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GK, autor de libros de viajes

La fama internacional de GK hizo que viajara por diversos países, impartiendo conferencias. Las editoriales en seguida vieron un filón en estos viajes, y encargaron obras sobre ellos.

Que sepamos, la única obra traducida al español es Lo que vi en América, publicado por Renacimiento, pero son muy conocidos Iris ImpressionsThe New JerusalemThe Resurrection of Rome. En algunos de sus libros se publicaron artículos dedicados a otros países -Francia, Holanda, Polonia-. Espuela de Plata ha traducido una recopilación póstuma, publicada con el sugerente nombre El color de España y otros ensayos, pero sólo cinco artículos se dedican a ese país.

Portada interior del libro

Portada interior de La Resurrección de Roma

Hasta aquí,  el texto que hemos añadido al breve elenco de las obras de GK, en la página correspondiente. Para darle la necesaria difusión, iba a escribir una breve entrada sobre esta característica, cuando encuentro este texto de Luis Daniel González, que a su vez recoge palabras del propio Chesterton, y que es una buenísima autopresentación de GK. Sólo reproducimos un fragmento de la entrada de Bienvenidos a la fiesta:

«Dejando al margen las peculiaridades del estilo de Chesterton, y que siempre se dirige a lectores ingleses y por tanto menudean las referencias a la historia y los hábitos de su país, estos libros muestran bien algunas de sus singularidades, que podrían llamarse defectos o limitaciones como el mismo autor afirma en The Resurrection of Rome (1930).

Una, en el mismo comienzo, cuando dice que le pidieron escribir un libro sobre Roma y él explicó francamente que se veía como un mal reportero y un mal reseñador por su falta sentido de la proporción: Encuentro demasiadas cosas interesantes y poseo pocas cualidades para lo que se requiere, las cualidades de selección y de concentración. Soy un mal reportero porque todo me parece merecedor de un reportaje; y un mal reseñador porque cada sentencia en un libro me sugiere un ensayo independiente.

Otra la manifiesta poco después: Del mismo modo debo confesar (…) que soy un mal viajero o, al menos, un mal turista. Y de nuevo debo decir que tengo respeto por el turista pues lo mismo es verdad de un peregrino. Yo soy la clase de peregrino que nunca ve al Papa porque se queda demasiado tiempo mirando a la Guardia Suiza.

Una tercera se ve cuando habla de su entrevista con Mussolini, que tuvo lugar en francés y eso también propició –se lamenta- que no le entrevisté porque él me entrevistó a mí. La conclusión que saca Chesterton es que no soy un buen periodista, debido a verse atado por esos modales victorianos que le llevan a permitir a su interlocutor que hable: pido perdón por este mal ejemplo para cualquier Guía del Periodista Joven.

Y otra más, quizá la más importante y uno de los grandes placeres que produce la lectura de Chesterton, es su inclinación a tomar ocasión de cualquier pequeño motivo para abrir grandes panoramas al lector: Sé bien que la impresión general que producirá este libro es que yo no puedo hablar acerca de algo sin hablar acerca de todo. Es un riesgo que debo aceptar pues es un método que defiendo.«

El origen de ‘The Outline of Sanity’

En esta entrada se explica el contexto que dio origen del libro que vamos a comenzar a estudiar en el Club Chesterton: The Outline of Sanity. Y para que todo el que desee seguirlo de manera no presencial pueda hacerlo adecuadamente, iremos colocando semanalmente alguna entrada referida a él.

Chesterton trata todos los temas porque es y se siente sobre todo un crítico de la cultura, en su sentido más amplio, y no sólo la literaria o artística. Por referirse a las prácticas humanas dotadas de sentido –actual o habitual-, la cultura es la categoría más amplia que se puede estudiar en ciencias sociales.  En último término, toda la vida social es cultura, puesto que es una creación humana y social. También son culturales las prácticas económicas de una determinada sociedad o época, ya que los comportamientos de la gente han de estar legitimados por el conjunto de la sociedad (por ejemplo, robar no suele estar aceptado socialmente, pero sirve para que alguna gente consiga recursos; aunque algunas sociedades o grupos se dedican a la rapiña, los piratas por ejemplo). The Outline of Sanity está dedicado a la crítica de la visión dominante en su tiempo –que todavía es el nuestro- con respecto a la economía y la política. Aunque GK nunca se sintió ni quiso ser sociólogo, su capacidad de llegar al fondo de las cuestiones puede ser tomada como ejemplo e inspiración para el análisis de ésas y otras cuestiones relevantes de la vida social.

