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¿Escribió Chesterton sobre el aborto? Un argumento original

Realmente, no lo sé. No he leído todo lo que GK escribió, y si en algún momento leí algo al respecto, no lo recuerdo. Pero me parece que la actualidad del tema en España bien merece una reflexión chestertoniana. No sería coherente, sabiendo que Chesterton siempre se involucró en las cuestiones de su tiempo.

Desde luego, la cuestión del aborto no era un tema de actualidad en la época de Chesterton. Así que me he dirigido a un libro –que aún no hemos podido tratar en el Chestertonblog- que GK dedicó a una cuestión muy próxima y que tuvo su momento candente en los años 20 del siglo XX:  La eugenesia y otras desgracias, publicada por Espuela de Plata en 2012, de la que ofrecemos la recensión de Bienvenidos a la fiesta. Como sabemos, la eugenesia es un conjunto teorías y de prácticas orientadas a la mejora de la especie humana, que desecha a los individuos de menor ‘calidad’, despreciando su dignidad. Difundida a finales del siglo XIX y justificada científicamente por la teoría de la evolución, Estados Unidos y Suecia tuvieron leyes avanzadas que por fortuna fueron pronto abolidas. La intervención de Chesterton y sus colegas hicieron que las leyes británicas fueran las más moderadas del entorno.

Pues bien, en ese libro he encontrado una reflexión  que además nos ayuda a comprender mejor el problema: El que no ama a su esposa a quien ve, ¿cómo podrá amar al hijo a quien no ha visto? (p.115). Y entonces he acudido al Instituto Nacional de Estadística español y he encontrado unos datos suficientemente expresivos de la realidad actual que -más allá de la permisividad de las leyes- se mueve a razón de 100.000 rupturas anuales desde hace mucho tiempo:

Grafico evolucion divorcio en España 2002-2011

Como otras veces, la agudeza sociológica de Chesterton -su capacidad de establecer relaciones entre cuestiones que no son directamente evidentes para la mayoría- da en el clavo de lleno, ayudando a comprender el fenómeno actual.

La divertida crítica de Chesterton a tecnócratas y urbanistas

Limehouse en la actualidad

Limehouse en la actualidad

Seguimos trabajando en el Club Chesterton de Granada la obra Esbozo de sensatez, sobre la propuesta distributista. La propiedad repartida –los medios de producción distribuidos- implicaría que más gente viviría en el campo, aspecto al que Chesterton dedica varios capítulos del libro, lo que implica mostrar cierto contraste con las ciudades. Su crítica incluye un fuerte ataque a los planificadores urbanos que deciden que la gente –que llegaba entonces en masa desde el campo- debía instalarse en alojamientos verticales con características prediseñadas. Leer el fragmento de la crítica a lo que entonces se hizo en Limehouse –hoy un barrio del East End de Londres- es un disfrute, por la grandísima ironía que GK despliega en el texto. Pero es además un ataque a los planificadores tecnocráticos, que no supieron valorar que la gente necesitaba elementos que mantuvieran vínculos con el campo del que provenían… y, según GK, al que podrían volver si se dieran las condiciones adecuadas:

