Chest’art: un género nuevo aplicado a GK

La Sociedade Chesterton Brasil tiene en su blog un género artístico-filosófico-visual muy divertido: los Chest’artimágenes con dibujos, fotos, caricaturas sobre Chesterton o alusivas a él, con alguna frase suya. Demuestran gran originalidad creativa, pero sobre todo es una gran labor de documentación de imágenes de Chesterton: algunas pueden ser nuevas, pero muchísimas son antiguas, integradas en esta simpática expresión artístico-filosófica, muy del estilo de GK.

Chest'art 47 Brasil Cuentos de hadas

La Sociedade Chesterton Brasil está compuesta por un gran plantel de expertos, muchos de ellos profesores y tiene una excelente página web, muy variada y rica en contenidos: noticias, traducción directa de artículos y ensayos, venta de libros de Chesterton, vídeos y audios, organización de actividades, además de una buena lista de enlaces a otras webs chestertonianas.

Además de la original serie de Chest’art, reúne un gran listado trabajos sobre GK realizados en Brasil (con sus enlaces) que demuestra que en España estamos a años luz de otros países en conocimiento de Chesterton.

Chest'art 21 Brasil Mente abierta

Chestertonada en portugués

«The Outline of sanity»: Un debate como introducción

La mejor manera de introducir a The Outline of Sanity es organizar un debate sobre su nombre, en el que espero que se impliquen cuantos la hayan leído y contribuyan a enriquecerlo.

 Tengo noticia de tres nombres diferentes:
  +Perfil de la cordura es el título de la edición argentina que maneja Sada, que en español de España suena un tanto a retrato.
+Esquema de la cordura
es la traducción que hace Luis Ignacio Seco, basándose la versión española del libro de Maisie Ward. 
  +La traductora del libro de Pearce en la edición de Encuentro simplemente, no lo traduce, puesto que en ese momento no había en España una traducción disponible, y mantiene el título original.
  +Los límites de la cordura es la edición española de El buey mudo (2010), traducido por María Raquel Bengolea.

Hagamos un análisis semántico, atendiendo a las dos palabras que lo componen:

Outline: según los diccionarios que pueden encontrarse en Internet significa contorno, perfil, esbozo, boceto, guión, borrador, descripción general… Se puede entender por tanto, que es un retrato –o cualquier otra imagen- a grandes trazos, sin concluir, sin terminar los detalles.
  +Por eso, la traducción que más apropiada me parece que sería la de esbozo, plan general.
  +Límites, sin embargo, no termina de ser mala, porque –entiendo yo- que viene a querer decir que hay un marco razonable y más allá de ese marco, perdemos la cordura. Es una solución creativa. Ahora bien, ¿se ajusta a lo que quería decir GK?
  +Por otra parte, está claro que el libro no es un libro de propuestas concretas, sino de ideas para la organización del mundo, y su justificación, aunque –como se ve obligado a tomar las referencias del mundo existente- la mención crítica de capitalismo y comunismo es constante.

Sanity es la palabra clave, pero no sólo de este libro, sino de todo Chesterton, así que resolverla en dos líneas resultaría pretencioso. Pero ahí va una reflexión:
  +Cordura la veo como opuesta a locura: es cierto que la lunacy es una referencia constante en los escritos de GK, pero a mí me resulta pobre: a GK le encanta jugar con el par cordura-locura y aplicárselo a sí mismo, por lo que no lo veo la traducción conveniente. Y además, como título resulta poco periodístico.
  +Sensatez me parece la palabra correcta en castellano: la persona que la tiene actúa correctamente, no en sentido moral ni racional sino vital, hace lo que tiene que hacer para vivir la vida -ese tesoro inigualable- de la mejor manera posible, es decir, sensatamente.
  +Sanity es la palabra clave en Chesterton, y estoy convencido de que significa mucho más que sensatez: es toda una actitud ante la vida que implica a la totalidad de la persona. Todo lo que pretendía con sus escritos es fomentar en los lectores ese equilibrio sobre el que aún no me siento preparado para escribir: describir bien la sanity en GK es uno de mis sueños. Quizá por eso hay tantas entradas en el Chestertonblog marcadas con esa etiqueta, porque la veo en todos sus escritos.
  +Pero si lo aplicamos al texto que estamos tratando, encontramos una cierta diferencia con respecto a la mayoría de los escritos de GK, puesto que sanity se usa aquí en un sentido social. Esto tampoco es ninguna novedad en Chesterton: el mundo está como está porque las personas están perdiendo el sentido común, dirá una y mil veces el propio GK. Pero Chesterton es optimista: lo que los seres humanos han tenido una vez pueden volver a recuperarlo: ésa es la tesis del primer capítulo de The Outline of Sanity, y de todo el libro, por utópico que suene.
  +Los lectores de GK habrán visto con frecuencia la palabra atmósfera en sus escritos. Pues bien, la segunda traducción de esa palabra es ambiente, y en mi opinión, ésa es la acepción correcta de la palabra, y me remito a obras como Ortodoxia o El hombre eterno, donde continuamente aparece con ese sentido. Es decir, vivimos en un ambiente enrarecido, y hay que recuperar la sanity colectivamente.