Tras la salida de su crisis personal, a finales del s.XIX, GK se implica en cuestiones políticas, militando en el partido liberal primero, aproximándose a la Sociedad Fabiana después, estableciendo sus propios criterios mientras tanto, y posteriormente creando la Liga Distributista, siempre con inquietudes y fines reformistas. La razón es que Chesterton no interpretó su crisis personal en términos individuales, sino que –tenía ese don especial- de advertir que la forma particular de su crisis estaba relacionada con el decadente  ambiente victoriano de su época, traducido en la autocomplacencia imperialista primero y en el materialismo generalizado después.

GK estudia una primera tanda de problemas de su época en Lo que está mal en el mundo (1910), que tiene un carácter que podríamos denominar eminentemente socio-antropológico: el hombre, la mujer, el niño, la educación… todo a la luz de uno de los conceptos nucleares de GK: el hogar del hombre, un hogar que es también hogar en sentido amplio y por tanto social (y no utilizo la palabra comunitario porque él no la emplea, además de poseer determinadas connotaciones sociopolíticas actuales que distorsionarían su visión).

Pues bien, son precisamente esos últimos años de la primera década del s.XX cuando tiene lugar un importante debate entre cuatro autores. El escenario es The New Age, un periódico de la Sociedad Fabiana, en la que militan George Bernard Shaw y H.G. Wells, aunque Chesterton ya lo ha abandonado hace tiempo. Hilaire Belloc –íntimo amigo de GK, católico y parlamentario- es el cuarto autor presente en este debate. En ese momento quedan ya puestos los cimientos de lo que más tarde se llamará distributismo, en confrontación con el capitalismo y el socialismo.

Aún tendrán que pasar unos 15 años para que estas ideas se consoliden y desarrollen. Está por medio la Gran Guerra, marcada sobre todo por el esfuerzo batallador realizado por GK desde las letras para ganarla, y su posterior agotamiento y enfermedad. Y de manera muy importante, la muerte de Cecil Chesterton, su propio hermano, que había ido a Francia para contribuir a la victoria en el frente, y que vino a enfermar sin remedio en medio de las deplorables condiciones de los soldados de aquella época.

A mediados de los años 20, la reconstrucción del orden postbélico –unida al triunfo de la revolución bolchevique- vuelve a poner en primer plano las cuestiones sociales, económicas y políticas, pues son debates que toman relevancia ante la posible existencia de una alternativa viable al capitalismo. GK, que siempre ha entendido que lo que ocurre en el terreno económico condiciona el resto de la vida social, lleva tiempo trabajando estos temas. Cuando se produce el cierre de The New Witness (1923), el periódico que Cecil había fundado y que Gilbert se sintió en la obligación de continuar en defensa de sus ideales reformistas, es el momento oportuno para empezar una nueva aventura editorial.

A pesar de su inicial rechazo, Chesterton es consciente de su gancho y su éxito entre el público, pues ya es un autor de fama internacional, que viaja y da conferencias por medio mundo. Aceptar la creación del GK’s Weekly –su primer número apareció el 21 de marzo de 1925-, con Gilbert de presidente –aunque no de director ejecutivo- pareció la única manera de seguir interviniendo en la vida pública de su país. Y no sólo en cuestiones económicas y políticas, en un momento de efervescencia social: acababan de aparecer La superstición del divorcio y La eugenesia y otras desgracias, que responden a intensos debates del momento: el segundo contribuyó a que Inglaterra poseyera las leyes eugenésicas más moderadas del contexto europeo.

