Chesterton y la literatura popular

Chesterton y la literatura popular es el capítulo que cierra el interesante libro Verdades y Leyendas de Luis Daniel González. En los varios apartados de que consta este ensayo final, Chesterton trata sobre las literaturas infantil, juvenil y popular y sus lectores, más un escolio final en que recoge la excepcionalidad crítica de Chesterton.

En este ensayo, Luis Daniel va recogiendo todo lo que caracteriza esta literatura, desde la perspectiva del autor, del lector y de las obras en sí. Así, el escritor de la literatura popular, sea un fabuloso poeta anónimo, o sea  autor de obras menores de “quiosco”, siempre pretende fascinar al lector. (Cuentos de hadas). Dado que es en la literatura, en donde se  se abrazan la ficción y la realidad. Acerca del la obra nos dice Chesterton que “Una mala novela es siempre mejor que nada”. Esto no supone que el lector de esta literatura no tenga en cuenta la calidad  de las obras.

En otro sentido, decimos con Luis Daniel que estos tipos de escritos literarios, la finalidad de los escritores y lectores pretende educar(se) y divertir(se). O sea, lo que nos decían los retóricos bajomedievales, como fin de la literatura:”Deleitar aprovechando” Porque cualquier edad – niño, adolescente, o adulto‑  con la lectura se forman una cosmovisión personal; y si la obra merece la pena, pasar un buen rato y desear que la novela o el cuento no se acabe.

Retomamos el concepto de fantasía o ficción, para diferenciarlo del absurdo. Chesterton nos dice rotundamente que la ficción no es absurdo. La literatura del absurdo – nonnense-  es una invención de adultos y es una variante genérica con una gran carga de monotonía. (Yo añadiría a la crítica de Luis Daniel, que también está trufada de spleen) Los cuentos populares, infantiles y juveniles no son monótonos, ni están lejos de la realidad vital del lector. Para Chesterton, esta virtud del lector inocente, le lleva a decir:” Los adultos no son bastantes fuertes para regocijarse en la monotonía, mientras que Dios sí” Pues el niño es capaz de encontrar variedad en la repetición. Además, el niño no tiene intención de contradecir el sentido común. Al fin, el autor y el lector hacen de la obra popular (cuento, glosa, apólogo, jácaras…) un alquimia armoniosa de Fantasía, moraleja y espíritu lúdico.

Tras hacer un repaso de las más relevantes plumas de la literatura universal, Luis Daniel repara en conceptos propios de la narratología  como el concepto de actante,  aplicado a instrumentos y objetos (una espada, una piedra, un árbol…) que cobran un cierto relieve en la lucha entre el protagonista  y el antagonista; recoge las alabanzas  a W. Scott por su arte retórica y de la erudición, que no el altisonante griterío más o menos patético; anota el aprecio que los autores de esta literatura, tienen por sus personajes, y la tendencia a formar arquetipos; el sentido poético de la narración de la vida diaria o de las gestas épicas; la aventura y su espíritu… (perdón, me viene a la cabeza el ansia de aventura en tierra de infieles de Santa Teresa y su hermano).

 ¿Quién lee este tipo de literatura? En el ensayo de Luis Daniel se habla de dos tipos de lectores: 1) los que tienen en cuenta más que el contenido de la obra, o el significante; y 2) el lector perfecto (Chesterton) que analiza no sólo el argumento, asunto, tema..,  sino también la estructuración de las partes, el tratamiento del léxico y su adecuación, la sintaxis empleada y su variedad…El lector, pues, que accede a esta literatura que aúna la realidad y la ficción, y es capaz –como dijera Cernuda-  de vivir la realidad y el deseo.

Aunque Chesterton se confesaba periodista, era literariamente polifacético; excelente novelista, sutil y riguroso ensayista, cuentista encantador, poeta. En todo demuestra una sensibilidad exquisita, capacitada para llegar al “hondón”  de las cuestiones a las que se enfrentaba. Su agudeza paradójica, presente en la gran mayoría de sus textos, sean del género literario del que sean, se mezcla con su muy inteligente humor, que no hiere, pero levanta la sonrisa. Sus comentarios se refieren, en nuestro caso, a aspectos singulares de la teoría de la literatura: la intuición unida al razonado conocimiento de la literatura; las comparaciones y las metáforas clasificadoras; la repetición y la fantasía en su aparente monotonía.

Con estas bases y estos rasgos, pasan por su crítica (de Chesterton): Cervantes, Dickens, Stevenson, W, Scott, Blake, las hermanas Bronte, Dumas, MarK Twain y otros muchos. Como no podía ser  de otra manera, Chesterton se alinea a la crítica sobre “el inolvidable Ulises de J. Joyce”, coincidiendo con otros escritores– como Gertrude Stein o J.L. Borges, que mostraron su poco aprecio por Joyce. Así recoge Nicolás Gómez Dávila este sentir “antijoyciano” : “Un gran escritor no es el que carece de defectos, sino el que logra que sus defectos no importen” (Véase Miguel de Cervantes). Pues eso.

                                                                                                                            Pickwick

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