Eso es The Outline of Sanity: en la medida en que la organización socioeconómica se organice según un determinado orden social, será más fácil recuperar un ambiente de sensatez, cordura, sentido común… En suma:
  +O bien la obra trata de exponer unos principios convenientes que guíen lo que tenemos que hacer, a modo de esbozo general.
  +O bien la obra describe lo que está ocurriendo, cómo hemos llegado a superar determinados límites.

Y ahora toca necesariamente dar mi opinión personal -mi propuesta de título– tras esta larga discusión:

  +El límite de la sensatez: aunque la obra tiene un contenido teórico, la referencia que guía a los distributistas es el ideal en el que los seres humanos se desenvuelven en un ambiente de pequeña propiedad y sana libertad: esto es lo que ha desaparecido, es la barrera que se ha roto, el límite que ya se ha sobrepasado.
  +Sin embargo, guardo un as en la manga, que voy a poner sobre la mesa, en forma de unas palabras de GK que aclaran bastante el sentido.

Estos nuevos sabios no esperan que el hombre corriente pueda gobernar su casa, y con absoluta certeza no quieren que gobierne el Estado […] Sólo nosotros tenemos derecho a llamarnos demócratas. Ésta es nuestra opinión y el bolchevismo y el capitalismo coinciden absolutamente en defender la opinión contraria. […] Nosotros al menos conocemos la sensatez, aunque sólo sea en sueños, mientras que ellos avanzan encadenados para siempre a un crecimiento sin libertad y a un progreso sin esperanza (GK’s Weekly, número 1, 21.III.1925)

  +A la vista de estas palabras, el título que probablemente escogiera –si no tuviera más remedio que elegir uno- sería Esbozo de sensatez, para ser fiel al pensamiento de GK.
  +Pero como no tengo que traducirlo obligatoriamente, en el Chestertonblog no vamos a traducirlo. Si hay que referirse a alguna versión concreta, lo haremos con el nombre que le hayan dado sus editores, lógicamente. 

Bienvenidos a The Outline of Sanity, con nuestros mejores de deseos de que se formen su propia opinión.

«Chesterton de pie»: una nueva obra sobre GKC

Hay que celebrar la llegada de esta excelente compilación de artículos sobre la vida y la obra de GK Chesterton. Con su origen en un congreso organizado por la Universidad San Pablo CEU de Madrid que, en febrero de 2012,  reunió a algunos de los principales especialistas en GK del mundo, el libro que ahora ve la luz contiene 29 trabajos sobre la figura del genial escritor. Se han publicado reseñas en diversos lugares, e incluso una entrevista a uno de los editores.

Como es lógico, los tema tratados son muy numerosos, pero como quizá es menos lógico, en todos se destila no sólo conocimiento y profundidad sobre GK, sino sobre todo cariño por el personaje. Muchos de ellos son obra de jóvenes estudiantes que quizá publican por primera vez y ven su nombre impreso en las páginas de un libro. Jamás olvidarán este peculiar encuentro con Chesterton.

