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Chesterton, profeta de nuestro tiempo

La gente corriente suele considerar profeta a la persona que anticipa la realización de un acontecimiento, que en sentido amplio, es más bien la capacidad de tener una determinada visión del futuro, normalmente con carácter condicionado. En el antiguo Testamento, los profetas son hombres de Dios, enviados para instruir al pueblo y mostrarles los errores que está cometiendo. Tienen la misión de enseñar y re-conducir al buen camino.

Siempre he considerado a GK un gran profeta, por su capacidad para proyectar las condiciones intelectuales y sociales de su época hacia delante: tenía el don de llegar a las últimas consecuencias de los hechos y de los argumentos, y los desafiaba con su brillante y divertida dialéctica, advirtiendo en los primeros síntomas lo que hoy vivimos de manera generalizada.

En El hombre corriente, he encontrado, sin embargo, una de las pocas veces que hace una afirmación tajante. Comentando las burlas de un periodista al espiritismo, habla con la solemnidad de un profeta. Eso sí, sin arrogarse especiales poderes, tan sólo invocando el sentido común. Pero 80 años después, estas palabras tienen plena vigencia.

«La experiencia mostrará que no es cierto que [el espiritismo] desaparece en todas partes frente al avance de la educación; por el contrario, algunos de sus más perversos ministros han sido los más altamente educados. La crónica mostrará que no es verdad que indique barbarie más que civilización; hubo más adoración de los malos espíritus en las ciudades de Aníbal y Moctezuma que entre los esquimales o los salvajes de Australia. Y el conocimiento de las ciudades modernas mostrará que se continúa practicando en Londres y París ahora mismo».

Como siempre, el método de GK nos ayuda a repensar nuestras creencias más asentadas: un ‘mundo civilizado’ ha de ser necesariamente mejor que uno que no lo es; la educación sería la solución para todos los problemas; el posible enemigo es el que está fuera, lejos de las fronteras…

El hombre corriente, un nuevo libro de Chesterton en español

Acabo de encontrar en las estanterías de la librería Dauro un nuevo libro de GK traducido al español: El hombre corriente, publicado por la Editorial Renacimiento, en la colección Espuela de Plata, que tiene un estilo propio de impresión, con un cierto aire antiguo muy atractivo. De hecho, la portada es la misma que la edición original, en la que el hombre corriente es interpelado por un grupo de vetustos personajes (que recuerdan al banquero de Mary Poppins) y que parece un catálogo de narices:

Es el último libro al que GK dio el visto bueno antes de morir, en 1936, y es casi un testamento vital de su propia visión del mundo, en defensa de la alegría de la vida cotidiana. Es, como la mayoría de sus obras, un conjunto de ensayos y artículos. Como siempre, echo de menos el momento y lugar de publicación inicial, porque ayuda a la interpretación de cada texto. Pero en cualquier caso, está lleno de esas felicidades que Borges encontraba en GK. Como muestra, sirva un botón:

«Es en nuestros propios hogares y en nuestro propio círculo, […], en las viejas enfermeras, en los caballeros con hobbies, en las solteronas charlatanas y en los enormes e incomparables mayordomos, donde podemos sentir la presencia de la sangre de dioses».

GK siempre debate con los intelectuales que defienden al hombre corriente del… hombre corriente, particularmente cuando son los hombres y mujeres comunes quienes sufrimos la crisis económica generada en buena parte por los especuladores financieros. En cualquier caso, ¿con qué palabras se podría hacer una exaltación más gloriosa del hombre corriente?

Addenda: Este libro contiene algunos de los mejores ensayos en mi opinión de GK, en los que proporciona claves interesantísimas para entender su pensamiento. En ese sentido, discrepo de los artículos que destaca Luis Daniel González en su reseña, que tienen carácter mas convencional. ‘El restablecimiento de la filosofía ¿Por qué?’, ‘El perfil de la libertad’ ‘Consultando la enciclopedia’ y ‘Si tuviera que predicar un único sermón’, son un auténtico testamento vital de GK, con relación a los temas y perspectivas que sintetizan su vida y su obra, explicados por él mismo, en relativamente pocas palabras. Esperamos poder analizarlos pronto en el Chestertonblog.

Chesterton, la modernidad y el marco

Acabo de leer unas palabras del Papa Francisco sobre la modernidad muy interesantes en la carta que dirige a Scalfari -el fundador del diario italiano de izquierdas La Repúbblica-, en contestación a una carta abierta del propio Scalfari a Francisco. Son éstas:

«A lo largo de los siglos de la modernidad, se produjo una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido expresados precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. Así entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana, por una parte, y la cultura moderna de carácter iluminista (en español del España diríamos ilustrado, nota de chestersoc), por la otra, se ha llegado a la incomunicación. Ahora ha llegado el momento, y el Vaticano II ha inaugurado justamente la estación, de un diálogo abierto y sin prejuicios que vuelva a abrir las puertas para un serio y fructífero encuentro».

A Chesterton le gustaban las ventanas porque decían que era un marco a través del cual se veía mejor la realidad. No tengo intención de corregir a Francisco, Dios me libre. Sólo quiero aclarar que el diálogo entre el cristianismo y la modernidad siempre ha existido y que ése es precisamente el marco  -la ventana- desde la que se puede ver mejor a GK, pues todos sus escritos están impregnados de esa intención de de dialogar, de poner evidencias y argumentos sobre la mesa. La idea de este blog es que GK puede ayudar mucho a ese diálogo y comprensión mutua, y hay que amplificarlo.

La definición de lo que fue GK -¿escritor, periodista?- que más me gusta es polemista, porque le encantaba el diálogo, destacando los aspectos controvertidos. Toda su obra puede calificarse como una gran polémica con la modernidad, este mundo moderno que tiene tantas cosas que mejorar.

El hombre eterno, de Chesterton

La entrada de hoy está dedicada a El hombre eterno, uno de los libros más importantes de GK. En concreto estoy analizando el capítulo ‘La huida del paganismo’, en el que argumenta por qué el mundo occidental dejó de ser pagano.

Es comprensible que la gente quiera citar a Chesterton, porque sus frases son magníficas: todas las características del paganismo eran ‘demasiado viejas para morir’, aunque condujeran a la nada. Y de hecho, vuelven a resurgir. Pero lo hacen de otra manera. El paganismo de hoy -imbuido de cientifismo y materialismo- tiene muchas características del cristianismo. Pero hay una que GK se detiene a considerar: el afán militante. Ninguna filosofía ni religión del mundo antiguo u oriental han considerado la necesidad de unir las creencias filosóficas con las mitológicas, como tampoco se trataba de unir las creencias con la vida. Sin embargo, la Iglesia lo hizo, porque estaba convencida de tener la verdad y se convirtió en una Iglesia militante. Y el Islam, que imita a la Iglesia en algunas cuestiones, tomó esta parte y la exageró al máximo. Lo mismo hacen hoy los laicistas cuando quieren retirar la práctica religiosa al ámbito exclusivamente privado.