Era el momento de dar un nuevo impulso a la cuestión social, sobre todo si se cuenta con todo un plantel de autores y colaboradores que contribuirían a sacar adelante el semanario, que aún habría de sobrevivir una década a la muerte de su fundador. Estos autores eran de muy variada procedencia y filiación social, filosófica y religiosa, pero compartían el rechazo de los sistemas imperantes y estaban dispuestos a hacer algo, empezando por pensar y difundir formas alternativas a las que ya se conocían y cuyas nefastas consecuencias se veían desde hacía décadas en el caso del capitalismo o se consideraban una promesa del paraíso en la tierra. Entre todos instituyeron la Liga Distributista, de la que se cuenta una anécdota en el Chestertonblog.

Las páginas de GK’s Weekly constituyen, por tanto, el origen de los artículos posteriormente recogidos y publicados con el nombre de The Outline of Sanity en 1927, además del de otros muchos textos circunstanciales o dedicados a otros temas. El semanario vio también la publicación por entregas de El retorno de Don Quijote, destinado a novelar la existencia de auténticos quijotes distributistas, antes de ser publicado como libro en 1927. También pertenece a este momento el famosísimo debate entre Chesterton y G.B. Shaw, moderado por Belloc, publicado posteriormente con el nombre de «Do we agree?» (1928).

Bibliografía especializada:

SADA CASTAÑO, D. (2005). G.K. Chesterton y el distributismo inglés del primer tercio del siglo XX. Madrid: Fundación Universitaria Española.

GUTIÉRREZ, M.R. (2013). Chesterton, director de GK’s Weekly. En P. GUTIÉRREZ CARRERAS & M.I. ABRADELO DE USERA (Eds.). Chesterton de pie (pp. 61-66). Madrid: CEU Ediciones.

Chestertonada sociológica

“Nos hacemos nuestros amigos; nos hacemos nuestros enemigos; pero Dios hace nuestro vecino. De aquí que llegue revestido con todos los terrores de la naturaleza: tan extraño como las estrellas y tan descuidado e indiferente como la lluvia. El Hombre es la más terrible de todas las bestias. Por eso, las antiguas religiones y el antiguo lenguaje bíblico demostraban tan aguda visión cuando hablaron, no de nuestros deberes para con la humanidad, sino de nuestros deberes con nuestro vecino” (Herejes, cap.14).

Chesterton no era sociólogo profesional, pero podría haberlo sido, y de primera. O quizá no, porque entonces hubiera acabado encasillado en alguna escuela o ‘marco teórico’. En cualquier caso, descubre el hecho primigenio de la vida social: apenas escogemos a la gente con la que convivimos, poseedores de todos los ‘terrores de la naturaleza’. Claro, que lo mismo piensan ellos de nosotros.

Nacimiento de la liga distributista

En el Club Chesterton de Granada vamos a comenzar a estudiar la que es probablemente la obra de GK más relacionada con la actual crisis económica. Se trata de The Outline of Sanity, cuya última traducción al castellano ha sido bajo el título Los límites de la cordura, un análisis de la moderna sociedad industrial, del capitalismo y del socialismo, en el GK vierte sus ideas acerca del orden social fundamental. Abriremos una página para el libro y en ella –igual que en el caso de El hombre eterno– iremos colgando los capítulos con nuestra versión del texto y sus correspondientes comentarios.

Para quitar hierro a nuestra última entrada, muy intensa, hemos pensado colocar una anécdota que tenga que ver con el nuevo horizonte al que nos enfrentamos. GK había comenzado la publicación del GK’s Weekly en 1925, con un claro afán de reflexión sobre los problemas del hombre moderno, y uno de ellos –como no puede ser de otra manera- es la organización socio-económica. Durante esos años, la Revolución soviética se estaba consolidando y GK en colaboración con Belloc y otros muchos amigos- sintieron la necesidad de buscar soluciones más adecuadas al ser humano que las conocidas hasta ese momento, particularmente capitalismo y socialismo. Establecieron unos criterios básicos –recogidos en el libro mencionado- que iban publicando en el semanario.