Las grandes figuras son Joseph Pearce, que traza una breve e intensa semblanza; Aidan Mackey, que relata gran número de recuerdos personales, y a quien se debe la conservación de muchas obras y objetos de Chesterton; y Dale Ahlquist, presidente de la American Chesterton Society y gran divulgador del escritor en todo el mundo, cuya intervención ha tenido gran eco en los medios de comunicación. Como no es posible mencionarlos todos, señalaré sólo los trabajos de Salvador Antuñano, profundizando en la figura de GK como filósofo –del que hablaremos en su momento- y el de Pablo Gutiérrez y Ondina Vélez, que se enfrenta con valentía al concepto de la mujer en GK, uno de los pocos temas que podríamos denominar controvertidos entre los escritos de Chesterton, y que también merece su análisis detallado.

Algunos trabajos son históricos, otros tienen como tema central la cuestión del cristianismo, otros son más literarios. Pero muchos –especialmente los de los más jóvenes- poseen el encanto del encuentro personal con el escritor. Esos escritos tienen continuidad directa con el texto de Aidan Mackey: son un testimonio personal y quizá valen más que las ideas que se expresan en ellos. Me tomo la libertad de reproducir el sumario.

La publicación de este libro tiene aún más merito por ser resultado de la actividad del Club Chesterton de Madrid, pues la continuidad es lo más difícil. Por eso, hacemos llegar a los editores y a todos sus miembros nuestra más cálida enhorabuena por su iniciativa: club, congreso, publicación. Con todo respeto, sin embargo, tengo que discrepar del nombre que se ha dado a la compilación, Chesterton de pie… como si alguna vez hubiera estado de otra forma, como si por fin se hubiera levantado o vuelto de algún extraño lugar. Una de los fenómenos más sorprendentes de GK es esa especie de don profético que a todos nos asombra. Hasta que el mundo recupere la sanity, tendremos que echar mano de él, porque lo necesitaremos: como señala Alicia Canseco en su artículo, GK es un genio polivalente: su obra es inmensa y trata de todo lo que puede interesar a cualquiera: la vida cotidiana del hombre corriente, con sus maravillas y sus dificultades, y nos contagia su alegría porque es un hombre eternamente feliz.

Chesterton: ¿Dónde estamos? ¿Cómo nos vemos?

Comento hoy unas palabras de GK al comienzo del primer capítulo de El hombre eterno, que estamos glosando en su correspondiente página. Todo ese capítulo es un breve tratado de sociología del conocimiento, que es la rama de las ciencias sociales que se dedica a analizar cómo se crea, se difunde y se perpetúa el conocimiento en la sociedad.

El problema que inicia el libro es la visión que tenemos del hombre primitivo, generada por la literatura y la ciencia, como de alguien verdaderamente primitivo y bruto, como corresponde a la visión ‘evolucionista’ y ‘progresista’, según la cual los estadios posteriores son superiores a los anteriores. Esto ha generado una forma de ver el mundo, unida a la visión cientifista, que resulta deformada, y no sólo de suyo, sino sobre todo por las consecuencias para nosotros mismos, como podemos comprobar en esta vida moderna…

Descartes, su búsqueda de certeza, nos insistió en que debíamos dudar de todo, hasta de nuestros sentidos. El resultado paradójico es la confianza en la ciencia, que hace que nos miremos de una manera que, si se piensa bien, resulta extraña: insertos en un pequeño planeta que gira alrededor del sol, en una inmensidad interestelar… perdidos en el espacio, pero también en nuestra propio mundo. Por eso Chesterton quiere romper con ese esquema. He aquí sus sorprendentes palabras (El hombre eterno, 02-01):

Me gustaría insistir más bien en que ni siquiera sabemos si se trata de un planeta, en el mismo sentido en que sí sabemos que se trata de un lugar, y un lugar verdaderamente extraordinario.

Si a alguien se le ha pasado por la cabeza pensar que GK denosta la ciencia, tiene que fijarse en las palabras ‘en el mismo sentido’: Chesterton quiere que recuperemos el sentido común, y no que pensemos a través de las representaciones difundidas por la ciencia y los medios, más o menos artificiales: el hecho primario no es el planeta tierra, sino que estamos aquí y estamos vivos, y eso es tan extraordinario como el conjunto de nuestro entorno inmediato. No son las palabras, sino la realidad a nuestro alrededor lo que hay que pensar y a lo que debemos ajustar nuestro pensamiento. Pero claro, todo esto son ideas y palabras que están en nuestras cabezas… Habrá que seguir el razonamiento de Chesterton, a ver dónde nos quiere conducir.

Por cierto, analizar todo eso es la tarea de la sociología del conocimiento.

