Chesterton y el enigma de ‘Herejes’: el problema del bien y la verdad

Portada de 'Herejes', de Chesterton, publicado por Acantilado

‘Herejes’, de Chesterton, en la edición de Acantilado

Chesterton publicó Herejes (Acantilado, 2007) en el año 1905. Por sus páginas desfilan casi todos los escritores de referencia de esos años, como George Bernard Shaw, H.G. Wells o Henrik Ibsen.

El libro llamó mucho la atención cuando salió a las librerías. Además del título, en Herejes había otro aspecto todavía más provocativo: su autor, un periodista algo belicoso y de estilo un tanto coloquial, hacía una crítica a los intelectuales consagrados, para decir que, simplemente, estaban equivocados. Y este autor ¡sólo tenía 31 años!

¿En qué consistía el error herético de la intelectualidad de finales del siglo XIX? Chesterton lo expresa de diversas formas. En una primera aproximación, detecta que no se toleran las generalizaciones. Estos autores no acaban de transmitir una visión general que pueda dar razón de la realidad. Cada uno asume un enfoque particular, que lógicamente entra en conflicto con el propuesto por otro. A lo sumo, todos parecen estar de acuerdo en la idea expresada por Shaw y recogida por Chesterton en Herejes: La regla de oro es que no hay regla de oro (p.10).

Para hacernos cargo mejor del ambiente intelectual, conviene tener presente que el XIX fue el siglo de los inventos. Los avances científicos precedentes fueron aplicados para el uso social. En relativamente poco tiempo la forma de vida de la gente corriente cambió notablemente a mejor gracias –entre otras cosas- a la iluminación de las ciudades, las líneas de ferrocarril y las comunicaciones telegráficas. El salto cualitativo contribuyó a consolidar una admiración general por la ciencia y una esperanza en el progreso técnico (ver por ejemplo, J. L. Comellas, El último cambio de siglo, Ariel, 2000).

Alimentado por el rigor y la precisión proporcionados por el método científico, el clima intelectual moderno tendía inevitablemente a la especialización. Chesterton ya advierte de la consecuencia de este modo pensar: todo es importante, a excepción de todo (p.10): se sabe mucho de casi cualquier cosa en particular mientras que apenas se indaga por alcanzar una visión de conjunto con un mínimo de rigor intelectual.

Aquí es donde Chesterton pone el dedo en la llaga. En Herejes señala lo que echa en falta en las reflexiones y propuestas de sus contemporáneos: cada una de las frases y los ideales modernos más populares es una evasión para esquivar el problema de qué es lo bueno (p.24).

Este fue el enigma que hizo salir a Chesterton en busca de una luz que no terminaba de encontrar en las explicaciones que le proporcionaron sus coetáneos: de alguna forma, sus escritos siempre vuelven a la cuestión de lo bueno. Quizá el texto en el que mejor lo expresó fue al final del primer capítulo del ensayo Lo que está mal en el mundo (1910), publicado dos años después de Ortodoxia: He llamado a este libro Lo que está mal en el mundo y el resultado del título puede entenderse fácil y claramente. Lo que está mal es que no nos preguntamos qué está bien (Acantilado, Lo que está mal en el mundo, 2008, p. 17).

En cambio, Chesterton advierte que lo que ocupa en buena medida la mente moderna era ya por aquel entonces la idea de romper límites, de eliminar fronteras y de deshacerse de dogmas. Al fin y al cabo, se trata de una consecuencia lógica de asumir que no hay regla de oro.

Un eco portentoso de este planteamiento resonó en la sociedad occidental en la década de 1960. Probablemente la mejor síntesis fue el lema ‘Prohibido prohibir’, proclamado en mayo del 68 por los universitarios de París. La generación posterior a la Segunda Guerra Mundial mostraba síntomas de una fuerte alergia al principio de autoridad, que no ha hecho más que agravarse con el paso del tiempo.

Si Chesterton había detectado la gravedad de estos síntomas en la cultura de su época, su diagnóstico no fue menos certero. El problema de fondo tenía mucho que ver con la verdad y con cómo alcanzarla. En Herejes escribió: La mente humana es una máquina para llegar a conclusiones; si no puede llegar a conclusiones está herrumbrada (p.215). Para Chesterton, el ejercicio intelectual que no se oxida es aquel que desemboca en afirmaciones cuya validez se apoya en la lógica, independientemente de las preferencias del sujeto.

Quizá sea éste uno de los errores más trágicos del mundo moderno: haber perdido la confianza en poder componer un mapa intelectual que sirva para guiar el curso de la propia existencia. Como todo mapa, deberá señalar los riesgos y las oportunidades, los peligros y los sitios de interés. Al interpretarlo correctamente se puede descubrir el camino más acertado y desechar aquellos que no valgan la pena. Para componer ese mapa hace falta criterio que dé capacidad de juzgar y advertir lo que es valioso por sí mismo, es decir, se requiere de una regla de oro que ayude a buscar una respuesta auténtica a la pregunta por lo bueno.

