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Chesterton y Shrek, en ‘Felices para siempre’

La familiaridad con GK agudiza la sensibilidad en su misma dirección: ése es nuestro objetivo: aprender a mirar con sus ojos. El otro día vimos en casa Shrek 4: Felices para siempre, un poco por cariño al personaje, un poco complacer a los miembros más jóvenes de la familia. Desde luego, supera con creces la 3ª de la serie, la única floja. Los guionistas se estrujan las neuronas y vuelven a hacer una peli digna del Shrek más genuino: en medio del caos familiar, Shrek echa de menos cuando era un auténtico ogro que ejercía de ogro. Casado y con tres hijos, las cosas ‘ya no están en su sitio’, y firma con Rumpelstinkin un contrato peculiar: volver a la ciénaga por un día, a cambio de…

Shrek, su familia y sus amigos. Teocio.es

Shrek, su familia y sus amigos. Teocio.es

¿Qué tiene que ver Shrek con Chesterton? Felices para siempre es otra expresión de la añoranza del hogar. Refleja muy bien la búsqueda del propio sitio que realizamos en este mundo, aunque para eso haya que dar la vuelta al mundo:

Estaba regresando a casa. La Granja White estaba detrás de cada bosque y detrás de cada barrera montañosa. La buscaba tal y como los demás buscamos el país de las hadas, tras cada curva del camino. Sólo hubo una dirección en la que nunca la buscó, y ésa era precisamente, a tan sólo un kilómetro a sus espaldas, donde se alzaba la Granja White, reluciente con su paja y sus paredes encaladas bajo el racheado azul de la mañana (Añoranza del hogar estando en casa, Los países de colores, p.251).

Ésa es una de las ideas centrales de GK, y es relativamente frecuente en el cine de hoy, porque es realmente uno los problemas más ligados a nuestro modo de ser y nuestro modo de estar en la vida moderna, a nuestra identidad, que nos obliga a estar siempre en camino, a ser peregrinos de nosotros mismos.

El cochero extraordinario, y 3: estilo, método y filosofía de GK

El relato de El cochero extraordinario no se va de mi cabeza: de cómo el despiste de un cochero puede hacer sacudir los cimientos del mundo saca GK un conjunto de reflexiones, que -consciente de mi reiteración- enumero a continuación, pues deseo profundizar en voz alta en la manera de trabajar de Chesterton.

Está claro que es su modo de expresar su filosofía, la filosofía. No es exactamente el de Platón y Sócrates… pero tiene un aire, quizá interrumpido o demasiado adornado por los elementos poéticos y narrativos. Pero en este ensayo-relato ha debido quedar claro que estamos hechos para tener respuestas, pues la actitud de búsqueda es temporal, mientras encontramos el camino de la verdad a través de la realidad de las cosas, que nos conduce a algunas conclusiones. Si no llegamos a cerrar la boca sobre algo sólido, estaríamos perdiendo el tiempo:

-Es contradictorio decir que es intelectualmente imposible tener certidumbre.
-El problema de los escépticos parece ser el futuro, pero la verdadera cuestión mira al pasado: ¿Qué era la certeza? ¿Estaba alguien seguro de alguna cosa?. ¿Qué es ‘hace un minuto’, racionalmente considerado, sino una tradición y una imagen? Esta reflexión es brillante, no sólo plantea el problema del tiempo vivido, sino que se introduce en cuestiones de teoría del conocimiento y psicología.
-La solución está en tanto en la voluntad –no quiero ser un lunático– como en la experiencia –le repetí que en realidad le había alquilado en la esquina de Leicester Square-. Esto es una interpelación para todos: ¿qué camino queremos elegir? ¿sabemos de verdad qué caminos hay ante nosotros?

No creo que con estas reflexiones consiga hacer que GK entre en la academia como tal filósofo; Tan sólo quiero conseguir mi viejo objetivo: descubrir y aprender el método de GK: ver en cada momento la enorme repercusión de la minucia que tengo delante, y mostrarla a otras personas.

Otra cosa es que no he querido utilizar la clásica expresión de fondo y forma, sino método, estilo y filosofía. Quizá es una metodología provisional de trabajo, pero nos permite distinguir:

  • Cómo funciona su mente.
  • Qué ideas tiene.
  • La manera que tiene de exponerlas.

Lo que falta en el mundo

Ando escaso de tiempo, y sólo me da para escribir unas pocas palabras, aunque son de esas que sintetizan el pensamiento de GK. Está en el ensayo ‘Enormes minucias’, en el libro del mismo título, Espuela de Plata, p.23:

En el mundo nunca escasearán los milagros, sólo el asombro.