GK, autor de libros de viajes

La fama internacional de GK hizo que viajara por diversos países, impartiendo conferencias. Las editoriales en seguida vieron un filón en estos viajes, y encargaron obras sobre ellos.

Que sepamos, la única obra traducida al español es Lo que vi en América, publicado por Renacimiento, pero son muy conocidos Iris ImpressionsThe New JerusalemThe Resurrection of Rome. En algunos de sus libros se publicaron artículos dedicados a otros países -Francia, Holanda, Polonia-. Espuela de Plata ha traducido una recopilación póstuma, publicada con el sugerente nombre El color de España y otros ensayos, pero sólo cinco artículos se dedican a ese país.

Portada interior del libro

Portada interior de La Resurrección de Roma

Hasta aquí,  el texto que hemos añadido al breve elenco de las obras de GK, en la página correspondiente. Para darle la necesaria difusión, iba a escribir una breve entrada sobre esta característica, cuando encuentro este texto de Luis Daniel González, que a su vez recoge palabras del propio Chesterton, y que es una buenísima autopresentación de GK. Sólo reproducimos un fragmento de la entrada de Bienvenidos a la fiesta:

«Dejando al margen las peculiaridades del estilo de Chesterton, y que siempre se dirige a lectores ingleses y por tanto menudean las referencias a la historia y los hábitos de su país, estos libros muestran bien algunas de sus singularidades, que podrían llamarse defectos o limitaciones como el mismo autor afirma en The Resurrection of Rome (1930).

Una, en el mismo comienzo, cuando dice que le pidieron escribir un libro sobre Roma y él explicó francamente que se veía como un mal reportero y un mal reseñador por su falta sentido de la proporción: Encuentro demasiadas cosas interesantes y poseo pocas cualidades para lo que se requiere, las cualidades de selección y de concentración. Soy un mal reportero porque todo me parece merecedor de un reportaje; y un mal reseñador porque cada sentencia en un libro me sugiere un ensayo independiente.

Otra la manifiesta poco después: Del mismo modo debo confesar (…) que soy un mal viajero o, al menos, un mal turista. Y de nuevo debo decir que tengo respeto por el turista pues lo mismo es verdad de un peregrino. Yo soy la clase de peregrino que nunca ve al Papa porque se queda demasiado tiempo mirando a la Guardia Suiza.

Una tercera se ve cuando habla de su entrevista con Mussolini, que tuvo lugar en francés y eso también propició –se lamenta- que no le entrevisté porque él me entrevistó a mí. La conclusión que saca Chesterton es que no soy un buen periodista, debido a verse atado por esos modales victorianos que le llevan a permitir a su interlocutor que hable: pido perdón por este mal ejemplo para cualquier Guía del Periodista Joven.

Y otra más, quizá la más importante y uno de los grandes placeres que produce la lectura de Chesterton, es su inclinación a tomar ocasión de cualquier pequeño motivo para abrir grandes panoramas al lector: Sé bien que la impresión general que producirá este libro es que yo no puedo hablar acerca de algo sin hablar acerca de todo. Es un riesgo que debo aceptar pues es un método que defiendo.«

El origen de ‘The Outline of Sanity’

En esta entrada se explica el contexto que dio origen del libro que vamos a comenzar a estudiar en el Club Chesterton: The Outline of Sanity. Y para que todo el que desee seguirlo de manera no presencial pueda hacerlo adecuadamente, iremos colocando semanalmente alguna entrada referida a él.

Chesterton trata todos los temas porque es y se siente sobre todo un crítico de la cultura, en su sentido más amplio, y no sólo la literaria o artística. Por referirse a las prácticas humanas dotadas de sentido –actual o habitual-, la cultura es la categoría más amplia que se puede estudiar en ciencias sociales.  En último término, toda la vida social es cultura, puesto que es una creación humana y social. También son culturales las prácticas económicas de una determinada sociedad o época, ya que los comportamientos de la gente han de estar legitimados por el conjunto de la sociedad (por ejemplo, robar no suele estar aceptado socialmente, pero sirve para que alguna gente consiga recursos; aunque algunas sociedades o grupos se dedican a la rapiña, los piratas por ejemplo). The Outline of Sanity está dedicado a la crítica de la visión dominante en su tiempo –que todavía es el nuestro- con respecto a la economía y la política. Aunque GK nunca se sintió ni quiso ser sociólogo, su capacidad de llegar al fondo de las cuestiones puede ser tomada como ejemplo e inspiración para el análisis de ésas y otras cuestiones relevantes de la vida social.