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11 Respuestas a “Chesterton y el enigma de ‘Herejes’: el problema del bien y la verdad

  1. Excelente síntesis del libro, con esas dos paradojas centrales:
    -la regla de oro es que no hay regla de oro: entonces, todo vale, todo tiene el mismo valor. Es el relativismo generalizado. Aunque luego, la vida misma se encarga de desmentirlo en parte, porque la gente sigue teniendo algo de criterio.
    -Estamos hechos para llegar a la verdad -como dice GK, conclusiones verdaderas-, pero hemos interiorizado que más importante tener criterio propios, que el valor de estos criterios.
    Enhorabuena al Chestertonblog por el nuevo fichaje, y a tomasbaviera por su magnífica entrada.

    • Acepto la felicitación al Chestertonblog por el fichaje de este experto en Chesterton. Pero sobre todo, agradecemos a Tomás Baviera su deseo de colaborar con nosotros: estamos seguros que sus contribuciones enriquecerán el blog de manera sobresaliente.

  2. Interesantísimo y docto artículo. Me ha gustado mucho la idea de Chesterton visto como un “visionario para su época” y el concepto inasible de la verdad junto al problema hermeneútico de cómo alcanzarla.

    Tus reflexiones en torno a los errores del Mundo moderno me recordaron el concepto de desmitificación del mundo y politeísmo de los valores de Max Weber. También me pareció elocuente tu guiño y lo asocié con el Angelus Novus de Paul Klee,,,

    Un abrazo. Gracias por compartir, Aquileana 😛

  3. Enhorabuena a Tomás Baviera. Muy ilustrativa y clara exposición, entretenida y fácil de leer. Espero que nos regale muchas mas entradas del estilo. Bienvenido.

  4. Muchísimas gracias, Tomás, por tu entrada. Gracias especialmente por la claridad (cortesía del filósofo, ya se sabe). He aprendido mucho; y, si pretendías que, tras la lectura de tu ´post´, el lector saliera corriendo a la librería a comprarse “Herejes”, conmigo lo has conseguido…

  5. Antonio Lebeo

    En otras ocasiones lo he dicho, y no está por demás repetirlo. “Herejes” es una obra imprescindible en lo que Chesterton desarrollará con Ortodoxia, Lo que está mal en el mundo”, “El hombre eterno”, “el hombre que fue Jueves” etc.

    Mi primer obra que leí de GK, fue Ortodoxia, y pensé que era un escritor excelente, de los mejores que había leído, sino, que el mejor. Sin embargo sabia -y con esto caí en la trampa donde muchos de los que leen a Chesterton caen-, en pensar que era un escritor conservador. Como en una reseña que leí sobre GK. Lo describen como un escritor sin precedentes, pero que ideológicamente es un escritor moderno que busca y defiende la época victoriana, para remontarse aun más atrás en el tiempo, en donde la religión era el centro de la vida.

    Después seguí leyendo más sobre Chesterton “El hombre eterno” que para mi fue una obra un poco difícil de leer; “El hombre que fue Jueves”, hasta que llegue a “ensayos” y “Herejes”, y finalmente comprendí o pude salir de la trampa de encasillar a Chesterton como “conservador”, se me hacia más raro aun, cuando GK hablaba que había estado en grupos espiritistas, dónde el era el único en creer en el demonio realmente, pero si el escribía como un Católico o cristiano a toda vista. Finalmente puedo decir que con “Herejes” y “Ortodoxia” descubrí que GK, no era un escritor, pero que realmente si lo era, no era un místico, pero realmente si lo era, no era un filosofo, pero realmente si lo era, no era un teólogo, pero realmente si lo era. Era una especie de las mas raras, que yo nunca había visto: Un “místico lógico”, un restaurador. Fiel a la tradición a la verdad, no sucumbió creyendo escapar a la libertad, donde muchos son devorados, por lo que conocemos como moda. Ese es el Chesterton que descubrí con Herejes.

    Felicidades al blog.

    • Estoy de acuerdo contigo, Antonio, absolutamente en todo: hay que leer ‘Herejes’ para desencasillar a GK de cualquier otro compartimento, aunque sea crear uno para él. Tienes razón en todas las paradojas que señalas: “no pero sí” es un retrato de Chesterton que merece una entrada: algo lo intenté en ‘Dos tipos de perfiles de GK’, no sé si la viste. Ojalá podamos pronto ‘enfrentarnos’ con el libro. ¡Pero antes hay que terminar el Hombre eterno!
      Y mil gracias otra vez.

  6. Muy buena entrada, gracias por compartir. El “mapa” del que hablas me recordó a otro escrito en el Chesterton menciona un mapa de la mente, un mapa que es una guía del laberinto.

  7. Muchas gracias por los comentarios.
    “Herejes” resulta un libro clave para entender a Chesterton, y está vinculado a “Ortodoxia”, no solo por el título sino también porque aporta lo que Chesterton echa en falta en los intelectuales citados en “Herejes”. Son dos obras a leer en continuidad. Otra respuesta que les da aparece en “El hombre que fue Jueves”, pero no en forma de ensayo sino en forma de novela.
    De nuevo gracias por los comentarios tan positivos.

    • Gracias de nuevo por introducir ‘Herejes’ en el blog, y recordarnos que tenemos pendiente ‘El hombre que fue jueves’. Aunque si alguien quiere leer alguna cosilla, puede pinchar en la etiqueta que ya existe, en la columna de la derecha.

  8. Pingback: El impresionismo como imagen de la crisis existencial de Chesterton | Chestertonblog

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