‘Hay emoción, hay brandy, pero no alimento’: la genial comparación de GK entre bebidas e ideologías

El siguiente fragmento pertenece al magnífico estudio que GK dedicó a William Blake, pintor y poeta inglés (1757-1827). Aunque pasó sin pena ni gloria en su tiempo, Blake es hoy considerado un extraordinario artista total.  La compleja personalidad del poeta y su obra –¿loco? ¿místico? ¿inspirado?– hace surgir en Chesterton la hipótesis del espiritismo, lo que genera los siguientes párrafos, que -como sucede habitualmente en GK- trascienden la situación concreta:

Ser un místico no supone perjuicio alguno para la salud; pero sí puede haber algún peligro para ella en ser un espiritista. Resultaría un paupérrimo juego de palabras decir que la afición a los espíritus es mala para la salud; pero no obstante, por extraño que parezca, es aunque un pobre juego de palabras un perfectamente correcto paralelo filosófico. La diferencia entre tener una verdadera religión y tener simple curiosidad por las maravillas de la física es una diferencia verdaderamente similar a la que hay entre beber cerveza y beber brandy, entre beber vino y beber ginebra. La cerveza es tanto un alimento como un estimulante; y así la religión positiva es un consuelo tanto como una aventura.
Cualquier hombre que bebe un vino concreto lo hace porque es su vino predilecto, sea por el placer de paladearlo, o por ser de la cosecha de su propia viña. Cualquier hombre que simplemente bebe alcohol lo hace porque es un alcohólico. Así también cualquier hombre que invoca a sus dioses ya por su bondad o ya porque simplemente son buenos de algún modo para él; por ser los ídolos que protegen a su tribu o los santos que bendijeron su nacimiento. Pero los espiritistas invocan a los espíritus simplemente porque son espíritus; requieren a los fantasmas simplemente por su condición fantasmal.
A veces me dejo llevar por la idea para mí muy querida de que los credos de los hombres podrían tener su paralelo y ser representados por sus bebidas. El vino podría representar al genuino catolicismo y la cerveza rubia al genuino protestantismo; pues estas son al menos auténticas religiones, que consuelan y reconfortan. El claro y frío agnosticismo sería agua clara y fría, cosa excelente, para quien pueda conseguirla.
Muchos de los modernos movimientos éticos e idealistas bien podrían ser representados por la soda, por su mucho ruido y pocas nueces. La filosofía de Mr. Bernard Shaw sería idéntica al café solo, que despierta pero no llega a inspirar de veras. Y el moderno materialismo higiénico sería muy parecido al chocolate, pues no me es posible expresar mi desprecio en términos más concentrados y fuertes.
A veces, aunque muy raramente, es posible encontrarse con algo que en verdad podría compararse con la leche, una antigua y bárbara dulzura, una misericordia terrenal aunque constante –la leche de la generosidad humana. Podréis encontrarla en unos pocos de los poetas paganos y en unas cuantas fábulas antiguas; pero en todas partes se encuentra en proceso de extinción.
Ahora bien, si adoptamos esta misma analogía en pro de nuestro argumento, regresaremos sin duda al pésimo juego de palabras; concluiremos que la afición al espiritismo es muy similar a la afición a los alcoholes de alta gradación. El hombre que bebe ginebra o alcohol desnaturalizado lo hace únicamente porque eso lo sitúa por encima de la normalidad; así el hombre que utiliza tablas o güijas para invocar a seres sobrenaturales los invoca simplemente por su condición sobrenatural. Desconoce si son buenos o sabios o si pueden servirle de alguna ayuda. Sólo sabe que desea a la deidad, pero ni siquiera sabe si le gusta. Intenta invocar a un dios sin adorarlo. Le interesa todo aquello que pueda averiguar al tocar la existencia sobrenatural; pero en realidad no le invade la alegría de sentirse junto al rostro de un amigo divino más de lo que verdaderamente podría alegrar a cualquiera el sabor del alcohol desnaturalizado. En tales investigaciones físicas, para decirlo en pocas palabras, hay emoción, pero no satisfacción emotiva; hay brandy, pero no alimento.

El fragmento procede de la edición de William Blake realizada por Espuela de Plata, pp.133-135. La traducción es de Victoria León.

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2 Respuestas a “‘Hay emoción, hay brandy, pero no alimento’: la genial comparación de GK entre bebidas e ideologías

  1. Me parece que la idea de las bebidas alcohólicas es muy sugerente: veo a mi alrededor gente -sobre todo gente joven- que quiere experiencias y emociones, más que alimento sano, aunque fuera sólo la leche pagana, según Chesterton. ¿Es esto la falta de SANITY? ¿Por qué escribís siempre sanity en inglés? ¿No es eso lo que se le solía llamar el sentido común de Chesterton?

  2. Uf, gracias por la sugerencia. Llevamos un tiempo pensando en cambiar el título de Outline of sanity a la traducción Esbozo de sensatez. Pero no habíamos pensado en que sanity quizá resulta extraño. Habrá que dedicarle un rato a esta cuestión, estudiarla a fondo. Sanity en inglés da una sensación de salud de la que carecen tanto sentido común como sensatez. Pero desde luego, es el núcleo del pensamiento de Chesterton.
    Gracias de nuevo.

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