La disputa sobre los arrabales de Limehouse  era el modelo de guía del problema… si es que podemos llamar modelo de guía a algo que no guía y sobre lo cual sólo un loco modelaría algo.
Los habitantes de los barrios bajos dicen verdadera y decididamente que prefieren sus casuchas a los bloques de apartamentos que se les proporcionan como alternativa de las casuchas. Y las prefieren, se afirma, porque las casas viejas tenían al fondo corrales donde podían dedicarse «a sus hobbies de pájaros y a la cría de gallinas». Cuando se les ofrecieron otras oportunidades, sobre un plan de asignación, tuvieron la espantosa depravación de decir que les gustaba tener cercas alrededor de sus corrales privados. Tan terrible y abrumador es el torrente rojo del comunismo cuando entra en ebullición en los cerebros de las clases trabajadoras.
Desde luego, es concebible que sea necesario, durante alguna convulsión violenta, que las casas de la gente se apilen una sobre otra en forma de torres de apartamentos. Y así también podría ser necesario que los hombres treparan sobre los hombros de otros hombres durante un diluvio o para salir de una grieta abierta por un terremoto. Y lógicamente es concebible, y hasta matemáticamente exacto, que disminuiríamos las muchedumbres de las calles de Londres si pudiéramos acomodar a los hombres verticalmente, en vez de horizontalmente. Si solamente hubiera algún medio por el cual un hombre pudiera caminar con otro hombre de pie encima de él, y otro sobre éste y así sucesivamente, se ahorrarían muchos empujones. Los hombres se colocan de este modo en las pruebas de acrobacia, y es claro que tales acrobacias podrían hacerse obligatorias en todas las escuelas.
Es una imagen que me agrada mucho… como imagen. Espero ver (en mi afición al arte por el arte) semejante torre viviente moviéndose majestuosamente a lo largo de la avenida del Strand. Me agrada pensar en un tiempo de verdadera organización social, cuando todos los empleados de los señores Boodle & Bunkham  ya no aparezcan en la forma desordenada y dispersa en que lo hacen actualmente, cada uno desde su pequeña villa suburbana. Ni siquiera marcharían, como en la etapa inmediata e intermedia del Estado Servil, en una columna de filas bien formadas, desde el dormitorio de una parte de Londres hasta el emporio de la otra. No. Ante mí surge una visión más noble que llega hasta las alturas del mismo cielo: una pagoda tambaleante de empleados, cada uno en equilibrio sobre otro, se mueve a lo largo de la calle, haciendo tal vez demostraciones acrobáticas en el aire a medida que avanza, para mostrar la perfecta disciplina de su maquinaria social. Todo eso sería muy impresionante; y, entre otras cosas, realmente economizaría espacio.
Pero si uno de los hombres cercanos a la punta de esa torre movediza dijera que esperaba poder volver a visitar la tierra algún día, simpatizaría con su sentido del destierro. Si dijera que para el hombre lo natural es caminar sobre la tierra, yo estaría de acuerdo con su escuela filosófica. Si dijera que es muy difícil cuidar pollos en esa postura acrobática y a esa altura, yo pensaría que su dificultad es una dificultad verdadera. En principio podría responderse que el amor a los pájaros sería más adecuado a la percha tan etérea, pero en la práctica esos pájaros serían pájaros muy caprichosos. Por último, si ese hombre dijera que cuidar gallinas ponedoras es una tarea social digna y estimable más estimable y digna que servir a los señores Boodle & Bunkham con la más perfecta disciplina y organización, yo estaría de acuerdo con ese sentimiento por encima de todo lo demás. (Esbozo de sensatez, 10-06 y 07).

Como se ve, el contraste entre los empleados comerciales e industriales frente a los elementos de la vida campesina es constante y veremos algún otro ejemplo. Pero además, hay una cosa que es muy característica de Chesterton: su grandísima consideración del hombre corriente, como ya hemos dicho algunas veces, hasta el punto de considerar sus puntos de vista como una auténtica escuela filosófica, en contraste con la pretensión habitual de los intelectuales y más todavía, en este caso particular, los tecnócratas del Estado moderno, a los que define como esa multitud de personas despreciables por importunar a los pobres con fingida ciencia y tiranía mezquina (ES 10-12).

