Chesterton y la deriva de la razón contemporánea

Tiene razón la entrada El valor de pensar por uno mismo –que comenta el ensayo El error de la imparcialidad-: y ése es el gran problema al que nos enfrentamos: cómo ser capaces de pensar por uno mismo? Desde luego, Chesterton fue capaz de hacerlo, tan libre como para llevar la contraria a todo su ambiente intelectual. Hoy, una y otra vez la gente moderna insiste en que no hay que dejarse llevar por dogmas –pues serían verdades ‘pensadas por otros’-; hay que pensar por uno mismo. Lo que en el mundo de hoy equivale a aceptar que nos machacan los medios de comunicación o la ideología con la que más nos identificamos. Hace unos días circulaba un ‘tuit’ que decía que para la vieja izquierda, la homosexualidad era una evidencia palmaria de la degradación de la burguesía, mientras que para la nueva izquierda es una cuestión de derechos fundamentales. Mi mala cabeza me impide recordar en qué lugar de Chesterton leí que el que no tiene verdades fijas –los terroríficos ‘dogmas’- tiene modas, que por fortuna ‘ayudan a pensar por uno mismo’.

Sin embargo, esta realidad no es sino una más de las situaciones contradictorias a las que nos ha conducido el mundo moderno. Los ilustrados –particularmente, Kant (1724-1804) estaban convencidos de que la Razón –así, con mayúscula- acabaría con muchas de las tradiciones y supersticiones –a veces vinculadas con la religión, es cierto- que se han acumulado en la historia de la humanidad.

Apolo Belvedere -Wikipedia

Apolo Belvedere -Wikipedia

Sin embargo, lo que la modernidad ha hecho es establecer un nuevo mecanismo para la ‘racionalidad’, según la cual cada sistema ha de avanzar sobre el anterior, destruyéndolo: el afán destructor está en todas partes, no sólo en cuestiones de pensamiento. Hablando del sistema de Tolstoi (1828-1910) –que quiso reformar el mundo basándolo en la simplicidad de vida-, Chesterton glosa esta derivación de la modernidad y las actitudes que genera (eso sí, sin poder evitar la ironía): Cada sistema busca ser aún más fundamental que el que lo había precedido; cada uno busca, en sentido literal, minar el anterior. En el arte, por ejemplo, la concepción clásica del hombre como el Apolo de Belvedere fue atacada primero por los realistas, quienes afirmaban que el hombre, como hecho de la historia natural, era una criatura de cabellos incoloros y rostro pecoso. Luego vinieron los impresionistas, quienes fueron aún más lejos y afirmaron que para sus ojos físicos –que eran los únicos seguros- el hombre era una criatura de cabellos color púrpura y rostro gris. Y siguieron los simbolistas, quienes dijeron que para sus almas –que eran lo único seguro- el hombre era una criatura de cabellos verdes y rostro azul.

Todos los grandes autores de nuestro tiempo representan de una forma u otra ese intento de restablecer la comunicación con lo elemental o, como a veces se ha expresado de un modo más falaz e inexacto, de un regreso a la naturaleza (Tipos diversos, Espuela de plata, 2011, p.72).

Ante semejante proceso destructivo, la sensatez de GK nos recuerda –en el mismo texto El error de la imparcialidad– ciertos criterios que olvidamos demasiado frecuentemente en esta sociedad mediáticamente dirigida: Si existe una clase de hombres a los que la historia ha comprobado especial y supinamente capaces de equivocarse en todas direcciones, es la clase de los hombres muy intelectuales. Prefiero siempre guiarme por la masa de la humanidad: por eso soy demócrata.

Me resulta fácil imaginar la dentera de más de un ‘intelectual’ al leer esto.

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7 Respuestas a “Chesterton y la deriva de la razón contemporánea

  1. La Razón y, no digamos, las razones engendran monstruos.

  2. Me parece muy bueno este post, sacando punta a la cuestión de tener o no tener ideas propias. Hace referencia a un problema social importante: cada generación piensa en lo que podríamos denominar ‘por oposición a las anteriores’. Si el centro es la verdad, ésta puede enriquecerse. Si el centro es el propio pensamiento, sólo llegamos a dos sitios:
    -al callejón sin salida que nos ofrece Chesterton en su acertado comentario: cada sistema ‘busca, en sentido literal, minar al anterior’.
    -a los juegos de palabras: hermosos pensamientos que no conducen a ninguna parte, todo son opiniones, no sólo tan respetables y tan respetadas como las demás, sino perfectamente indiferentes a la realidad objetiva sobre la que deberían tratar.
    Adelante.

  3. Esa frase, “Si existe una clase de hombres…”, no me dejaba tranquilo, algo había que no podía descifrar y la conexión que haces resulta esclarecedora. Gracias.

  4. Hay un libro estupendo de Paul Johnson, llamado ‘Intelectuales’ (he descubierto un enlace para conseguirlo en pdf: https://www.google.es/#q=paul+johnson+intelectuales+pdf) en el que se plantea: desde hace 300 años los intelectuales han sustituido a los eclesiásticos en el ‘gobierno’ de las ideas de la sociedad. Va siendo hora de examinarlos: es una mina, te lo recomiendo: la conclusión es lo peligrosísima que es la disociación entre las ideas y la vida: al fin y al cabo, pensar es gratis, pero la influencia de esas ideas puede ser devastadora y ahí está la historia para demostrarlo. El primer ejemplo es fantástico: la mayor influencia existente en la educación es la de Rousseau, a través del ‘Emilio’; pues bien Rousseau tuvo cinco hijos que entregó sistemáticamente a la esclusa, porque no quiso educarlos personalmente. Si alguna vez hubiera visto un niño real en su vida, no hubiera dejado escrito eso tan influyente de que el ser humano es bueno por naturaleza… (Lo que no significa que sea perverso, como su colega Hobbes había escrito poco antes)
    Menos mal que algún intelectual -humilde y sin pretensiones de serlo, como GKC- es capaz de poner algo de orden y concierto, y de manera tan divertida.

  5. Pingback: Chesterton anticipó la ‘dictadura del relativismo’ | Chestertonblog

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