Tras la salida de su crisis personal, a finales del s.XIX, GK se implica en cuestiones políticas, militando en el partido liberal primero, aproximándose a la Sociedad Fabiana después, estableciendo sus propios criterios mientras tanto, y posteriormente creando la Liga Distributista, siempre con inquietudes y fines reformistas. La razón es que Chesterton no interpretó su crisis personal en términos individuales, sino que –tenía ese don especial- de advertir que la forma particular de su crisis estaba relacionada con el decadente  ambiente victoriano de su época, traducido en la autocomplacencia imperialista primero y en el materialismo generalizado después.

GK estudia una primera tanda de problemas de su época en Lo que está mal en el mundo (1910), que tiene un carácter que podríamos denominar eminentemente socio-antropológico: el hombre, la mujer, el niño, la educación… todo a la luz de uno de los conceptos nucleares de GK: el hogar del hombre, un hogar que es también hogar en sentido amplio y por tanto social (y no utilizo la palabra comunitario porque él no la emplea, además de poseer determinadas connotaciones sociopolíticas actuales que distorsionarían su visión).

Pues bien, son precisamente esos últimos años de la primera década del s.XX cuando tiene lugar un importante debate entre cuatro autores. El escenario es The New Age, un periódico de la Sociedad Fabiana, en la que militan George Bernard Shaw y H.G. Wells, aunque Chesterton ya lo ha abandonado hace tiempo. Hilaire Belloc –íntimo amigo de GK, católico y parlamentario- es el cuarto autor presente en este debate. En ese momento quedan ya puestos los cimientos de lo que más tarde se llamará distributismo, en confrontación con el capitalismo y el socialismo.

Aún tendrán que pasar unos 15 años para que estas ideas se consoliden y desarrollen. Está por medio la Gran Guerra, marcada sobre todo por el esfuerzo batallador realizado por GK desde las letras para ganarla, y su posterior agotamiento y enfermedad. Y de manera muy importante, la muerte de Cecil Chesterton, su propio hermano, que había ido a Francia para contribuir a la victoria en el frente, y que vino a enfermar sin remedio en medio de las deplorables condiciones de los soldados de aquella época.

A mediados de los años 20, la reconstrucción del orden postbélico –unida al triunfo de la revolución bolchevique- vuelve a poner en primer plano las cuestiones sociales, económicas y políticas, pues son debates que toman relevancia ante la posible existencia de una alternativa viable al capitalismo. GK, que siempre ha entendido que lo que ocurre en el terreno económico condiciona el resto de la vida social, lleva tiempo trabajando estos temas. Cuando se produce el cierre de The New Witness (1923), el periódico que Cecil había fundado y que Gilbert se sintió en la obligación de continuar en defensa de sus ideales reformistas, es el momento oportuno para empezar una nueva aventura editorial.

A pesar de su inicial rechazo, Chesterton es consciente de su gancho y su éxito entre el público, pues ya es un autor de fama internacional, que viaja y da conferencias por medio mundo. Aceptar la creación del GK’s Weekly –su primer número apareció el 21 de marzo de 1925-, con Gilbert de presidente –aunque no de director ejecutivo- pareció la única manera de seguir interviniendo en la vida pública de su país. Y no sólo en cuestiones económicas y políticas, en un momento de efervescencia social: acababan de aparecer La superstición del divorcio y La eugenesia y otras desgracias, que responden a intensos debates del momento: el segundo contribuyó a que Inglaterra poseyera las leyes eugenésicas más moderadas del contexto europeo.

Era el momento de dar un nuevo impulso a la cuestión social, sobre todo si se cuenta con todo un plantel de autores y colaboradores que contribuirían a sacar adelante el semanario, que aún habría de sobrevivir una década a la muerte de su fundador. Estos autores eran de muy variada procedencia y filiación social, filosófica y religiosa, pero compartían el rechazo de los sistemas imperantes y estaban dispuestos a hacer algo, empezando por pensar y difundir formas alternativas a las que ya se conocían y cuyas nefastas consecuencias se veían desde hacía décadas en el caso del capitalismo o se consideraban una promesa del paraíso en la tierra. Entre todos instituyeron la Liga Distributista, de la que se cuenta una anécdota en el Chestertonblog.