Chesterton en la #GrinWeek de la Universidad de Granada

Me han pedido en la desconferencia de la #GrinWeek 2014 de la Universidad de Granada que mostrase a todos por qué Chesterton es un escritor para nuestro tiempo, en cinco minutos. Ésta ha sido más o menos mi exposición:

GrinWeek ugr 3

Cuando Chesterton (1974-1936) quiso ser pintor, con 19 años, entró de lleno en un ambiente decadente, egotista y pesimista, que estuvo a punto de arrastrarlo. Su afición a la narrativa –especialmente, el optimismo de autores como Dickens, Whitman, Browning y otros- le animó a romper con aquello, comprendiendo que cualquier aventura, especialmente la aventura de la vida –para serlo verdaderamente-, está llena de condiciones y limitaciones, al tiempo que debíamos estar profundamente agradecidos por el don de la vida. Acabó dedicándose al periodismo y la literatura.

Chesterton poseía unas dotes extraordinarias para el análisis de cuanto veía, especialmente para advertir las últimas consecuencias tanto de los razonamientos como de las acciones humanas y su relación mutua. Comparó la vida con un misterio, con una especie de cerradura, cuya llave había que encontrar. La llave debía reunir determinadas condiciones: tener la posibilidad de superar el pesimismo, sin caer en el optimismo ingenuo; permitir disfrutar de la vida y de los bienes, sin hacerlos fines en sí mismos; debía ser reconocer en el prójimo a un igual y, por último, debía tener un equilibrio entre todas las facultades del ser humano, que debía vivir en libertad y sensatez, sin obsesionarse con romper limitaciones absurdas, que enriquecían la vida: Como lo suelen hacer los chicos precoces, yo quise adelantarme a mi tiempo; como ellos, quise adelantarme, aunque fuera unos diez minutos, hacia la hora de la verdad. ¡Y todo para descubrir, a la postre, que andaba yo atrasado en unos mil ochocientos años! (Ortodoxia, Cap.1).

Así, encontró que su propuesta existía ya desde hacía XIX siglos: era la respuesta cristiana y –atraído especialmente por el apasionamiento de San Francisco y el sentido común de Santo Tomás, autores que biografiaría más tarde- comenzó su acercamiento al cristianismo, aunque no se hizo católico hasta 1922, con 48 años.

Mientras tanto, desarrolló su filosofía de la sensatez: se dio cuenta de que las tradiciones era depositarias de un sorprendente grado de sentido común, mientras que el mundo moderno exaltaba lo nuevo por lo nuevo, en un afán de cambiarlo todo, que hacía más ricos a los ricos y llenaba la cabeza de la gente corriente de ideales atrayentes pero insensatos –como la confianza en sí mismo (superhombre), el progreso científico que nos traería un nuevo mundo, el crecimiento del Estado que de acuerdo con las grandes empresas creaba un sistema capitalista que establecía para la mayoría una nueva forma de servidumbre en una sociedad salarial, en vez de hacernos propietarios.

Chesterton desconcertaba en el ambiente puritano de su época, por el sentido disfrutador que daba a todo lo que hacía, pero su sentido placer agradecido trascendía el materialismo del carpe diem. Tenía unas cualidades singulares: era muy simpático y divertido, en su trato y en sus escritos, llenos de agudeza en un estilo peculiar; fue siempre muy respetuoso: criticaba rigurosamente las ideas de los demás, sin atacar a las personas. Y no tenía enemigos a pesar de su incorrección política: en su día se hizo famoso criticando el imperialismo británico y defendiendo a los conquistados, pero aún hoy nos recuerda que el divorcio sólo es una superstición que arregla pocas cosas y no nos hace más felices.

Chesterton fue y es querido y admirado por personas de todas las tendencias políticas y sociales y traducido por editoriales de todo signo ideológico. Es muy famoso por sus citas, pero su profundo pensamiento es muy útil para el mundo de hoy, por su capacidad crítica ante los ideales que la sociedad tiene comúnmente aceptados, particularmente un orden social y económico que nos ofrece lujos, pero nos hace dependientes, una ciencia que promete la solución técnica de todos los problemas y un orden cultural que nos tiene entretenidos, mientras nos hace creer que pensamos por nosotros mismos.

