Chestertonadas para hacerse entender

Chesterton escribió siempre para el hombre corriente, de cultura media pero no intelectual o especialista. Quería llegar al público y lo intentó a toda costa. Por eso, forma parte de su método poner ejemplos continuamente, aunque a veces llegue a extremos exagerados o peregrinos, que sin embargo, conforman su estilo inconfundible.

En el capítulo inicial de El hombre eterno (01-11), plantea la necesidad de ver las cosas como si fuera la primera vez. Para lograrlo, describe la sorpresa de nuestros antepasados cuando encontraron ese animal monstruoso que posee “una cabeza menuda sobre un cuello largo y ancho, como el rostro de la gárgola que asoma sobre el canalón” y “una poblada cresta se extiende sobre su pesado cuello, como una barba en lugar equivocado”. Tras pensarlo un rato, acabamos por reconocer al caballo, pero para entonces Chesterton ya ha conseguido que deje de sernos familiar y lo veamos tal como es, con su cuello realmente más ancho que la cabeza y crines que lo distinguen de otros animales. GK ha conseguido su propósito y a partir de ese momento, podemos empezar a entender lo que nos quiere decir.

Chestertonadas como ésta configuran su estilo inconfundible, pero la clave no está en el ejemplo, sino en lo que nos quiere hacer ver: que nos hemos acostumbrado de tal manera a una visión del mundo que nos impide advertir la realidad con ojos verdaderamente objetivos. Una cosa más: quizá el método es poco ortodoxo para el mundo académico, pero hay que señalar que esto es lo que tratan de hacer los sociólogos del conocimiento, una de las ramas más complejas de la sociología.

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2 Respuestas a “Chestertonadas para hacerse entender

  1. Creo muy acertada tu opinión, Juan Carlos. Ciertamente pasamos, a diario, por la calle, por el trabajo, por la propia casa, por la iglesia o por los organismos oficiales, o por el autobús y no nos damos cuenta de lo maravilloso ordinario. Por ello, la chestertonada, como expresión extemporánea atrae nuestra atención; y advertimos que en el autobús hay una colilla, que en el ayuntamiento los gardias municipales acaban de estrenar un uniforme, que cerca del ambón, bajo el ara esta encendida la cuarta vela de Adviento, que en la casa alguien ha cambiado de sitio el Nescafe, en el trabajo me han dejado el teléfono descolgado, y en la calle veo que mis calcetines son de distinto color. ¡El mundo es maravilloso! Como dijo nuestro poeta Guillén “El mundo está bien hecho” Pero hay que no sólo ver, sino mirar en el hondón de las cosas, de la realidad, como hacía GK Chesterton.

  2. A mí, esta entrada me sugiere algo inicialmente contrario a su contenido literal: cuando vemos a Chesterton lo vemos como un escritor normal, que escribe libros, novelas y poesía como tantos otros, porque nos hemos acostumbrado. Pero en realidad, es un monstruo como el que figura en su ejemplo. Cuanto más lo leo y más pienso en lo que dice, más me convenzo de que es un tipo que siempre tiene razón, en lo que dice o lo que hace. Puedes no dársela, puede no gustar, pero tiene razón: un caballo es un ‘monstruo’ de la naturaleza, sólo que ya nos hemos acostumbrado. A partir de ahora, como dices, hay que ver las cosas con otros ojos.

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