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Ortodoxia, un libro lleno de chestertonadas

La filosofía de Chesterton

Aunque la reflexión sobre la paradoja aporta lo suyo, aún no hemos terminado de definir las chestertonadas -ver la primera entrada sobre el tema y sus comentarios– por lo que lo mejor es seguir exponiendo ejemplos, para ver si lo conseguimos. Si hay un ensayo clásico de GK, es Ortodoxia, que los que no lo conocen tienden a asociar a un repaso del cristianismo. En realidad, es el libro en el que GK explica su visión de la vida, un contar a todos su crisis personal y la forma de salir de ella, que hizo de él un personaje tan genial.

“Mi primera y última filosofía, aquella en que creo con fe inquebrantable, la aprendí en la edad de la crianza. Puedo decir que la recibí de la nodriza; es decir, de la sacerdotisa, solemne y orientadora, que representa la tradición y la democracia a un tiempo mismo. Aquello en que más creía yo entonces, y en que sigo creyendo más, son los cuentos de hadas. Y en verdad, no son tan fantásticos como se dice. ¡Cuántas cosas, comparadas a ellos, resultan más fantásticas todavía! A su lado, el racionalismo y la religión parecen igualmente anormales, aunque anormalmente justa la religión, y anormalmente falso el racionalismo. [Los cuentos de hadas] me parecen lo más razonable que hay en el mundo (Ortodoxia, Cap.4).

No es de extrañar que, con expresiones como ésta, GK desconcierte y atraiga a tantos por igual. Ahora no podemos glosarlo, tan sólo dar un par de pistas: asombro, agradecimiento, existencia de reglas. Como él mismo dice, hace falta un libro para llegar a explicarlo: Ortodoxia, que si Dios quiere, pronto comentaremos en este blog, dedicándole una página entera. Pero aquí, Acantilado nos ofrece un aperitivo.

Chesterton y los colores

Hay un relato de G.K. que se llama Los países de colores, publicado póstumamente, y bellamente editado en España por Valdemar (donde además se puede ver en pdf un relato ilustrado), y que contiene, además de varios relatos y muchas poesías, una multitud de dibujos del propio GK. Para sus amigos, este libro es una joyita, pues nos permite introducirnos en el mundo desconocido de aquella faceta, la pintura, que inicialmente le atrajo y de la que nunca podría desembarazarse del todo: basta pensar en los inicios de El hombre que fue jueves, donde el color rojo lo impregna todo, desde el atardecer hasta el nombre del barrio donde se desarrolla la escena, Saffron Park.

Los colores simbolizan para G.K. la realidad, los utiliza para expresar la capacidad creativa de los seres humanos, tal como dice en Ortodoxia (“Dios no nos ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta”, cap.7). Y somos los seres humanos los que los utilizamos para construir nuestro mundo, colectiva e individualmente.

A G.K. le gustaban los colores y por eso hemos querido que el fondo de la foto de portada de este blog dedicado a él esté lleno de colores, sobre todo de colores cálidos, que parecían ser sus preferidos. Aunque él había descubierto muchas cosas sobre ellos: “En cuanto al rojo, ya había descubierto su secreto. Si quieres aprovecharlo al máximo has de utilizar muy poco” (Los países de colores).