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Chesterton, ‘cazador de mitos’, aplicado a la Edad Media

Norbert Elias en Leicester en 1976

Norbert Elias en Leicester en 1976

Nos proponen en un comentario que expliquemos qué es eso de ‘cazador de mitos’. La frase es original del importantísimo sociólogo Norbert Elias (1897-1990), o al menos, fue difundida por él, en un capítulo titulado ‘La sociología como cazadora de mitos’ (contenido en Sociología fundamental, Gedisa, 1982), en el que explica el objeto de la sociología, desde una perspectiva de la sociología del conocimiento. Es evidente que el conocimiento socialmente difundido es una simplificación de todo lo que la sociedad conoce. Pero no es menos cierto que determinados estereotipos justifican posturas ideológicas o intereses políticos y económicos. Nuestra época de progreso ha heredado de la Era de las luces la visión más negativa de la Edad Media, que supondría la oscuridad entre dos épocas de esplendor.

Chesterton difícilmente sufría la ignorancia pero no aguantaba las mistificaciones, por lo que en muchas de sus páginas insistió en cómo nuestra cultura se gesta propiamente en la Edad Media, que tuvo muchas más cosas positivas que la filosofía de Santo Tomás o la poesía de Dante –por señalar dos cumbres difíciles de igualar. Ya en algún lugar del blog (Primer capítulo de Esbozo de Sensatez) hemos mencionado cómo GK insistía –a pesar de los estereotipos- en que nunca que existió tanta propiedad privada en manos de pequeños campesinos como en esa época y que fueron los déspotas modernos quienes los despojaron de sus tierras.

El ensayo de ayer –Los pecados de los príncipes rusos– está escrito en 1906, 11 años antes de la revolución soviética (aunque las cosas ya andaban bastante revueltas por allí), y no sabemos con exactitud que aristocrático suceso pudo mover a GK a escribirlo. Pero Rusia es más bien una excusa para volver a insistir en la naturaleza de nuestras propias raíces:

Hay una de esas frases pseudohistóricas relacionadas con Rusia que es especialmente irritante para el intelecto. Llámese a Rusia lo que se la llame, no hay que llamarla medieval. La peculiaridad sobresaliente de Rusia es que es el único país de Europa que nunca y en ningún aspecto pasó por la Edad Media. No posee ninguna de las cosas distintivas que produjo la Edad Media. Poco o nada de la gran arquitectura gótica, las catedrales y las iglesias; poco o nada de las universidades típicamente medievales; poco o nada de la caballería; poco o nada de los complejos legalismos deducidos del Derecho Romano. Pero hay un ejemplo de algo medieval, con nombre medieval, que se alza sobre todo lo demás. Si Rusia fuera medieval, habría conservado probablemente, por lo menos en lo externo, esa institución estrictamente medieval que es el Parlamento (Los libros y la locura, p.79). Y continúa: El campesino ruso es premedieval…

Es decir, la situación en Rusia podía ser cualquier cosa menos medieval, porque nunca lo fue. Lo mismo ocurre con el mundo árabe, con África o Asia. Podremos decir que estarán atrasados –lo políticamente correcto es decir ‘en vías de desarrollo’- todo lo que se quiera, quizá que viven en un mundo aún mucho más antiguo, pero cualquier cosa es menos inadecuada que decir que están como en la Edad Media. Si hubieran pasado por esa etapa, hoy serían democracias y estados de derecho –con sus defectos y carencias-, porque no ha existido fuera de Europa nada parecido a la Edad Media, igualmente a pesar de sus defectos. Desde que leí este artículo evito cuidadosamente etiquetar a algo como medieval simplemente porque es o parece antiguo, y mucho menos, por abusivo, e igualmente cuido mucho de relacionarlo con el feudalismo, que hizo posible nuestra sociedad estamental, así como las ciudades. Pero eso es tomar otros caminos que nos llevan más lejos, porque son muchos los autores que también tratan de romper ese mito. Salvador Giner, por citar el nombre de un importante sociólogo español (El destino de la libertad. Madrid, Espasa Calpe, 1987).

Chesterton y la ética hacker: pasión y creatividad

Para mucha gente, un hacker es un pirata informático, lo que en realidad se llama cracker. Los hackers son ciertamente apasionados de la informática que -más allá de dedicar muchas horas a los ordenadores- suelen compartir un conjunto de criterios. Pekka Himanen (Helsinki, 1974), es un filósofo que ha estudiado los principios por los que se rigen, que van mucho más allá del software y el acceso libres, y los ha recogido en La ética del hacker y el espíritu de la era de la información (2001), al que se puede acceder directamente –faltaría más- pulsando en el enlace o en la foto. La lectura de este libro me ha hecho pensar lo que Chesterton hubiera disfrutado con él, y dedicaré varias entradas a comentarla.