Y a partir de ahora dejamos la palabra a Joseph Pearce, en su magistral biografía sobre GK, Sabiduría e inocencia, p.402-3, mostrando el ingenio y agudeza que siempre caracterizó a GK:

«Empezaron a argumentar que la doctrina tendría más crédito si encontraba expresión en una organización política; de este modo nació la Liga Distributista el 17 de septiembre de 1926, en el Essex Hall situado en el Strand. Chesterton abrió la sesión inaugural citando la afirmación de Francis Bacon de que «la propiedad es como el estiércol: sólo es buena cuando está extendida» y siguió diciendo que «la única idea de la Liga es restaurar la propiedad». A la semana siguiente, tuvo lugar la primera reunión del comité, y Chesterton fue elegido presidente en toda regla. Se discutieron nombres alternativos, como el de Cobbett Club, Liga de los luditas o Liga de los pequeños propietarios, y la discusión se prolongó en el G. K.’s Weekly en una serie de artículos:

«La Vaca y los Acres es un nombre apropiado para el pub en el que podríamos reunirnos, pero como planteamiento económico es demasiado limitado…

La Liga de los Hombres Pequeños (Presidente, G. K. Chesterton), puede parecer en principio que alude a los duendes, no obstante, ha tenido grandes apoyos entre nosotros.

Supongamos por otro lado que llamamos al movimiento La Liga de la Propiedad Perdida… En el conjunto de nuestra ideología, la idea de la restauración de la propiedad perdida es más esencial incluso que la idea de la libertad, tal y como la entendemos en la actualidad. La Liga para la Defensa de la Propiedad y la Libertad implica que la propiedad está ahí para ser defendida, mientras que la Liga de la Propiedad Perdida describe exactamente el estado de la cuestión».

Una nota sobre el nudismo

Hoy ofrecemos un texto breve de GK, perteneciente a El hombre corriente, y que por tanto debe estar escrito en 1935-36. Es corto y delicioso, y lo vamos a utilizar como botón de muestra de cómo pensaba GK. Para hacer frente a los retos de nuestro mundo utilizando a GK como herramienta, no se trata sólo de saber lo que pensaba, sino de aprender a pensar como él lo hacía. Este texto breve proporciona un montón de pistas.

Siempre tengo dudas sobre si dejar los textos de GK tal cual o explicarlos, pero entre los comentarios del blog y los comentarios de palabra con algunas personas, se me ocurre que podría utilizarse un sistema como el de las críticas de cine que avisan con la palabra Spoiler sobre lo que viene después: el que se sienta satisfecho con el texto original, que se plante.

Pero primero, el texto de ‘Una nota sobre el nudismo’:

«Algunos de los escritores modernos más inteligentes tienen una ligera costumbre contra la que quisiera protestar. Consiste en negarse de plano a tener en cuenta la opinión de los demás tal cual es y a considerarla según sus propios méritos. El escritor moderno debe de suponer que es una mera cuestión de elegir entre su propia extremada opinión y algo que está en el otro extremo. Encontré un curioso ejemplo de tal cosa en un excelente libro de Cicely Hamilton llamado Modern Germanies. Trata de la secta de los nudistas, que han renovado la vieja herejía de los adamitas y andan muy tranquilos sin ropa alguna encima, y se toman muy en serio; como si la desnudez fuera un invento moderno. Creo que la señorita Hamilton realmente estuvo dudando un poco, pues sus instintos de persona civilizada la movían a reír, y sus instintos de persona progresista, a aplaudir. ¿Qué hace entonces? Se pone a contar la vieja historia de Pablo y Virginia, la muy artificial y sentimental novela del siglo XVIII, en la que la heroína se ahoga porque se niega a quitarse la ropa. Después agrega que si ‘ella tuviera que elegir’ entre Virginia y cualquier chica alemana que encuentre más cómodo andar sin ropa, elegiría a ésta mejor que a aquella. Pero, antes que nada y en primer lugar, ¿por qué tendría ella ‘que elegir’? ¿Por qué no considerar al nudismo por sus propios méritos; y a la opinión que la gente sensata tiene de la ropa, también por sus propios méritos? Si yo tengo que juzgar a un borracho, lo haré sin tomar por los pelos la comparación con un faquir loco que deliberadamente murió de sed en el desierto. Si tengo que juzgar a un avaro, lo llamaré avaro, a pesar de la posible existencia de un noble vienés, loco y borracho, que arrojó diez mil monedas de oro a tina alcantarilla. No alcanzo a comprender por qué la señorita Hamilton recurre a una extravagancia para justificar otra.