A Chesterton le encantaban las paradojas: una de sus ideas principales es que el ser humano siempre está buscando su hogar, pero a veces, para encontrarlo tiene que dar la vuelta al mundo. También es paradójico que sus planteamientos vitales cuadren perfectamente en el contexto de la ética hacker que –comenzando en el mundo de los informáticos- hoy se abre camino entre profesionales de diversos ámbitos: hay que recuperar la pasión, el sentido común, la creatividad la sensatezPara glosar su pensamiento y aprender a pensar como él, se hizo el Chestertonblog.

Chesterton: origen de la biografía de Santo Tomás de Aquino

Ayer –28 de enero: parece que siempre llegamos tarde- se celebró la festividad de ese hombre colosal que fue Tomás de Aquino. La biografía de Santo Tomás de Aquino –editada en español por Homo Legens (200)- es una de las obras más famosas e importantes de Chesterton y merecerá un estudio a fondo en el Chestertonblog. Por eso, hoy tan sólo vamos a contar su origen, basándonos en los datos que proporciona la biografía de Joseph Pearce (1998).

Sto Tomas de Aquino

Hay que situarse en la primavera de 1933, tres años antes del fallecimiento de GK. El libro sería, junto a la Autobiografía, su última obra general. La escribió a petición de la editorial Hodder & Stoughton -que todavía existe-, y que quería publicarla junto con la exitosa biografía de San Francisco de Asís, escrita diez años atrás, y del que existen numerosas ediciones en castellano.

Según Pearce (p.523), «Bernard Shaw se entusiasmó al enterarse de que habían encargado el libro a su amigo. ‘Es estupenda la noticia de esta obra sobre el Divino Doctor —expresaba en una carta a Frances—. Llevo años predicando que la pasión intelectual es la más arrobadora de todas en definitiva; y considero a Tomás un ser digno del mayor elogio porque me ha precedido en este aspecto’. Otros, sin embargo, contemplaban el proyecto de la biografía con mucho menos entusiasmo. Tenían sus dudas incluso aquellos a quienes se consideraba normalmente admiradores y buenos amigos suyos», como la propia Maisie Ward y su marido, editores de las obras de Chesterton en Estados Unidos.

Como sabemos, las biografías de GK carecen de erudición, pues a Chesterton le interesaba menos el dato concreto que las cuestiones de fondo que revelan la realidad de la vida, incluso más allá del propio protagonista. Pero «el nuevo estudio trababa de uno de los filósofos más importantes de toda la historia y se perdía en un campo que según pensaban muchos, Chesterton no había explorado y no estaba cualificado para internarse en él. Así las cosas, no sorprende que hasta una editorial católica como Sheed & Ward estuviera seriamente preocupada por la perspectiva del libro. Si los editores hubieran sabido la inconsciencia con que Chesterton abordaba el trabajo, difícilmente se habrían disipado sus temores. Dorothy Collins [su secretaria] recordaba que tras despachar los artículos semanales, decía de repente: ‘Vamos a ponernos un rato con Tommy’. De este modo le dictó la mitad de la biografía, sin consultar un solo libro. Al final, le pidió que fuera ‘a Londres a traerme algunos libros’. Cuando Dorothy le preguntó qué libros necesitaba, le contestó que no lo sabía. Ella escribió al padre O’Connor a toda prisa y recibió a vuelta de correo una lista de las obras clásicas y más recientes sobre santo Tomás. Según Dorothy, cuando le dio los libros a Chesterton, los hojeó rápidamente y luego procedió a dictarle el resto del libro sin volver a consultar ninguno de ellos» (Pearce, pp.524-5).

Como sabemos, además de poseer una memoria prodigiosa, Chesterton había leído intensamente a Santo Tomás durante su período de acercamiento al cristianismo, y –aunque GK no era nada escolástico-, sus obras le habían proporcionado los sólidos fundamentos de su filosofía realista, que era la base de ‘el colosal sentido común de santo Tomás de Aquino’ -según mencionaba en la biografía de Chaucer,  escrita un año antes- el sinónimo de sensatez.