Himanen portada de La etica del hacker 2

Himanen parafrasea un título del sociólogo Max Weber (1864-1920), La ética protestante y el espíritu del capitalismo, para realizar un estudio –riguroso, aunque accesible- sobre la forma de ver el trabajo antes y después de la Reforma protestante –que no podemos desarrollar aquí-, y que vino a cambiar los planteamientos vitales, no sólo con respecto al  propio trabajo, sino que trajo toda una serie de consecuencias, al hacer de él un fin en sí mismo, o bien dirigirlo –en el mundo capitalista- al dinero. El tiempo es oro, acabaría por decir Benjamín Franklin, empujándonos a una sociedad compartimentalizada y estrictamente organizada en torno a la realización de tareas y consecución de bienes de consumo: el beneficio propio –expresado en los negocios o el bienestar- es el centro de una sociedad individualista.

La ética hacker, por el contrario, se apoya sobre otra serie de principios: la pasión por realizar lo que nos atrae, la libertad para llevarlo a cabo, el intercambio de conocimientos, la preocupación responsable –los demás como fin en sí mismo, a diferencia de nuestra sociedad mercantilizada-, especialmente por los que están en el límite de la supervivencia.

Como dice Himanen, “el hacker que vive según esta ética a estos tres niveles -trabajo, dinero, nética– consigue el más alto respeto por parte de la comunidad. Y se convierte en un héroe genuino cuando consigue honrar el séptimo y último valor. Este valor ha venido recorriendo todo el libro y, ahora, en el capítulo séptimo, puede ser explicitado: se trata de la creatividad, la asombrosa superación individual y la donación al mundo de una aportación genuinamente nueva y valiosa” (p.101 de la versión pdf).

Hay muchas relaciones entre los ideales proclamados por los hackers y Chestserton, pero no es posible glosarlos ahora: reconocimiento de la Edad Media, disfrute de la vida –frente a los puritanos trabajadores-, los manifiestos en forma de cánticos y otras humoradas que aparecen en el libro, etc. Un día desarrollaré la coincidencia entre la defensa del domingo que realiza Himanen y un de los personajes centrales de la novela El hombre que fue jueves, llamado precisamente Domingo, organizador de todo el tinglado. Hoy sólo destacamos la cita de Himanen relativa a la creatividad. Como dice J.C. de Pablos en “La libertad creadora en la vida y el pensamiento de Chesterton” (p.221):

“Es el acto de crear, es decir, de la creación artística –la obra de arte en general: pintura, poesía, literatura, etc.- lo que lleva a Chesterton a pensar en la trascendencia, en la necesidad de una inteligencia creadora… que esté en el origen de todo, además de proporcionarle personalmente la posibilidad de ser continuador de esa magnífica potencia: es consciente de ser un pequeño dios que puede crear mundos, engarzados en mundo más grande creado por un Dios infinitamente más grande. […] Chesterton se sintió libre para crear, y lo hizo de una manera ingente y variada, pues cultivó multitud de géneros. Sus obras están constituidas por mundos fantásticos e improbables –cualquiera de sus novelas largas, todas ellas imbuidas de un sentido alegórico que supera con creces al sentido realista convencional- y mundos verosímiles –como sus novelas cortas e historias de detectives, de formas realistas que le granjearon el fervor y admiración de sus colegas de género”.

Toda la teoría de la creatividad de Chesterton se resume en estas palabras de Ortodoxia (cap.7): Dios no nos ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta.

Mi cita preferida de Chesterton

El hombre que hace una promesa acuerda una cita consigo mismo en algún lugar o fecha lejanos. El peligro está en que no acuda a la cita. Y en los tiempos modernos este terror a uno mismo, a la debilidad y mutabilidad propias, ha crecido peligrosamente y es el verdadero fundamento de la objeción a cualquier tipo de promesa (Una defensa de las promesas precipitadas, El acusado, 04-03; edición Espuela de plata, p.64).

Ésta es una de mis frases favoritas de Chesterton. Me gusta porque habla de unidad de vida, de fidelidad a las propias convicciones, de integridad y… Chesterton fue siempre fiel a sí mismo, que es ser fiel a la verdad que en un momento comprendió, con su cabeza y su corazón. Dedicó el resto de su vida a promover esa verdad, abriendo los ojos a los demás, también sobre sus propia fragilidad e inconsistencia.