Estatua de Lady Godiva, de William Reid (1949) en Coventry, UK

Estatua de Lady Godiva, de William Reid (1949) en Coventry, UK

Segundo, si supone que Virginia representa la moral normal, tradicional o cristiana, probablemente esté muy equivocada. Muchas autoridades del cristianismo le dirán que su idea del sacrificio se parecía mucho al pecado de suicidio. Porque Pablo y Virginia no fue escrita en un período cristiano, sino en uno del todo pagano, cuando la Francia prerrevolucionaria estaba enamorada de los estoicos paganos que no desaprobaron el suicidio. La historia misma se basa en gran parte en un viejo romance clásico. No puede tomarse como típico del cristianismo moderno, ni siquiera del cristianismo medieval. En este sentido, debe recordarse que Virginia es una heroína pagana, y que Godiva fue una heroína cristiana.

Por último, no estoy seguro de que yo eligiese a la muchacha alemana, si me obligaran a elegir. Podemos pensar que se hace un sacrificio a un código de honor equivocado, pero el sacrificio está ahí; y ahí está el honor. No tenemos razones para suponer que la nudista sabe siquiera lo que nosotros entendemos por honor. No sabemos nada de ella, excepto que no sabe lo que nosotros entendemos por dignidad. Como muestra llana de psicología práctica, creo que es muy posible que la pobre y equivocada doncella, que murió por su dignidad, también muriera por su país, como moriría por sus amigos, por su fe, o por su promesa o por cualquier otra obligación digna. De la otra mujer no sabemos nada, excepto que (con el cerdo y otros animales), se siente más cómoda sin ropa. A mi me parece que es una base insuficiente para inspirar confianza moral».

Y a partir de ahora, el Spoiler, con permiso:

Chesterton actúa como crítico de la cultura, atendiendo a lo que se publica a su alrededor, que a su vez atiende a los fenómenos globales. Como hoy…

-Descubre un patrón de conducta en los periodistas cuando se tienen que enfrentar a una realidad que no saben muy bien cómo enjuiciar y es entonces cuando se propone el dilema.

-Pero proponer un dilema no es juzgar por sí misma una cosa, máxime cuando uno no tiene mucha idea de los elementos que introduce en la disyuntiva.

-Una cuestión a tener en cuenta es que solemos pensar que todo lo que pasa a nuestro alrededor es nuevo, cuando en este caso es tan viejo como los adamitas –que recurren al más viejo de todos los hombres, que comenzó yendo desnudo, claro está. Pero habría que saber que el adamismo es una corriente que surge en el siglo II en el norte de África.

-La siguiente cuestión –por lo que tiene de defensa del cristianismo- es pensar que lo tradicional es cristiano por el hecho de serlo, y GK desmitifica la historia de Virginia, que murió por no querer quitarse la ropa -¡qué tontería!, diríamos hoy- siendo una moderna y romántica heroína pagana, mientras que Lady Godiva de Coventry –heroína cristiana de la Edad media- no tuvo reparos en quitarse la ropa para ayudar a sus súbditos cuando hizo falta.

-Por último, GK recurre a la cuestión de los valores –dignidad, honor, confianza moral: todos insisten en la educación en valores, pero a nadie le importan realmente los valores de los demás. Sin embargo, vivimos en sociedad.

Y además, dos apostillas. La primera sobre sus ejemplos: el avaro y el borracho, tan habituales y simpáticos en sus escritos. La segunda sobre su cultura, en contraste con la nuestra, que nos sabemos los éxitos deportivos y musicales, pero carecemos de referencias… sin más, de referencias.