Chesterton y «Un trozo de tiza»

Con el título de este texto, bautiza GK un bellísimo artículo, al que si miramos con unos ojos no de carne, podríamos enojarnos ante los ‘insultos’ o provocaciones – que no son ni una cosa ni la otra- que nuestro autor parece propinar a su país: Y allí me quedé, inmerso en un placentero trance, al darme cuenta que el sur de Inglaterra no sólo es una gran península y una tradición y una civilización, sino algo incluso más admirable: un trozo de tiza.

Ciertamente, a poco que reflexionemos, estamos ante un proceso de abajamiento en el que GK prestigia algo ínfimo como excelsitud de su patria. ¿Es una especie de distorsión por degradación, llevado a cabo con la metáfora escolar? Es costoso y difícil dejarse seducir por este análisis, ya que, conociendo la humildad de GK, es más viable que éste pretendió -y lo consiguió- hacer la sublimación de lo pequeño. lo nimio despreciable como la virtud que lo acerca a la consideración ensalzadora de lo oculto a la masa. Y nos demuestra que es allí, en el mundo abandonado a lo cercano real donde se resuelve el misterio.Un misterio tan corriente -mas no baladí- como es encontrar la tiza que nos permita aprehender el dibujo del mundo en un papel de estraza: la cual es la forma menos onerosa de poseer. Igual que cuando de posee al leer, al escribir, al ver, al oír…

La leyenda de la espada

No siempre lo moderno es lo mejor. El progreso no conlleva siempre el bienestar. Este es el mensaje con el  que concluye la pequeña fábula narrada por GK, escrita en 1.928,  publicada en su revista GK´s Weekly, y editada en castellano por la editorial Valdemar, donde nos relata de manera breve, irónica y divertida las pericias de sus dos protagonistas.

Un soldado ‘yanky’ se enfrenta a otro español en la Guerra de Cuba. Por diversas circunstancias, ambos tienen que sobrevivir  juntos en una isla selvática cubierta de una densa vegetación. El español tan solo tiene una vieja espada que perteneció a un antepasado suyo, mientras que el americano lucía su flamante nuevo revólver reglamentario.

El español se abre paso entre la densa maleza de la isla gracias a su espada, el americano le sigue detrás;

-Puedo ayudarte, preguntó el americano.
-Si con vuestra infalible puntería os dignarais disparar una tras otra, a cada brizna de hierba, ¿qué duda cabe de que acabaríamos la tarea más a prisa?

Los días de convivencia transcurren en el selvático istmo, y el hidalgo lograba mantener una excepcional limpieza y aseo personal. El americano descubre su secretoUn hombre sin más posesión  terrenal que una hoja de hierro, debe afeitarse como pueda, dijo el español disculpándose. Pero vos, equipado como estáis con todo el lujo de la ciencia, no tendréis dificultad en disparar a los pelos de vuestra barba con la pistola.

Tras agotar su munición al disparar a unas aves para alimentarse, le reprocha el hispano que ahora recurriremos a mi táctica rudimentaria de ensartar peces con la espada.

Por último, culmina la fábula con una lacónica pero sugerente frase puesta en boca del pobre súbdito del país perdedor de aquella contienda:

Hemos retrocedido a un estado en el que podemos obtener lo que necesitemos con lo que ya tenemos.
-¡Pero- exclamo el americano-  eso es el fin del Progreso!

La frase del día de Zenit, hoy

El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.

Gilbert Keith Chesterton. (1874-1936)

Chesterton: elogio de la madera

Me he topado por casualidad con una representación de la imagen de la Inmaculada de Alonso Cano, el genial artista barroco, que se conserva en la catedral de Granada. Este tesoro rodeado de tesoros es una talla de unos 50 cm de altura realizada inicialmente para el facistol de la catedral, que hoy preside la sacristía.

Como si fuera un clic de ratón, me han venido a la cabeza unas palabras sobre la madera que leí el otro día en uno de los ensayos recogidos en Los países de colores. El ensayo en cuestión está dedicado a la caja de pinturas y es, cómo no, una variación sobre uno de los temas que fascinan a GK, la posibilidad de creación, la creatividad que tenemos los seres humanos. Volvamos a la madera:

«Es la más fascinante y las más simbólica de las sustancias, ya que tiene la dureza esencial justa para resistirse al aficionado y la maleabilidad necesaria para convertirse en un instrumento musical en manos de un experto. Trabajar la madera es el ejemplo supremo de creación; la creación en un material que se resiste lo justo pero ni un ápice de más. No resulta por tanto de extrañar que el mejor en tomar forma de hombre fuera carpintero».

Inmaculada de Alonso Cano seleccion