GK continúa el texto desarrollando su teoría: Quien hacía una promesa, por absurda que fuera, estaba dando expresión sana y natural a la grandeza de un gran momento. Prometía por ejemplo, encadenar dos montañas, tal vez como símbolo de una gran fe, un gran amor o una gran aspiración. Y por breve que fuera el momento de su determinación, aquel era, como todo gran momento, un momento de inmortalidad (40-05).

Hay una antropología auténtica y original en Chesterton, una comprensión del ser humano, su naturaleza y sus aspiraciones. Me viene a la cabeza abrir un apartado dedicado estudiarla con detalle, pero, ¿acaso no acuñó ya el concepto de sensatez como núcleo y síntesis de su visión del hombre?

Por otra parte, cualquiera suscribiría la fragilidad y variabilidad humanas, pero hablar del terror a uno mismo pone de manifiesto la visión agudísima que GK poseía: aquí, Chesterton se revela igualmente como profeta, y para mostrarlo recojo los dos últimos párrafos del artículo. Si me hubieran preguntado por la fecha de su redacción, hubiera señalado que es un texto reciente que describe la postmodernidad en que vivimos: ese quiero y no puedo, ese estoy y no estoy, esa búsqueda perenne de una satisfacción imposible, dadas las bases sobre las que se ha construido este mundo.

Como hemos dicho, es exactamente esta puer­ta trasera, esta sensación de contar con una retirada tras nosotros, esto es, para nuestra mente, el espíritu esterilizador del placer moderno. En todas partes ha­llamos el persistente y loco intento de obtener placer sin pagar un precio a cambio. Y así, en política, dicen los jingoístas [nacionalistas e imperialistas] modernos: ‘Disfrutemos los placeres del conquistador sin sufrir las penalidades del soldado: sentémonos en los sofás a ser una raza vigorosa’. Así, en religión y moral, dicen los místicos decadentes: ‘Disfrutemos la fragancia de la sagrada pureza sin sufrir las penalidades del autodominio; cantemos alternativamente un himno a Príapo y otro a la Virgen’. Así, en el amor, dice el amante partidario del amor libre: ‘Disfrutemos el esplendor de la entrega sin el peligro del compromiso; veamos si no es posible suicidarnos un ilimitado número de veces.

Pero, categóricamente, podemos decir que no funcionará. Hay momentos emocionantes, sin duda, para el espectador, para el mero aficionado y el esteta; pero hay una emoción que sólo conoce el soldado que lucha por su bandera, el asceta que ayuna por su iluminación, el enamorado que hace su propia elección definitiva. Y es esta autodisciplina transformadora lo que convierte la promesa en algo verdaderamente sensato. Debe haber satisfecho incluso la inmensa hambre del alma de un enamorado o de un poeta saber que a consecuencia de un instante de decisión la cadena colgará durante siglos de los Alpes entre las estrellas y las nieves silenciosas. Todo cuanto nos rodea ahora es la ciudad de los pecados menores, que abunda en puertas traseras y retiradas fáciles, pero, tarde o temprano, con certeza, la imponente llama surgirá del puerto para anunciar que el reinado de los cobardes ha llegado a su fin, y un hombre está quemando sus naves (04-09 y 10).

Sólo quienes sostienen su promesa conocen el verdadero valor de la vida.

Chesterton: ‘Libre es aquel que ve los errores con la misma claridad con que ve la verdad’

Seguimos leyendo a trozos El fanático‘ (1910), para comprender mejor cómo funciona la cabeza del genial Chesterton, al distinguir -en este caso- entre dogmatismo y fanatismo. GK exige a su oponente la argumentación completa: no en vano ése fue siempre su método, llegar a las últimas consecuencias de los argumentos. Aunque hoy verdad y error se consideran tan relativos…  

La verdadera liberalidad consiste en ser capaz de imaginarse al enemigo. El hombre libre no es aquel que piensa que todas las opiniones son igualmente verdaderas o falsas: eso no es libertad, sino debilidad mental.
El hombre libre es aquel que ve los errores con la misma claridad con que ve la verdad. Mientras más sólidamente convencido esté un hombre, menos usará frases como: “Ninguna persona culta puede sostener realmente…», o «no puedo comprender cómo el señor Jones puede llegar a afirmar…”, seguidas de una opinión muy antigua, moderada y defendible.
Una persona progresista puede opinar lo que le agrade. Yo comprendo perfectamente cómo el señor Jones sostiene esas opiniones maniáticas que sostiene.

Y ésta es la clave:

Si un hombre cree sinceramente que tiene el mapa del laberinto, éste debe mostrar igualmente los buenos y los malos caminos. Debería ser capaz de imaginar el panorama completo de un error, la lógica completa de una falacia. Debe ser capaz de pensarlo, si no es capaz de creerlo.