Más sobre paradojas y chestertonadas

Pensaba dejar para algo más adelante esta entrada, pero dado el clima de reflexión sobre la materia, quizá es ahora el momento de hacerla.

Romeroreche estudia  en su comentario a la entrada anterior una estructura de chestertonada. Yo de momento, me voy a limitar a describirla con cuatro notas:

  • Ironía, entendida como una forma de ir contra corriente, pues a GK le divierte dejarnos a dos velas.
  • Buen humor, pues es imposible dejar de sonreír.
  • Sanity, ya que te ayudan a sentirte mejor y si te lo propones, seguro  que a ser mejor persona.
  • Belleza formal: son ideas redondas, adecuadamente expresadas. Quizá es una pena que no todos sepamos inglés como para manejarnos en el original, pero por lo menos podemos disfrutar de la idea en castellano

Pues bien: he aquí el texto que -ni más ni menos- inspiró este blog, tomado de Las paradojas de Mr. Pond, relato When doctors agree. Sabemos que GK siempre filosofaba en sus relatos, pero en esta ocasión, se diría que el GK-autor interrumpe al GK-narrador, con su opinión personal. Aquí está el fragmento, (incluyendo varias chestertonadas de golpe, naturalmente):

«Las paradojas de Mr. Pond eran de peculiarísima especie. Llegaban al extremo de resultar paradójicas infracciones de la ley de las paradojas. La paradoja ha sido definida como «la verdad puesta cabeza abajo para llamar la atención». Se ha dado en vindicar la paradoja aduciendo que, si hay tantísimas falacias aceptadas que siguen inalterablemente en pie, se debe a que carecen de cabeza sobre la cual pudieran hacer el pino.

Mas hay que admitir que es cierto que los literatos, como otros mendicantes y saltimbanquis, frecuentemente intentan llamar la atención. Colocan en lugar destacado, en medio de un diálogo de una obra teatral, o al inicio o al término de un párrafo narrativo, ocurrencias de esa índole portentosa… como cuando Bernard Shaw escribió: La Regla de oro es que no hay ninguna Regla de oro; o cuando Oscar Wilde observó: Puedo resistirlo todo excepto la tentación; o cuando un escribidor mucho más romo (indigno de ser equiparado a los antedichos y que actualmente expía sus errores tempraneros aplicándose a la nobilísima causa de dejar constancia de los aciertos de Mr. Pond) apostilló en defensa de principiantes y chapuceros y zoquetes varios como él mismo: Si merece la pena hacer una cosa, merece la pena hacerla mal«.

Hay un blog en español que utiliza como lema esta frase, modificada: «Si vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa», probablemente para destacar el valor de la acción y la perseverancia… porque es la frase que circula por todas partes en castellano. Pero el original es éste, mucho más chestertónico, sin duda: «If a thing is worth doing, it is worth doing badly.»

Ortodoxia, un libro lleno de chestertonadas

La filosofía de Chesterton

Aunque la reflexión sobre la paradoja aporta lo suyo, aún no hemos terminado de definir las chestertonadas -ver la primera entrada sobre el tema y sus comentarios– por lo que lo mejor es seguir exponiendo ejemplos, para ver si lo conseguimos. Si hay un ensayo clásico de GK, es Ortodoxia, que los que no lo conocen tienden a asociar a un repaso del cristianismo. En realidad, es el libro en el que GK explica su visión de la vida, un contar a todos su crisis personal y la forma de salir de ella, que hizo de él un personaje tan genial.

«Mi primera y última filosofía, aquella en que creo con fe inquebrantable, la aprendí en la edad de la crianza. Puedo decir que la recibí de la nodriza; es decir, de la sacerdotisa, solemne y orientadora, que representa la tradición y la democracia a un tiempo mismo. Aquello en que más creía yo entonces, y en que sigo creyendo más, son los cuentos de hadas. Y en verdad, no son tan fantásticos como se dice. ¡Cuántas cosas, comparadas a ellos, resultan más fantásticas todavía! A su lado, el racionalismo y la religión parecen igualmente anormales, aunque anormalmente justa la religión, y anormalmente falso el racionalismo. [Los cuentos de hadas] me parecen lo más razonable que hay en el mundo (Ortodoxia, Cap.4).

