Chesterton y su regalo de Navidad

La más enérgica de todas [las emociones] consiste en que la vida es tan preciosa como enigmática; en que es un éxtasis por lo mismo que es una aventura; y en que es una aventura porque toda ella es una oportunidad fugitiva. […] La prueba de la dicha es la gratitud, y yo me sentía agradecido sin saber a quién agradecer. Los niños sienten gratitud cuando san Nicolás colma sus pequeños calcetines de juguetes y bombones. ¿Y no había yo de agradecer al santo cuando pusiera, en vez de dulces, un par de maravillosas piernas dentro de mis calcetines? Agradecemos los cigarros y pantuflas que nos regalan el día de nuestro cumpleaños. ¿Y a nadie había yo de agradecer ese gran regalo de cumpleaños que es ya de por sí mi nacimiento? (Ortodoxia, Cap.4).

Siempre me han llamado poderosamente la atención estas palabras de GK sobre sus piernas dentro de los calcetines, y cómo a él le conducen al enigma esencial de la existencia. El problema del mundo de hoy, que no las ve, de lo acostumbrados que estamos a tener piernas. Es el problema del ambiente utilitarista que nos rodea: al advertir las piernas, sólo pensamos en sacarles el máximo aprovechamiento, sin pensar en cómo han llegado a estar ahí, con toda naturalidad, en sus propios calcetines.

Chesterton no es sólo un gran filósofo porque se asombre de la presencia de las piernas: a muchos nos gusta GK porque sentimos las mismas emociones. Es grande porque argumenta correctamente sobre todo lo demás.

Por hoy sería suficiente, sino fuera porque deseo anunciar que hemos añadido un nuevo trabajo en Algunos estudios en español. Mariano Fazio, lo explica así (2004, p.1): “La obra de Chesterton es muy vasta, y ampliamente estudiada. En este artículo nos detendremos en un elemento central de su pensamiento, que hemos denominado la ‘filosofía del asombro agradecido’. Como se irá explicando en las sucesivas páginas, la cosmovisión chestertoniana gira en torno a la gratuidad de la Creación, gratuidad que ha de producir asombro y agradecimiento a todos quienes gozamos de la existencia. Este mundo proviene de la nada: podría no existir y es maravilloso el mismo hecho de que exista. A esta conclusión llegó Chesterton solo, y luego descubrió que era una de las verdades fundamentales del dogma cristiano. Más adelante, el asombro y el agradecimiento se incrementarán cuando descubra el dogma de la Encarnación”.

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