Con el título de este texto, bautiza GK un bellísimo artículo, al que si miramos con unos ojos no de carne, podríamos enojarnos ante los ‘insultos’ o provocaciones – que no son ni una cosa ni la otra- que nuestro autor parece propinar a su país: Y allí me quedé, inmerso en un placentero trance, al darme cuenta que el sur de Inglaterra no sólo es una gran península y una tradición y una civilización, sino algo incluso más admirable: un trozo de tiza.
Ciertamente, a poco que reflexionemos, estamos ante un proceso de abajamiento en el que GK prestigia algo ínfimo como excelsitud de su patria. ¿Es una especie de distorsión por degradación, llevado a cabo con la metáfora escolar? Es costoso y difícil dejarse seducir por este análisis, ya que, conociendo la humildad de GK, es más viable que éste pretendió -y lo consiguió- hacer la sublimación de lo pequeño. lo nimio despreciable como la virtud que lo acerca a la consideración ensalzadora de lo oculto a la masa. Y nos demuestra que es allí, en el mundo abandonado a lo cercano real donde se resuelve el misterio.Un misterio tan corriente -mas no baladí- como es encontrar la tiza que nos permita aprehender el dibujo del mundo en un papel de estraza: la cual es la forma menos onerosa de poseer. Igual que cuando de posee al leer, al escribir, al ver, al oír…