No es de extrañar que, con expresiones como ésta, GK desconcierte y atraiga a tantos por igual. Ahora no podemos glosarlo, tan sólo dar un par de pistas: asombro, agradecimiento, existencia de reglas. Como él mismo dice, hace falta un libro para llegar a explicarlo: Ortodoxia, que si Dios quiere, pronto comentaremos en este blog, dedicándole una página entera. Pero aquí, Acantilado nos ofrece un aperitivo.

Lepanto, por GK Chesterton

Me cuesta trabajo entender la poesía de GK, porque son versos largos y de carácter épico. Sin embargo, con motivo del aniversario de la batalla de Lepanto, el día 7 de octubre, he encontrado una lectura del poema que GK escribió en 1915, y que recomiendo, porque -además de poder seguir el texto en la pantalla- uno puede hacerse una idea de la pasión que proporcionan sus versos en su lengua original. La grabación está a cargo de SpokenVerse.

Como libro ha sido publicado en Español por Renacimiento en 2003, y es lo mejor que se ha publicado en español en la poesía de GK, por tener el acierto de publicar también la versión original, para poder contrastar. Aquí se accede a la reseña de Jorge Soley Climent.

De todas formas, si alguien lo desea, puede acceder a la versión en español a cargo de Jorge Luis Borges, en la página de Martin Ward.

La leyenda de San Francisco

Acabamos de celebrar la festividad de San Francisco de Asís: desde muy pronto, el joven Chesterton se interesó por su figura, escribiendo un ensayo en la época de colegio, y más tarde, en 1923, poco después de su conversión, una biografía fascinante, muchas veces editada.

Hoy publicamos un texto completo de GK de dimensiones asequibles, poco más de un folio -inaugurando así una nueva sección del blog-. Está recogido en Fábulas y cuentos, publicado por Valdemar, y apareció en el GK’s Weekly en 1926. Ironía y capacidad de intuición -¿don de la profecía?- son la mejor carta de presentación para este relato que habla de nuestros días. Lo publicamos en homenaje al Papa Francisco, que seguro que disfrutaría con su lectura, en el día de su patrono:

«San Francisco, que jugaba en los prados del cielo, había sido informado por su biznieto espiritual Fray Bacon (que se interesa por las cosas nuevas y curiosas) de que el mundo moderno estaba a punto de presenciar una importante celebración en honor del gran fundador. San Francisco, aparte de su gran amor hacia los miembros de su comunidad, sintió un deseo incontenible de estar presente; pero el beato Tomás Moro, que había visto el comienzo del mundo moderno y tenía sus dudas, movió la cabeza con ese humor melancólico que hacía de él una compañía tan encantadora.

-Me temo –dijo- que encontrarás muy desolador el actual estado del mundo para tus esperanzas de Sagrada Pobreza y de caridad con todas las cosas. Incluso cuando me fui (bastante bruscamente) los hombres empezaban a apoderarse codiciosamente de la tierra, a acumular oro y plata, a vivir nada más que para el placer y el regalo en las artes.

San Francisco dijo que estaba preparado para eso; pero aunque bajó a la tierra preparado en este sentido, al pasearse por el mundo se quedó perplejo.

Al principio tuvo cierta esperanza, no desprovista de santo temor, de que toda la gente se hubiera hecho franciscana. Casi nadie tenía tierras. Muchísimos estaban sin hogar. Si era verdad que todos habían estado acumulando propiedades, resultaba extraño que casi nadie tuviese nada. Entonces se encontró con un Filántropo, que le confesó que tenía ideales muy parecidos a los suyos, aunque no los exponía con la misma claridad; y San Francisco tuvo ocasión de disculparse, con todos sus buenos modales característicos, porque su voto le prohibiera llevar oro o plata en la bolsa.

-Yo nunca llevo dinero encima –dijo el Filántropo asintiendo con la cabeza-. Nuestro sistema de crédito se ha vuelto tan completo que en realidad las monedas resultan anticuadas.