Continúa Pearce (p.525): «De todas formas, adhiriéndose a la convicción de Shaw de que ‘la pasión intelectual es la más arrobadora de todas’, esperaba que la biografía ganara en pasión lo que perdía en precisión. Él adoraba a santo Tomás tanto con el corazón como con la cabeza y comprendía sus enseñanzas igualmente con el corazón y la cabeza. Confiaba en que bastara con eso. En efecto, un amigo que le vio a la salida de la misa del día del Corpus Christi, cuando estaba en plena redacción del libro, nos ofrece una interesante visión de ese amor: ‘Como estoy intentado escribir sobre santo Tomás —le explicó— se me ha ocurrido que lo menos que podía hacer era venir a comulgar en el día en que escribió su Misa‘. Otros amigos le recuerdan en la procesión del Corpus en Beaconsfield con ánimo similar, cantando el himno de santo Tomás, el Pange Lingua, con todo el corazón y desentonando bastante. No se daba cuenta en absoluto de que se había convertido en objeto de risas para los habitantes de las casas situadas frente a la iglesia que contemplaban atónitos y divertidos su modo de proceder».

El resto ya lo sabemos: Etienne Gilson (1884-1978), uno de los más grandes tomistas del siglo XX, consideraba el libro como una de las mejores obras jamás escritas sobre Santo Tomás.

Puedes comenzar a leer el libro de Chesterton sobre Santo Tomás aquí, en versión bilingüe, incluso.

Borges: la ‘claridad latina’ de Chesterton

Ayer -27 de enero- fue el aniversario de la muerte de Victoria Ocampo (1890-1979): escritora, intelectual, ensayista, traductora, editora y mecenas argentina, que para los amigos de Chesterton es relevante por haber sido la fundadora de SUR, que fue tanto una revista como una editorial. Jorge Luis Borges publicó en su número 22 (julio de 1936, un mes posterior al fallecimiento de Chesterton) su famoso artículo Modos de GK Chesterton, que por fortuna podemos ofrecer en el Chestertonblog en versión original.

Portada de SUR n.22

Teníamos pendiente una referencia a este autor argentino que tanto ha hecho por Chesterton, empezando por la famosa frase de que no hay ninguna página de GKC que no ofrezca una felicidad -más o menos, pues no pertenece a este artículo, y la tengo pendiente de localización.

Como necrológica, Borges expone cuatro modos o perfiles de Chesterton -en esto, estamos en sintonía con él, aunque aún no tenemos elaborado más que el de periodista-: padre de la Iglesia, narrador policial, escritor y poeta. Todos sabemos que Borges y Chesterton no tenían mucha afinidad ideológica, por lo que el texto -de tan sólo 7 páginas- no es una apología, sino un comentario personal de su obra, que reparte críticas y alabanzas a partes iguales.

El texto da para muchas entradas, pero ¿qué seleccionar ahora entre tantas buenas ideas? Dado que estamos estudiando Esbozo de sensatez, voy hacer referencia a una cualidad peculiar. Como hemos dicho en otro sitio, es una obra compleja, de aparente desorden, hasta que uno la analiza con detenimiento y se da cuenta de que -aunque sea repetitiva e insistente, y más bien desorganizada- la cabeza de GK tiene clarísimo dónde nos quiere llevar. Y lo mismo podría decirse de otras obras de Chesterton. Por eso, selecciono estas palabras:

«En algún tiempo (y en España) hubo la distraída costumbre de equiparar los nombres y la labor de Gómez de la Serna y de Chesterton. Esa aproximación es del todo inútil. Los dos perciben (o registran) con intensidad el matiz peculiar de una casa, de una luz, de una hora del día, pero Gómez de la Serna es caótico. Inversamente, la limpidez y el orden son constantes en las publicaciones de Chesterton. Yo me atrevo a sentir (según la fórmula geográfica de M. Taine) peso y desorden de neblinas británicas en Gómez de la Serna y claridad latina en G.K.» (SUR, p.52).

