Archivo mensual: noviembre 2013

«Chesterton de pie»: una nueva obra sobre GKC

Hay que celebrar la llegada de esta excelente compilación de artículos sobre la vida y la obra de GK Chesterton. Con su origen en un congreso organizado por la Universidad San Pablo CEU de Madrid que, en febrero de 2012,  reunió a algunos de los principales especialistas en GK del mundo, el libro que ahora ve la luz contiene 29 trabajos sobre la figura del genial escritor. Se han publicado reseñas en diversos lugares, e incluso una entrevista a uno de los editores.

Como es lógico, los tema tratados son muy numerosos, pero como quizá es menos lógico, en todos se destila no sólo conocimiento y profundidad sobre GK, sino sobre todo cariño por el personaje. Muchos de ellos son obra de jóvenes estudiantes que quizá publican por primera vez y ven su nombre impreso en las páginas de un libro. Jamás olvidarán este peculiar encuentro con Chesterton.

Las grandes figuras son Joseph Pearce, que traza una breve e intensa semblanza; Aidan Mackey, que relata gran número de recuerdos personales, y a quien se debe la conservación de muchas obras y objetos de Chesterton; y Dale Ahlquist, presidente de la American Chesterton Society y gran divulgador del escritor en todo el mundo, cuya intervención ha tenido gran eco en los medios de comunicación. Como no es posible mencionarlos todos, señalaré sólo los trabajos de Salvador Antuñano, profundizando en la figura de GK como filósofo –del que hablaremos en su momento- y el de Pablo Gutiérrez y Ondina Vélez, que se enfrenta con valentía al concepto de la mujer en GK, uno de los pocos temas que podríamos denominar controvertidos entre los escritos de Chesterton, y que también merece su análisis detallado.

Algunos trabajos son históricos, otros tienen como tema central la cuestión del cristianismo, otros son más literarios. Pero muchos –especialmente los de los más jóvenes- poseen el encanto del encuentro personal con el escritor. Esos escritos tienen continuidad directa con el texto de Aidan Mackey: son un testimonio personal y quizá valen más que las ideas que se expresan en ellos. Me tomo la libertad de reproducir el sumario.

La publicación de este libro tiene aún más merito por ser resultado de la actividad del Club Chesterton de Madrid, pues la continuidad es lo más difícil. Por eso, hacemos llegar a los editores y a todos sus miembros nuestra más cálida enhorabuena por su iniciativa: club, congreso, publicación. Con todo respeto, sin embargo, tengo que discrepar del nombre que se ha dado a la compilación, Chesterton de pie… como si alguna vez hubiera estado de otra forma, como si por fin se hubiera levantado o vuelto de algún extraño lugar. Una de los fenómenos más sorprendentes de GK es esa especie de don profético que a todos nos asombra. Hasta que el mundo recupere la sanity, tendremos que echar mano de él, porque lo necesitaremos: como señala Alicia Canseco en su artículo, GK es un genio polivalente: su obra es inmensa y trata de todo lo que puede interesar a cualquiera: la vida cotidiana del hombre corriente, con sus maravillas y sus dificultades, y nos contagia su alegría porque es un hombre eternamente feliz.

Chesterton: ¿Dónde estamos? ¿Cómo nos vemos?

Comento hoy unas palabras de GK al comienzo del primer capítulo de El hombre eterno, que estamos glosando en su correspondiente página. Todo ese capítulo es un breve tratado de sociología del conocimiento, que es la rama de las ciencias sociales que se dedica a analizar cómo se crea, se difunde y se perpetúa el conocimiento en la sociedad.

El problema que inicia el libro es la visión que tenemos del hombre primitivo, generada por la literatura y la ciencia, como de alguien verdaderamente primitivo y bruto, como corresponde a la visión ‘evolucionista’ y ‘progresista’, según la cual los estadios posteriores son superiores a los anteriores. Esto ha generado una forma de ver el mundo, unida a la visión cientifista, que resulta deformada, y no sólo de suyo, sino sobre todo por las consecuencias para nosotros mismos, como podemos comprobar en esta vida moderna…

Descartes, su búsqueda de certeza, nos insistió en que debíamos dudar de todo, hasta de nuestros sentidos. El resultado paradójico es la confianza en la ciencia, que hace que nos miremos de una manera que, si se piensa bien, resulta extraña: insertos en un pequeño planeta que gira alrededor del sol, en una inmensidad interestelar… perdidos en el espacio, pero también en nuestra propio mundo. Por eso Chesterton quiere romper con ese esquema. He aquí sus sorprendentes palabras (El hombre eterno, 02-01):

Me gustaría insistir más bien en que ni siquiera sabemos si se trata de un planeta, en el mismo sentido en que sí sabemos que se trata de un lugar, y un lugar verdaderamente extraordinario.

Si a alguien se le ha pasado por la cabeza pensar que GK denosta la ciencia, tiene que fijarse en las palabras ‘en el mismo sentido’: Chesterton quiere que recuperemos el sentido común, y no que pensemos a través de las representaciones difundidas por la ciencia y los medios, más o menos artificiales: el hecho primario no es el planeta tierra, sino que estamos aquí y estamos vivos, y eso es tan extraordinario como el conjunto de nuestro entorno inmediato. No son las palabras, sino la realidad a nuestro alrededor lo que hay que pensar y a lo que debemos ajustar nuestro pensamiento. Pero claro, todo esto son ideas y palabras que están en nuestras cabezas… Habrá que seguir el razonamiento de Chesterton, a ver dónde nos quiere conducir.

Por cierto, analizar todo eso es la tarea de la sociología del conocimiento.