Acto seguido sacó un trocito de papel y escribió en él; y el santo no pudo sino admirar la hermosa fe y simplicidad con que se aceptaba este garabato como sustitutivo del dinero en efectivo. Pero según ahondaba más en la conversación con el Filántropo, se iba volviendo más escéptico y desasosegado en su fuero interno. Por ejemplo, era indudable que, debido a ciertos votos sumamente respetables, el Filántropo y la mayoría de los demás comerciantes vestían de negro, de gris y de otros colores austeros. Desde luego, daba la impresión de que, en un rapto de humildad cristiana, se habían ataviado lo más horrendamente que podían, con unos sombreros y unos pantalones absolutamente espantosos para la sensibilidad artística del italiano. Pero cuando se puso a hablar con amable temor del sacrificio que hacían, y de lo duro que había sido incluso para él renunciar a las túnicas y capas púrpura, a los cinturones y los puños de espada dorados de su alegre y gallarda juventud, se quedó desconcertado al enterarse de que en esta época los mercaderes de su mismo gremio jamás habían sentido siquiera la tentación de llevar espada. Cada vez se iba convenciendo más de que pertenecían a un orden espiritual más puro que el suyo; pero, como este sentimiento no era nuevo para él, seguía confiando a estos ascetas los defectos de su propio ascetismo. Les contó cómo había gritado: «Aún puedo tener hijos», y cuánto lo atraía la vida familiar, cosa de la que todos se rieron y empezaron a explicar que pocos tenían hijos ni querían tenerlos. Y mientras seguían conversando, esa comprensión que está terriblemente alerta incluso en el más inocente de los santos empezó a apoderarse de él como una parálisis espantosa. No está claro si comprendió completamente cómo y por qué se negaban a sí mismos este placer natural; pero lo que sí es cierto es que regresó al cielo precipitadamente. Nadie sabe lo que piensan los santos en realidad, pero hubo quien dijo de él que había llegado a la conclusión de que las malas personas de su época eran mejores que las buenas de la nuestra».

Chesterton, el rey de Fleet Street

Otra especie de sección del blog será la de ir contando detalles de la vida de Chesterton poco a poco, que permitan una mayor familiaridad con su persona y su vida. Comenzamos por los inicios de la carrera periodística del GK, en los primeros años del siglo XX.

Fleet StreetTras su paso por la Slade School, una especie de academia de pintura, un entorno social en el que GK pudo conocer de primera mano toda la decadencia del mundo moderno, Chesterton comenzó a escribir reseñas de libros para diversos medios, hasta que, tras sus críticas a la imperialista guerra de los boers, saltó a la fama, y fue llamado para trabajar en diversos medios de relieve: comenzaba así su etapa en Fleet Street,  y ya se codeaba con los mejores periodistas y escritores de su tiempo. El ambiente de esa calle, en la que estaban situados los periódicos de Londres era muy agitado. GK hace reseñas, escribe crónicas, pronuncia conferencias, se reúne con sus colegas en los pubs, para comer y beber cerveza, criticar la sociedad y reír y disfrutar en noble camaradería. Tiene 30 años y ha publicado ya Herejes y El hombre que fue Jueves. Como dice L.I. Seco en su biografía, se había convertido en el rey de la bohemia periodística. Es una época de un periodismo vivo y arriesgado: se escribe y se discute con pasión y aventura, y hay libertad para expresar las propias ideas, a pesar de que las de GK iban cada vez más contra corriente, mientras se gestaba Ortodoxia: pero oírselas contar a GK era todo un espectáculo para sus compañeros.

Seco dice que GK no comprendió nunca por qué había caído con tan buena estrella en Fleet Street: «todos le habían advertido que el secreto consistía en escribir para cada periódico lo más adecuado a su línea de opinión y él había hecho exactamente lo contrario, descubriendo los cafés franceses y las catedrales católicas a los lectores del nada conformista Daily News y defendiendo ante la parroquia laborista del viejo Clarion la teología medieval».

Desde entonces, Chesterton siempre cayó bien y fue querido por todo el mundo.