Chesterton y el capitalismo: precisión conceptual… con ironía

No pertenezco al tipo de hombre riguroso que prefiere expresar correctamente lo que no quiere decir antes que expresar incorrectamente lo que quiere decir (Esbozo de sensatez, 01-05).

Probablemente, esta frase de Chesterton hay que leerla varias veces antes de comprenderla bien del todo: no pasemos por encima de ella como una chestertonada más. Vamos a explicarla en su contexto, para mostrar una cosa que todavía ha aparecido poco en el Chestertonblog: el rigor metodológico en el pensamiento de GK, a veces empañado por la ironía, que es lo que hace compleja frase.

Ya llevamos muchas entradas estudiando la visión crítica que GK tenía del capitalismo: pincha en la etiqueta economía o en las páginas dedicadas a Esbozo de sensatez, si quieres saber más. Su propuesta era el distributismoesto es, la distribución de los medios de producción entre la gente, el reparto del capital y de las posesiones, en contra de una sociedad asalariada: al capitalismo lo llamaba proletarismo. En el primer capítulo del libro muestra que realmente existieron sociedades de hombres libres y propietarios: en la Edad Media, aunque hoy nos parezca increíble. Hoy recogemos dos fragmentos. Primero, el inicio de ese capítulo, en el que -con otra chestertonada muy suya- critica las soluciones modernas al problema de la subsistencia humana, estableciendo diferencias conceptuales:

Es evidente que el carterista es un defensor de la empresa privada. Pero quizá sería exagerado decir que el carterista es un defensor de la propiedad privada.
Lo característico del capitalismo y del mercantilismo, según su desarrollo reciente, es que en realidad predicaron la extensión de los negocios más que la preservación de las posesiones. En el mejor de los casos han tratado de adornar al carterista con algunas de las virtudes del pirata.
Lo característico del comunismo es que reforma al carterista prohibiendo los bolsillos (Esbozo de sensatez, 01-01).

El segundo texto insiste en la necesidad de definir y llamar a las cosas por su nombre, en vez de engatusar a la gente con definiciones a medias. Por cuestiones como ésta se abrió el Chestertonblog: porque GK enseña a pensar a fondo y no aceptar la realidad dada. El fragmento está precedido por la frase inicial, que repito para que se entienda mejor:

No pertenezco al tipo de hombre riguroso que prefiere expresar correctamente lo que no quiere decir antes que expresar incorrectamente lo que quiere decir.

Me es del todo indiferente el término comparado con la significación. No me importa si nombro una cosa u otra con esta simple palabra impresa que empieza con ‘c’, en tanto que se aplique a una cosa y no a otra. No tengo inconveniente en usar un término tan arbitrariamente como se usa un signo matemático, con tal de que sea aceptado como signo matemático. No tengo inconveniente en llamar ‘x’ a la propiedad y al capitalismo ‘y’, con tal de que nadie piense que es necesario decir x=y. Y no tengo inconveniente en decir gato en vez de capitalismo y perro en lugar de distributismo, con tal de que la gente comprenda que ambas cosas son lo bastante diferentes como para reñir como el perro y el gato.
La propuesta de una mayor distribución del capital sigue siendo la misma, llamémosla como la llamemos, o en cualquier forma que llamemos la presente y notoria oposición a ella. Es lo mismo afirmarla diciendo que hay demasiado capitalismo en un sentido o demasiado poco capitalismo en otro. Y en realidad resulta bastante pedante decir que el uso del capital debe ser capitalista.
Con igual justicia podríamos decir que todo lo social debe ser socialista, que el socialismo puede identificarse con una velada social o con un banquete. Lo cual, siento decirlo, no es verdad (Esbozo de sensatez, 01-05).

