Archivo mensual: diciembre 2013

Chesterton, Wells, Shaw y Kipling, vistos por André Maurois

Puesto que el contexto intelectual de un autor ayuda a entender su obra, vamos a utilizar unos fragmentos de André Maurois –escritor, militar y académico francés de prestigio internacional (1885-1967)- que componen el marco intelectual de la Inglaterra del cambio del siglo XIX al XX. Están tomados del prólogo de la edición del William Blake de GK publicada por Espuela de plata en 2007, aunque el texto original -que no he podido localizar- es de 1935. Aquí se puede leer el texto completo, que está colocado su correspondiente lugar en el Chestertonblog, en la página Algunos estudios en español. He aquí la propuesta de Maurois:

Kipling, Wells y Shaw son, cada uno a su modo, unos aristócratas. Kipling piensa que sólo ciertas virtudes confieren el derecho de mandar; Wells cree en los privilegios de la inteligencia; Shaw aguarda el reinado del superhombre, que será un híbrido mezcla de Shaw, César y Matusalén. Chesterton, por el contrario, es un demócrata; exalta al hombre vulgar, al que cultiva su huerto y bebe cerveza en la taberna, y yo no creo que ame con exceso a los técnicos y tecnicistas de Wells, ciertamente. Shaw y Wells, ante el fracaso del siglo XIX, ven la salvación de la Humanidad en el futuro; Chesterton no detesta menos que ellos la sociedad que ha engendrado el maquinismo; pero ve, en cambio, la salvación de la humanidad en la vuelta al pasado. Kipling invoca al Dios de los ejércitos; Wells al de las retortas y las estadísticas; Shaw al de la vida; Chesterton adora al Dios cristiano, tal como se le encuentra en los Evangelios. Wells y Shaw creen en el progreso; el mismo Kipling describe con una cierta admiración el Consejo de técnicos que gobernará un día el planeta; Chesterton es reaccionario; es brillante, violenta y jubilosamente reaccionario, y alaba con una apasionada admiración las libertades de la Edad Media. Wells describe mundos fantásticos y logra, a fuerza de talento, que nos parezcan reales; Chesterton describe el mundo real y logra, a fuerza de talento, que nos parezca fantástico. En la historia de las ideas de Inglaterra, al comienzo del siglo XX, Wells y Shaw son los modernos; Kipling es el eterno; Chesterton el antimoderno, y su papel es, ciertamente, muy útil (pp.9-10).

Y para concluir, Maurois parafrasea a GK, ampliando todavía más el marco de interpretación del mundo moderno: El vicio de la concepción moderna del progreso intelectual consiste en que se pretende a toda costa, desde el siglo XVIII, traspasar los límites, romper las trabas, demoler las barreras y arrinconar los dogmas. Mas el hombre no puede vivir sin dogmas, el hombre es un animal que crea dogmas. El materialismo es el dogma de aquellos que creen haber escapado a los dogmas. Si en verdad puede existir un progreso intelectual, este progreso consistiría en la elaboración de una filosofía dogmática de la vida. […] Cada hombre, cada inglés vulgar, siente la necesidad de poseer un sistema metafísico y permanecer fiel a él. No escuchemos, pues, a los estilistas; el tiempo de Wilde ha pasado, el tiempo de los teólogos le ha sucedido. Ahondemos y busquemos hasta que hayamos descubierto nuestras propias opiniones (pp.36-37).

‘Hay emoción, hay brandy, pero no alimento’: la genial comparación de GK entre bebidas e ideologías

El siguiente fragmento pertenece al magnífico estudio que GK dedicó a William Blake, pintor y poeta inglés (1757-1827). Aunque pasó sin pena ni gloria en su tiempo, Blake es hoy considerado un extraordinario artista total.  La compleja personalidad del poeta y su obra –¿loco? ¿místico? ¿inspirado?– hace surgir en Chesterton la hipótesis del espiritismo, lo que genera los siguientes párrafos, que -como sucede habitualmente en GK- trascienden la situación concreta:

Ser un místico no supone perjuicio alguno para la salud; pero sí puede haber algún peligro para ella en ser un espiritista. Resultaría un paupérrimo juego de palabras decir que la afición a los espíritus es mala para la salud; pero no obstante, por extraño que parezca, es aunque un pobre juego de palabras un perfectamente correcto paralelo filosófico. La diferencia entre tener una verdadera religión y tener simple curiosidad por las maravillas de la física es una diferencia verdaderamente similar a la que hay entre beber cerveza y beber brandy, entre beber vino y beber ginebra. La cerveza es tanto un alimento como un estimulante; y así la religión positiva es un consuelo tanto como una aventura.
Cualquier hombre que bebe un vino concreto lo hace porque es su vino predilecto, sea por el placer de paladearlo, o por ser de la cosecha de su propia viña. Cualquier hombre que simplemente bebe alcohol lo hace porque es un alcohólico. Así también cualquier hombre que invoca a sus dioses ya por su bondad o ya porque simplemente son buenos de algún modo para él; por ser los ídolos que protegen a su tribu o los santos que bendijeron su nacimiento. Pero los espiritistas invocan a los espíritus simplemente porque son espíritus; requieren a los fantasmas simplemente por su condición fantasmal.
A veces me dejo llevar por la idea para mí muy querida de que los credos de los hombres podrían tener su paralelo y ser representados por sus bebidas. El vino podría representar al genuino catolicismo y la cerveza rubia al genuino protestantismo; pues estas son al menos auténticas religiones, que consuelan y reconfortan. El claro y frío agnosticismo sería agua clara y fría, cosa excelente, para quien pueda conseguirla.
Muchos de los modernos movimientos éticos e idealistas bien podrían ser representados por la soda, por su mucho ruido y pocas nueces. La filosofía de Mr. Bernard Shaw sería idéntica al café solo, que despierta pero no llega a inspirar de veras. Y el moderno materialismo higiénico sería muy parecido al chocolate, pues no me es posible expresar mi desprecio en términos más concentrados y fuertes.
A veces, aunque muy raramente, es posible encontrarse con algo que en verdad podría compararse con la leche, una antigua y bárbara dulzura, una misericordia terrenal aunque constante –la leche de la generosidad humana. Podréis encontrarla en unos pocos de los poetas paganos y en unas cuantas fábulas antiguas; pero en todas partes se encuentra en proceso de extinción.
Ahora bien, si adoptamos esta misma analogía en pro de nuestro argumento, regresaremos sin duda al pésimo juego de palabras; concluiremos que la afición al espiritismo es muy similar a la afición a los alcoholes de alta gradación. El hombre que bebe ginebra o alcohol desnaturalizado lo hace únicamente porque eso lo sitúa por encima de la normalidad; así el hombre que utiliza tablas o güijas para invocar a seres sobrenaturales los invoca simplemente por su condición sobrenatural. Desconoce si son buenos o sabios o si pueden servirle de alguna ayuda. Sólo sabe que desea a la deidad, pero ni siquiera sabe si le gusta. Intenta invocar a un dios sin adorarlo. Le interesa todo aquello que pueda averiguar al tocar la existencia sobrenatural; pero en realidad no le invade la alegría de sentirse junto al rostro de un amigo divino más de lo que verdaderamente podría alegrar a cualquiera el sabor del alcohol desnaturalizado. En tales investigaciones físicas, para decirlo en pocas palabras, hay emoción, pero no satisfacción emotiva; hay brandy, pero no alimento.

El fragmento procede de la edición de William Blake realizada por Espuela de Plata, pp.133-135. La traducción es de Victoria León.

Un monumento a GK en España

Por el texto de Cabrera Infante que referenciábamos el otro día, nos enteramos que en Sitges hay un monumento a Chesterton, quizá el único que haya en nuestro país.

Monolito de GK en Sitges

Lo he encontrado en Recorriendo Catalunya, y por lo que ahí se cuenta, se puede entender el motivo por el que le hicieron el monolito: “GK Chesterton visitó Sitges por primera vez en mayo de 1926, volvió en 1928 y en 1935. Suya es la frase ‘Barcelona es el pueblo más sucio de Europa, y Sitges, la ciudad más limpia del mundo’.”

En el blog Retalls de Sitges también se reseña su visita y aparecen dos fotos de GK y Frances  en la playa.  Chesterton es muy admirado en el mundo catalán y en su momento trataremos el tema, pero entre los materiales  que ya están recogidos en la página Algunos estudios en español, está la referencia a Pau Romeva, que no sólo tradujo a GK, sino que prologó las obras completas editadas por Plaza  & Janés en 1968. Algún día profundizaremos en la relación de GK con Cataluña y viceversa, la relación de Cataluña con él.

El hombre que fue Chesterton

Nuestra intención es hacer aparecer con frecuencia semanal algún tipo de colaboración ‘externa’ a los miembros del Club Chesterton de Granada. Mientras éstas llegan, la red ofrece innumerables ocasiones de dar a otros la palabra. Si la semana pasada lo hacíamos con una joven promesa, en esta ocasión vamos a ofrecer el texto de un gran escritor, como Guillermo Cabrera Infante (1929-2005). Primero colaborador de la revolución cubana y luego disidente y exiliado de la misma, Cabrera Infante iba a colaborar en el número extraordinario de Archipiélago que hemos comentado en el Chestertonblog cuando le sorprendió la muerte. En ese número encontramos una referencia al artículo escrito por Cabrera Infante en El País dos años antes, con el nombre El hombre que fue Chesterton.

Como otros muchos escritores, Cabrera Infante narra en este breve texto su encuentro con GK, a través de las novelitas que regalaba un periódico local, cuando tenía 14 años: cómo no, El hombre que fue Jueves. El artículo es una reflexión sobre ése y otros libros de Chesterton. Las reflexiones de los escritores sobre otros escritores suelen particularmente atractivas y certeras. Además, añade alguna información sobre la visión de Borges sobre GK.

Particularmente me quedo con una aportación biográfico-literaria, que no conocía. Dice así Cabrera Infante: “Señalo la obra sobre Stevenson para demostrar que Chesterton no temía a las señales directas, ya que Stevenson es una influencia visible, y El hombre que fue Jueves recuerda, a veces, demasiadas veces, más a Los dinamiteros, esa obra maestra mal conocida de Stevenson”.  Para mí, descubrir influencias de unos autores sobre otros -en cualquier dirección- es un verdadero placer, que me hace sentir la continuidad de la cultura, más aún del género humano.