periodista al espiritismo, habla con la solemnidad de un profeta. Eso sí, sin arrogarse especiales poderes, tan sólo invocando el sentido común. Pero 80 años después, estas palabras tienen plena vigencia.

“La experiencia mostrará que no es cierto que [el espiritismo] desaparece en todas partes frente al avance de la educación; por el contrario, algunos de sus más perversos ministros han sido los más altamente educados. La crónica mostrará que no es verdad que indique barbarie más que civilización; hubo más adoración de los malos espíritus en las ciudades de Aníbal y Moctezuma que entre los esquimales o los salvajes de Australia. Y el conocimiento de las ciudades modernas mostrará que se continúa practicando en Londres y París ahora mismo”.

Como siempre, el método de GK nos ayuda a repensar nuestras creencias más asentadas: un ‘mundo civilizado’ ha de ser necesariamente mejor que uno que no lo es; la educación sería la solución para todos los problemas; el posible enemigo es el que está fuera, lejos de las fronteras…

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2 Respuestas a “Chesterton, profeta de nuestro tiempo

  1. Efectivamente lo oscuro, lo misterioso, el culto a determinados espíritus, lo diabólico siempre ha estado muy presente en ambientes “cultos” y económicamente privilegiados. Se me ocurre un par de películas al respecto Eye wide shut, con N. Kidman y T.Cruise y dirigida por S. Kubrick y otra clásica, La semilla del diablo, de R. Polanski. Pero por otro lado, también se dan esos mismos casos en estratos sociales totalmente opuestos, pienso por ejemplo en un reciente caso de un asesinato en Granada, en el barrio del Albaycin ocasionado por ritos satánicos o algo parecido.

  2. Haciendo abstracción de factores sociales (que influirían, estoy seguro, como poco en las prácticas asociadas a esas creencias), tengo la impresión de que una de las claves es la necesidad de creer, en la cual pueden producir escaso efecto la inteligencia o la educación.
    Se suele recordar el ejemplo, a mi juicio inadecuado, de Sir Arthur Conan Doyle, autor de los relatos de Sherlock Holmes y ferviente defensor del espiritismo y hasta de la existencia de las hadas (véase http://es.wikipedia.org/wiki/Las_hadas_de_Cottingley). Y me parece inadecuado porque, evidentemente, el que Doyle escriba las aventuras de Sherlock Holmes no significa que sea tan inteligente como Sherlock Holmes, solo que se le da muy bien inventar enigmas ingeniosos. Pero sí que pone en evidencia cómo el deseo de creer, nacido de una tragedia personal, puede hacer que se pasen por alto los indicios más escandalosos de fraude y simulación.
    Curiosamente, su buen amigo el mago y escapista Harry Houdini también tenía poderosas razones emocionales para querer creer en el espiritismo, pero siguió una vía que podríamos llamar “popperiana”: se dedicó a desenmascarar falsos médiums, en busca de alguno cuyas trampas no pudiera descubrir. Jamás encontró a ninguno. Es más, acordó con su mujer una contraseña con la que el primero de los dos que muriese se identificaría ante el otro cuando intentara comunicarse desde el más allá. Y aunque Bessie Houdini celebró anualmente una sesión espiritista para dar ocasión a que el hombre que había escapado de todas las prisiones y cadenas escapara también de la muerte, jamás ningún médium le supo decir la palabra clave.
    De hecho, los científicos suelen ser más vulnerables a las malas artes de espiritistas y fraudes sobrenaturales que los magos e ilusionistas, que saben dónde mirar. Ha habido muchos casos de tramposos que han engañado a un equipo de científicos y que luego han sido desenmascarados por algún mago… a menudo, sin el menor efecto en sus seguidores y su capacidad para justificar el engaño, que casi siempre se basa en la colaboración activa de la víctima. Véase el lamentable caso de Anne Germain, que tan alegremente se ha dedicado a exprimir el dolor ajeno por teatros de toda España.

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