Las páginas de GK’s Weekly constituyen, por tanto, el origen de los artículos posteriormente recogidos y publicados con el nombre de The Outline of Sanity en 1927, además del de otros muchos textos circunstanciales o dedicados a otros temas. El semanario vio también la publicación por entregas de El retorno de Don Quijote, destinado a novelar la existencia de auténticos quijotes distributistas, antes de ser publicado como libro en 1927. También pertenece a este momento el famosísimo debate entre Chesterton y G.B. Shaw, moderado por Belloc, publicado posteriormente con el nombre de «Do we agree?» (1928).

Bibliografía especializada:

SADA CASTAÑO, D. (2005). G.K. Chesterton y el distributismo inglés del primer tercio del siglo XX. Madrid: Fundación Universitaria Española.

GUTIÉRREZ, M.R. (2013). Chesterton, director de GK’s Weekly. En P. GUTIÉRREZ CARRERAS & M.I. ABRADELO DE USERA (Eds.). Chesterton de pie (pp. 61-66). Madrid: CEU Ediciones.

Estilística chestertoniana

En el delicioso ensayo «Una reconstrucción», perteneciente al corpus de ensayos de GK Chesterton «Lectura y locura», publicado por la Espuela de Plata (2008), leemos la siguiente figura literaria -la primera de una serie-: «Se dice a menudo de los poetas desenfrenados y transcendentes que corren el riesgo de acabar en la locura… Son los hombres prosaicos las víctimas más comunes de la locura. Es el racionalista quien enloquece».

En este texto de GKC, si seguimos la retórica al uso, lo calificanos como seno de una cumplida paradoja. Es decir, Chesterton por medio de la pirueta paradójica desvía el lenguaje de su registro estándar, para que nos extrañemos del texto y lo reflexionemos con detenimiento.

En el caso que nos ocupa, el autor continúa el párrafo y niega la paradoja: «No se trata de ninguna paradoja, sino de una afirmación que se nos hace evidente desde el mismo momento en que nos paramos a considerarla». Al fin y a la postre, con la negación/afirmación de su herramienta favorita, lo que pretende GK Chesterton es desvelarnos el sentido de lo real cotidiano y del misterio inefable.

Chestertonada sociológica

“Nos hacemos nuestros amigos; nos hacemos nuestros enemigos; pero Dios hace nuestro vecino. De aquí que llegue revestido con todos los terrores de la naturaleza: tan extraño como las estrellas y tan descuidado e indiferente como la lluvia. El Hombre es la más terrible de todas las bestias. Por eso, las antiguas religiones y el antiguo lenguaje bíblico demostraban tan aguda visión cuando hablaron, no de nuestros deberes para con la humanidad, sino de nuestros deberes con nuestro vecino” (Herejes, cap.14).

Chesterton no era sociólogo profesional, pero podría haberlo sido, y de primera. O quizá no, porque entonces hubiera acabado encasillado en alguna escuela o ‘marco teórico’. En cualquier caso, descubre el hecho primigenio de la vida social: apenas escogemos a la gente con la que convivimos, poseedores de todos los ‘terrores de la naturaleza’. Claro, que lo mismo piensan ellos de nosotros.

El hombre alegre

La alegría, el optimismo y la vitalidad del cristiano es una idea nuclear que subyace de manera constante en el pensamiento chestertoniano. Y la fuente de estos joviales sentimientos es la Fe.  Una Fe esperanzadora, luminosa y omnipresente que resplandece en el horizonte vital del cristiano: «Agua milagrosa que sacia nuestra sed, sustenta nuestras aspiraciones  e irradia destellos de ilusión».

Este es el estado natural del hombre; la pena y la tristeza son periodos excepcionales. La vitalidad ha de tender a expandirse y a contagiarse. El hombre es más humano cuando está feliz. Los cristianos tenemos la obligación de estar alegres y hacer alegres a los demás. Hemos de tener un corazón alegre y así poder cantar por las maravillas que el creador ha puesto en la tierra.

