Archivo de la etiqueta: Chestertonadas

Chesterton y «Un trozo de tiza»

Con el título de este texto, bautiza GK un bellísimo artículo, al que si miramos con unos ojos no de carne, podríamos enojarnos ante los ‘insultos’ o provocaciones – que no son ni una cosa ni la otra- que nuestro autor parece propinar a su país: Y allí me quedé, inmerso en un placentero trance, al darme cuenta que el sur de Inglaterra no sólo es una gran península y una tradición y una civilización, sino algo incluso más admirable: un trozo de tiza.

Ciertamente, a poco que reflexionemos, estamos ante un proceso de abajamiento en el que GK prestigia algo ínfimo como excelsitud de su patria. ¿Es una especie de distorsión por degradación, llevado a cabo con la metáfora escolar? Es costoso y difícil dejarse seducir por este análisis, ya que, conociendo la humildad de GK, es más viable que éste pretendió -y lo consiguió- hacer la sublimación de lo pequeño. lo nimio despreciable como la virtud que lo acerca a la consideración ensalzadora de lo oculto a la masa. Y nos demuestra que es allí, en el mundo abandonado a lo cercano real donde se resuelve el misterio.Un misterio tan corriente -mas no baladí- como es encontrar la tiza que nos permita aprehender el dibujo del mundo en un papel de estraza: la cual es la forma menos onerosa de poseer. Igual que cuando de posee al leer, al escribir, al ver, al oír…

Más sobre paradojas y chestertonadas

Pensaba dejar para algo más adelante esta entrada, pero dado el clima de reflexión sobre la materia, quizá es ahora el momento de hacerla.

Romeroreche estudia  en su comentario a la entrada anterior una estructura de chestertonada. Yo de momento, me voy a limitar a describirla con cuatro notas:

  • Ironía, entendida como una forma de ir contra corriente, pues a GK le divierte dejarnos a dos velas.
  • Buen humor, pues es imposible dejar de sonreír.
  • Sanity, ya que te ayudan a sentirte mejor y si te lo propones, seguro  que a ser mejor persona.
  • Belleza formal: son ideas redondas, adecuadamente expresadas. Quizá es una pena que no todos sepamos inglés como para manejarnos en el original, pero por lo menos podemos disfrutar de la idea en castellano

Pues bien: he aquí el texto que -ni más ni menos- inspiró este blog, tomado de Las paradojas de Mr. Pond, relato When doctors agree. Sabemos que GK siempre filosofaba en sus relatos, pero en esta ocasión, se diría que el GK-autor interrumpe al GK-narrador, con su opinión personal. Aquí está el fragmento, (incluyendo varias chestertonadas de golpe, naturalmente):

«Las paradojas de Mr. Pond eran de peculiarísima especie. Llegaban al extremo de resultar paradójicas infracciones de la ley de las paradojas. La paradoja ha sido definida como «la verdad puesta cabeza abajo para llamar la atención». Se ha dado en vindicar la paradoja aduciendo que, si hay tantísimas falacias aceptadas que siguen inalterablemente en pie, se debe a que carecen de cabeza sobre la cual pudieran hacer el pino.

Mas hay que admitir que es cierto que los literatos, como otros mendicantes y saltimbanquis, frecuentemente intentan llamar la atención. Colocan en lugar destacado, en medio de un diálogo de una obra teatral, o al inicio o al término de un párrafo narrativo, ocurrencias de esa índole portentosa… como cuando Bernard Shaw escribió: La Regla de oro es que no hay ninguna Regla de oro; o cuando Oscar Wilde observó: Puedo resistirlo todo excepto la tentación; o cuando un escribidor mucho más romo (indigno de ser equiparado a los antedichos y que actualmente expía sus errores tempraneros aplicándose a la nobilísima causa de dejar constancia de los aciertos de Mr. Pond) apostilló en defensa de principiantes y chapuceros y zoquetes varios como él mismo: Si merece la pena hacer una cosa, merece la pena hacerla mal«.

Hay un blog en español que utiliza como lema esta frase, modificada: «Si vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa», probablemente para destacar el valor de la acción y la perseverancia… porque es la frase que circula por todas partes en castellano. Pero el original es éste, mucho más chestertónico, sin duda: «If a thing is worth doing, it is worth doing badly.»

Ortodoxia, un libro lleno de chestertonadas

La filosofía de Chesterton

Aunque la reflexión sobre la paradoja aporta lo suyo, aún no hemos terminado de definir las chestertonadas -ver la primera entrada sobre el tema y sus comentarios– por lo que lo mejor es seguir exponiendo ejemplos, para ver si lo conseguimos. Si hay un ensayo clásico de GK, es Ortodoxia, que los que no lo conocen tienden a asociar a un repaso del cristianismo. En realidad, es el libro en el que GK explica su visión de la vida, un contar a todos su crisis personal y la forma de salir de ella, que hizo de él un personaje tan genial.

«Mi primera y última filosofía, aquella en que creo con fe inquebrantable, la aprendí en la edad de la crianza. Puedo decir que la recibí de la nodriza; es decir, de la sacerdotisa, solemne y orientadora, que representa la tradición y la democracia a un tiempo mismo. Aquello en que más creía yo entonces, y en que sigo creyendo más, son los cuentos de hadas. Y en verdad, no son tan fantásticos como se dice. ¡Cuántas cosas, comparadas a ellos, resultan más fantásticas todavía! A su lado, el racionalismo y la religión parecen igualmente anormales, aunque anormalmente justa la religión, y anormalmente falso el racionalismo. [Los cuentos de hadas] me parecen lo más razonable que hay en el mundo (Ortodoxia, Cap.4).

