El alegre estilo de Chesterton, según Alberto Manguel

Alberto Manguel. Web personal.

Alberto Manguel. Web personal.

“Al leer a Chesterton nos embarga una peculiar sensación de felicidad. Su prosa es todo lo contrario de la académica: es alegre. Las palabras chocan y se arrancan chispas entre sí, como si un juguete mecánico hubiese cobrado vida de pronto, chasqueando y vibrando con sentido común, esa maravilla de maravillas. Para él, el lenguaje era como un juego de construcciones con el que montar teatros y armas de juguete y, como ha señalado Christopher Morley, “sus juegos de palabras a menudo conducían a un auténtico juego de pensamientos”. Hay algo rico y detallado, colorido y ruidoso en su escritura. La supuesta sobriedad británica no encajaba con él, ni en el vestir —su capa amplia y flotante, su sombrero raído con forma de molde de budín y sus gnómicos quevedos le daban aspecto de personaje de pantomima—, ni en sus palabras —se ocupaba de retorcer y darle vueltas a las frases hasta que se extendían como una viña en flor, bifurcándose en varias direcciones con tropical entusiasmo, y florecían en varias ideas al mismo tiempo—. Escribía y leía con la pasión que pone un glotón en comer y beber, aunque probablemente con mayor deleite, y no parece haber conocido jamás los sufrimientos del escribidor inclinado sobre la página en blanco de Mallarmé, ni la angustia del erudito rodeado de tornos polvorientos” (p.11).

Con estas palabras comienza el Prólogo con el que Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) abre la que es probablemente la mejor selección de artículos de Chesterton en español: Correr tras el propio sombrero y otros ensayos (Acantilado, 2005; traducción de Miguel Temprano). Datado en París el 21.04.1996, este texto constituye otra excelente presentación de nuestro autor, un breve e intenso ensayo en el que Manguel nos cuenta brevemente la vida de GK, sus opiniones, su forma de ser y de vivir, desde su hacer cotidiano a sus relaciones con sus grandes amigos, vivos o muertos, sobre los que escribió centenares de páginas. Como había que seleccionar, he optado por dos párrafos que expresan extraordinariamente bien el estilo de Chesterton:

“En la antigua disputa entre forma y contenido, o entre sentido y sonido, Chesterton se mantuvo a medio camino. Tan sólo siguió en parte a Lewis Carroll, que había advertido: “ocúpate del sentido y los sonidos se ocuparán de sí mismos”. Chesterton creía que, si se escogía bien, el sentido podía aprovechar los efectos del sonido y elevarse ilimitado desde el entrechocar de los címbalos retóricos del oxímoron y la paradoja, de la hipérbole y la metonimia. Chesterton tendía a estar más de acuerdo con Pope, quien en cierta ocasión comparó a los seguidores del mero sonido con esa gente que acude a la iglesia “no por la doctrina, sino por la música” (An Essay on Criticism, 1771). Chesterton amaba la música de las palabras, pero era consciente de su limitada capacidad para significar algo; fuese cual fuese la doctrina que anunciasen debía ser incompleta por necesidad, simples relámpagos fortuitos más que destellos de verdad. En su estudio sobre el pintor Watts escribió: Es evidente que toda religión y toda filosofía necesitan basarse en la presunción de la autoridad o exactitud de algo. Pero podemos preguntarnos si no es más sensato y satisfactorio fundar nuestra fe en la infalibilidad del Papa, o en la infalibilidad del Libro del Mormón, que en este sorprendente dogma moderno de la infalibilidad del lenguaje humano. Cada vez que alguien le dice a otro: “Dinos sencillamente lo que piensas”, está dando por sentada la infalibilidad del lenguaje; es decir, está dando por sentado que hay un esquema perfecto de expresión verbal para todos los estados de ánimo e intenciones de las personas. Cada vez que alguien le dice a otro: “Prueba eso que dices; defiende tu fe”, está dando por sentado que el hombre tiene una palabra para cada realidad de la tierra, o del cielo, o del infierno. Sabe que el alma tiene matices más desconcertantes e indescriptibles que los colores de un bosque en otoño; sabe que en el mundo hay crímenes que nunca han sido condenados y virtudes que nunca han sido bautizadas. Pero aun así cree seriamente que todas y cada una de esas cosas, en todos sus tonos y semitonos, en todas sus mezclas y uniones, pueden representarse exactamente con un arbitrario sistema de gritos y gruñidos. Cree que un simple y civilizado corredor de bolsa puede extraer de su interior sonidos que denoten todos los misterios de la memoria y todas las agonías del deseo. Paradójicamente, con palabras como éstas, escritas contra el poder de las palabras, Chesterton aumenta la confianza del lector en ese mismo poder que cuestiona” (pp.16-17).

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4 Respuestas a “El alegre estilo de Chesterton, según Alberto Manguel

  1. Maravilloso libro y esplendido prólogo, en el que da noticia de la releción íntima entre los conceptos y las imágenes acústicas que los exteriorizan. Algo que como se señala en la entrada surge espontáneo en GKC. Enhorabuena, pues.

  2. Muy interesante presentación…

    Disfruté leer los extractos relativos a la disyunción forma contenido y la manera en que Chesterton supo hacer de dicha antítesis una síntesis o conjunción. Gracias por compartir.

    Un gran saludo, Aquileana 😀

    • Gracias por tu visita. Entiendo que hayas disfrutado, porque el fragmento seleccionado es realmente bueno, yo diría lo mejor del prólogo en cuestión.
      Te agradezco el comentario. Saludos, Chestersoc

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