Claro exponente de dicho espíritu jovial y alegre es San Francisco de Asís.  En la bellísima bibliografía que hace GK. Chesterton, (Biblioteca Homo Legens) describe las primeras consecuencias de la  transformación sufrida por el hijo del noble comerciante de telas:

«No tenía ni un céntimo, no tenía familia, según todas las apariencias no tenía ni oficio ni plan ni esperanza en el mundo; y según se internaba bajo los árboles escarchados, rompió a cantar.»

Aparentemente no tenía nada, pero realmente lo tenía todo. Era un hombre feliz.

Jugando hábilmente  con las palabras, define también al poverello, no solo como humanista,  sino como humorista también, que se deja llevar por su humor (y por su amor, diría yo) que va a su aire, en definitiva, hace lo que le viene en  gana y lo hace con alegría.

Juglar, humanista, humorista y poeta. Poeta único y excepcional, ya que poseía un privilegio habitualmente vedado al resto de los poetas, pudiéndosele calificar como el «único poeta feliz entre los poetas infelices del mundo».

También describirá a S. Francisco más adelante  en lo referente a su modo de vida, como un  asceta, pero paradójicamente señala que ese ascetismo, «era desde cierto ángulo el colmo del optimismo.»

Al final del capítulo III, y describiendo el autor el calamitoso y frágil aspecto del santo, por sus constantes ayunos y vigilias por llevar su simple camisa de crin incluso en el crudo invierno, tras tumbarse desnudo sobre el suelo, probando así su insignificancia y nimiedad, continua:

«Y podemos decir, casi con la misma honda certidumbre, que las estrellas que pasaban sobre aquel cadáver enjuto y consumido, despojado sobre el suelo pedregoso, por una vez, en todos sus brillantes ciclos en torno al mundo de la afanosa humanidad, vieron a un hombre feliz.»

Sirva este pequeño recordatorio, para despedir el mes que comenzó con la festividad de uno de los hombres más humildes y a la vez grandes de la historia.

Remedo y puesta al día de un artículo de G.K. Chesterton

Acerca del artículo «Lectura y locura», recogido en el volumen de ensayos del mismo título. Publicado por Espuela de plata, Salamanca. 2008 . Como el texto es un poco más largo que otras veces, lo hemos colocado en una lugar  especial, en una nueva página del Chestertonblog.

La afición e incluso, la pasión de un bibliófilo por los libros, nuevos y viejos, más o menos enmohecidos puede entenderse más lúcida que la de algunos «juntaversos» de hoja subvencionada. Así como la monomanía y, además, obsesiva del viejo profesor por su anticuado  atuendo austero pero digno, es  posible considerarlas unas patologías menos importantes que las de las untadas damas de la alta sociedad, que pierden el norte y el sur por el último modelo de Versace.

Puede ser que el libro o los libros, es decir, las bibliotecas puedan aguardar silenciosos en sus anaqueles a alguno, para volverlo tarumba, pero, ¿cómo definir la entidad y ser de este tipo de demencia?

Consideramos que hay una cierta inclinación hacia este tipo de anormalidad, cuando damos más relieve al símbolo que al referente, como el avaro en cuanto que quiere más al dinero que una buena casa, un buen colegio para sus hijos, un magnífico automóvil, y unos deliciosos caldos y coquetos trajes… hasta dar al que no tiene. Pues sí, en este caso estamos ante un loco. El avaro es un loco. El avaro se ha hecho ajeno a la realidad. De semejante manera, el libro ejemplifica la posesión intelectual humana de la existencia. (… Y a todo esto, el más cuerdo héroe que los siglos han visto, quemando libros, previo escrutinio). Cuando el lector prefiere más al libro, símbolo cerrado de la vida, que a las perlas del conocimiento que encierra – referentes reales del vivir, del existir-, el lector es un avaro. El lector, el avaro, el uniaficionado, cae en la idolatría o único modo de ser ateo.

En este mundo de la idolatría no es lo peor que los idólatras -borrachos o bibliómanos- apunten alguna tendencia perversa, sino que muestren la ausencia de excelencias innatas. Porque el riesgo de enajenación mental en la literatura estriba no tanto en el amor exacerbado por el libro, cuanto en la separación de la vida, en el desinterés por el hombre y sus sentimientos y en lo que, precisamente, de humano recoge el libro recién cerrado.