No es de extrañar que, con expresiones como ésta, GK desconcierte y atraiga a tantos por igual. Ahora no podemos glosarlo, tan sólo dar un par de pistas: asombro, agradecimiento, existencia de reglas. Como él mismo dice, hace falta un libro para llegar a explicarlo: Ortodoxia, que si Dios quiere, pronto comentaremos en este blog, dedicándole una página entera. Pero aquí, Acantilado nos ofrece un aperitivo.

Lo común y la paradoja

Al pensar en Chesterton, enseguida se nos viene a la mente la palabra «paradoja». Empleamos esta voz unas veces con el significado de metáfora, otras como anfibología o, en general, como figura retórica. Así y para salir del enredo, con F. Lázaro Carreter nos acercamos al artículo «paradoja» de su Diccionario de términos filológicos, en el que encontramos dos acepciones: 1.- Opinión, verdadera o no, contraria a la opinión general. 2.- Unión de dos ideas en apariencia irreconciliables. Permitáseme, con la venia del  maestro Lázaro Carreter, entendiendo la compatibilidad donde él no ve sino entidades irreconciliables, esta aproximación ecléctica a la palabra en cuestión: » Opinión verdadera o no- contraria a la opinión general- que se expresa uniendo dos ideas irreconciliables».

GKChesterton, buscador de la verdad, lo que pretende con la paradoja, sin olvidar la insuficiencia del lenguaje y los quiebros semánticos que hay que realizar para caminar por el borde de lo inefable, es enseñarnos la cara oculta de la verdad; esa que está ocultada, en muchas ocasiones, por la opinión general.

Efectivamente, GKC en su vida siempre persiguió la verdad, y la quiso dar a conocer con el sencillo idioma de la paradoja. Porque la paradoja como el nacimiento es sorpresa. El autor nos presentó la paradoja como algo nuevo y como descubrimiento. Y para ello, en numerosas ocasiones, se sirvió de la vida cotidiana, de las pequeñas cosas, de los sucesos imperceptibles, de los hombres olvidados, de lo que Unamuno llamó la «intrahistoria». Y, además lo celebró. Lo común es una fiesta como cuando nos dice:» Lo común es lo más extraordinario» Lo común es lo heredado de los padres, de los vecinos, de la parroquia, del barrio, de la escuela. Sobre ello se construye la épica de la  convivencia ciudadana: «lo más extraordinario». Ya que a falta de Lanzarotes del Lago, de Amadises, de Quijotes, de Roldanes… Chesterton enlaza con la tradición del hombre de la calle y se atreve a construir héroes: el Napoleón de Notting Hill, en el antihéroe Quijote, en el Hombre que fue jueves, en las aventuras del Padre Brown, etc.

¿A qué viene esta incllinación  por lo común? Este realismo de la calle, de la taberna, de la tertulia de barrio, ¿a qué se debe? La razón nace en el pálpito del autor: «El mundo es siempre el mismo, porque es inesperado». Esta novedad de lo cotidiano nos lleva a pensar en el dinamismo indudable de lo creado. Aunque parezca un mundo estático, lo buscado nuevo ya está en nosotros, concebido al menos instintivamente. Como el sabio dijo Nihil novum sub sole.

Chestertonadas

Es conocido que GK es un maestro de la paradoja. Pero las paradojas de Chesterton pertenecen a un género propio, que trasciende la paradoja, así como la metáfora, la comparación y otras figuras literarias y estilísticas que utiliza con profusión y que no conozco técnicamente con precisión. En muchas sólo son ideas, frases brillantes sin más, que en seguida reconocemos como propias de un genio como Chesterton.

Cuando encuentro estas palabras deslumbrantes en alguno de sus textos no dudo en calificarlas de chestertonadas. Unas son más sonadas que otras, pero todas contribuyen al género de felicidades que señalaba Borges. Vamos a ver un ejemplo, tomado del estudio de GK dedicado a Charles Dickens. En el primer capítulo advierte de la forma de ser del escritor, de la humanidad que destilan sus libros, aunque se desenvuelvan en situaciones dramáticas, exageradas quizá por su estilo peculiar, pero que hay que tratar con profundo respeto. Y para acercarse a Dickens, a sus libros y sus personajes, no hace falta sólo respeto, sino la siguiente actitud (y aquí viene la chestertonada):

«El altivo poeta de la Edad Media (se refiere a Dante, por si algún despistado no lo sabe) escribió a la puerta del infierno aquel ‘Abandonad toda esperanza los que aquí entréis’. Los poetas emancipados de hoy han puesto idéntico letrero en la puerta de este mundo. Pero para entender esta historia es menester que, si quiera por una hora, arranquemos el cartel apocalíptico. Es menester que rehagamos la fe de nuestros padres, aun cuando sólo sea como ambiente artístico. Así pues, lector, si eres un pesimista, olvídate por un momento, mientras lees este libro, de los placeres del pesimismo. Sueña algo disparatado: sueña que la hierba es verde. Olvídate de ese saber siniestro que se te figura tan claro; reniega de ese conocimiento mortífero que te jactas de conocer. Rinde la misma flor de tu cultura; renuncia a lo más preciado de tu orgullo; antes de entrar aquí, abandona la desesperanza».