Chesterton: similitud entre capitalismo y socialismo

En el primer capítulo de Esbozo de sensatez de Chesterton, a partir de profundizar con una técnica simple de reductio hasta la esencia de los dos grandes sistemas económicos y sociales del siglo pasado y parece que también del nuestro, el capitalismo y el socialismo llega a una conclusión perturbadora: SON IGUALES EN INTENCIONES.

Cuando hablamos del socialismo hablamos también del comunismo, pero no utilizaremos este término dado que todos los países del ex bloque comunista se declaraban socialistas, mientras que el comunismo auténtico estaba todavía por crear. Se trataba de un proceso en la cual la madre el socialismo tenía que dejar paso al hijo el comunismo. Gracias a Dios esto no ocurrió, por lo menos en Europa.

Chesterton explica como en el fondo el capitalismo lleva al enriquecimiento de unos cuantos a base de conquistar poco a poca la propriedad de la gente corriente y transformarlos en trabajadores, con un cierto nivel de vida que depende de la voluntad de los amos. Mientras que el socialismo se propone lo mismo pero en el nombre del “estado”, un estado también de unos cuantos. En definitiva los dos sistemas nos lleva a la oligarquía, el gobierno en la mano de unos cuantos.

Para las personas que venimos de los países ex comunistas y vivimos en países “democráticos” la sensación se hace cada vez más fuerte no tanto a nivel económico como social que tiene que ver con el totalitarismo. Una aclaración importante: puede haber totalitarismo en sistemas que no sean necesariamente dictatoriales, como en el capitalismo. El modo de manipular es el mismo. Parece tanto en el socialismo/comunismo como en el capitalismo que la gran batalla es para dominar y controlar al ser humano. Que hay una “doctrina” oficial que tiene que ser creída como si se tratase de un credo religioso. Sólo los medios son distintos: el socialismo utilizó el palo y el capitalismo la ironía. Parece que la segunda opción funciona mejor.

¿Cuál es el objetivo general? Ya que es muy largo describir la sensación de hermandad de los dos grandes sistemas, nos vamos a limitar a lo esencial. Se quiere un hombre sin valores  fuertes que provengan de fuera del sistema. Más exacto, no se quiere una religión fuerte y concreta que haga sombra al credo oficial, sí una religión vaga o típica de las iglesias nacionalistas que son sometidas al gobierno como las protestantes u ortodoxas. No tenemos que olvidar que todos los movimientos anti sociales son de lo mismo pero más radicales, o de derechas o de izquierdas, y no hay más. Preocupante para el ser humano tan polifacético y creador como parece sufrir de idiotez crónico en cuanto a los sistemas políticos y sociales, con una visión realmente en blanco y negro. Por ello, el último enemigo: la iglesia concreta, que tiene todavía poder de influenciar a las personas y con su arte perversa y subversiva meter en la cabeza de la gente una idea horrible: que somo hijos de Dios con una dignidad infinita en todos los momentos de la vida. Y que tenemos que buscar un sistema político no solo de “igualdad” (que sin definir los términos que se comparan no significa nada), sino de fraternidad con todos y sólo con los seres humanos desde su concepción hasta su muerte.

En conclusión, Chesterton tuvo una gran inspiración cuando vio con tanta claridad que los dos sistemas que parecían enfrentados a muerte eran en el fondo hermanos que querían lo mismo: acabar con la familia independiente, su propriedad privada y su sistema de pensar.

Siguiendo el argumento de ‘El hombre eterno’

“Probablemente, el hombre sea un milagro y, ciertamente, en ese caso tiene que ser un milagro para poder ser hombre, y aún más para ser un hombre libre”

Con estas palabras quiero responder al comentario que Wiola hacía anteayer sobre la ausencia de cita textual de GK en esa entrada. Mariano Fazio (Cristianos en la encrucijada) denominó la perspectiva de GK como del ‘asombro agradecido’, y no le falta razón: pensar que la cosa más corriente del mundo, un ser  humano, un vecino, mi mujer (o mi marido), un compañero de trabajo, un cuñado, etc. es un milagro, tiene que resultar increíble en modo inversamente proporcional al que esa persona nos carga.

Y sin embargo, no hay continuidad entre el resto del universo animal y los humanos, sino ruptura. Y por eso cada humano es un milagro. Y por ser humano es libre: cada uno puede decidir el tipo de relaciones que mantiene con los demás y con el mundo. Y las cosas por las que vale la pena luchar. Como difundir las ideas de GK.