Más sobre la economía y el mundo de hoy

Continúa el argumento de GK sobre la aproximación del capitalismo al socialismo, que compongo seleccionando unos textos del párrafo 02-06 de Outline of Sanity. El punto de partida –decíamos el otro día- era la apelación a salvar las empresas porque son servidoras de lo público:

“Si los obreros deben seguir trabajando porque son servidores de lo público, sólo puede deducirse que deberían ser servidores de la autoridad pública.
Si el Gobierno debe obrar en beneficio de lo público, y no hay más que decir, entonces es evidente que el Gobierno debería encargarse de todo el asunto, y no hay más que hacer […]
[Si] hay que considerar solamente lo público, el Gobierno puede hacer lo que le plazca siempre que considere lo público.
Presumiblemente puede hacer caso omiso de la libertad de los empleados y forzarlos a trabajar, tal vez encadenados. También es presumible que puede hacer caso omiso del derecho de propiedad de los empleadores y pagar al proletariado, si fuera necesario, con lo que saca de los bolsillos de aquéllos.
Todas estas consecuencias se siguen de la doctrina altamente bolchevique que cada mañana pregona la prensa capitalista”.

Para GK, capitalismo y socialismo son pues la misma cosa, y ambos nos gobiernan, por fortuna sin llegar a los extremos que llega a plantear. Desde luego, esta visión de la realidad política y económica ya la había manifestado en Lo que está mal en el mundo, hablando de Hudge y Gudge, el Gran Gobierno y el Gran Negocio. Como señala Luis Daniel González, son “dos grandes aliados aunque las apariencias digan otra cosa. Eso se nota, sobre todo, en que mientras vemos al segundo crear un modo de vida muchas veces incompatible con una vida familiar ordenada, el primero afirma que la familia como institución es algo que se debe superar” –y para eso basta ver las leyes vigentes sobre la familia…

Para otro día, la propuesta distributista de Chesterton y sus amigos.

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2 Respuestas a “Más sobre la economía y el mundo de hoy

  1. Ciertamente capitalismo y comunismo son una misma cosa; mejor, hijos de la misma madre, el liberalismo. Por ello, tanto uno como el otro otro, cuando les conviene, apelan al Estado: bien para restablecer la paz social en momentos de conflicto social, o bien para inmiscuirse hasta en el alma misma del pueblo. Y todo ello a pesar de aquel apriorismo liberal del laisser faire, laisser passer, que nunca cumplió ningún gobierno liberal.

  2. Verdaderamente, debería haber incluido esta entrada en la categoría de paradojas, pues lo es y en grado sumo. GK no sólo hace juegos con las palabras sino que nos muestra la complejidad de la vida real.
    Se me ha olvidado añadir que lo que hace el capitalismo se llama legitimación, que es un concepto -una realidad- nuclear de la vida social: como apelar a la propiedad privada no suscita legitimación social, se apela al bien público. Algo parecido sucede -por ejemplo- con las preferentes de Bankia (salvando los casos de verdadero fraude): como inversores apostaron mal, pero recurren a que fueron engañados para que se les devuelva su dinero (que de hecho se hace con dinero público). Siempre hay una motivación para cada acción, pero algunas son más legítimas que otras: en la sociedad mediática -como muy bien captó GK- hay que ganarse el favor del público.

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