¿Dificultades al leer a Chesterton? Una guía para solventarlas

1. Las traducciones suponen la primera dificultad: ya hemos dedicado un par de entradas a la cuestión, con ejemplos, que pueden verse pulsando en la etiqueta correspondiente. Los principales problemas que identificamos son la traducción propiamente insuficiente, en el sentido de no considerar posibles significados a las expresiones que GK utiliza, el paso del tiempo –que transforma los significados de las palabras-, o la forma de componerlas para el español de hoy; el propio deseo de hacer una buena literatura en español, pero que oscurece la claridad de la frase original, y sobre todo, el desconocimiento del pensamiento de Chesterton, que ayuda mucho a entender el sentido específico de lo que hay que expresar en español. En esta entrada se alaba a quienes proponen un método abierto de corrección y mejora de sus traducciones, criterio que seguimos en nuestras versiones de los textos de GK.

2. Una dificultad menor procede de mencionar con muchísima frecuencia personajes -históricos o literarios- o lugares poco conocidos en España, pero muy populares en el mundo anglosajón en su época. Este problema se resuelve fácilmente con notas a pie de página, pero las distintas ediciones de las obras de Chesterton lo tratan de modo muy distinto: la mayoría ofrece esas notas del traductor con la adecuada explicación, pero algunas no realizan esa labor mínima de investigación, y se echa de menos. Las más de las veces, el traductor considera que algunos nombre merecen nota y otros no, lo que resuelve el problema sólo en parte. Por fortuna, son escasas las veces que el desconocimiento del personaje o lugar impide entender el sentido de la frase en cuestión, por lo que –salvo excepciones- es un problema menor.

3. La pequeña, pero necesaria sincronización con algunos temas de hoy. Chesterton vivió en el tránsito del siglo XIX al siglo XX: un cuarto de siglo en el primer caso y algo más de un tercio en el segundo. GK tuvo esa lucidez que se otorga a algunos grandes observadores de la Modernidad: Friedrich Nietzsche, Charles Baudelaire, Georg Simmel, Walter Benjamin… Con poco más de un siglo, estos autores tuvieron el don de advertir –en determinadas manifestaciones de su época, a veces muy sutiles- lo que un siglo después sería la plenitud de la Modernidad, que algunos denominan Postmodernidad. Nuestro Chesterton se encuentra en este reducido grupo de clarividentes. Sin embargo, como es lógico, a veces hay referencias que precisan una cierta sincronización, que es la palabra que utiliza García-Máiquez (prólogo a La superstición del divorcio) para referirse a las aclaraciones conceptuales: el papel de la mujer, la cuestión de los judíos, cierta consideración de los pobres… Para solventar estas cuestiones y algunas otras que exceden este plano, abriremos una página completa que se llame Dificultades y enigmas, porque puede sorprender cómo es posible que un tipo tan agudo como GK sostuviera que era mejor para la mujer no acceder al sufragio. Pero también hay otras cuestiones que suscitan igual interés: la crítica a los optimistas -pues él lo era- o la defensa de un mundo eminentemente agrario por parte de un gran urbanita, como de hecho era el propio Chesterton.

4. El estilo, a veces denso y barroco, y de apariencia desorganizado (aparentemente, porque GK sabe siempre perfectamente dónde quiere llevarnos). Lleno de brillantes ideas y paradojas sorprendentes, agudo como él solo, pero al mismo tiempo, haciéndonos recorrer territorios impensables para el lector, que producen tanta satisfacción como desconcierto. Esto ocurre en determinados textos más largos, que hacen de muchos de sus ensayos tan brillantes como de difícil comprensión. Por eso mismo, merece una página completa, además de las entradas que ya existen en el blog, dedicadas a eso. En cualquier caso, no olvidemos que GK es ante todo un artista: quiso ser pintor, aunque al final se decantó por la escritura. Sus escritos de crítica de la cultura son brillantes, porque siente lo que sentían los artistas, pues era las dos cosas a la vez. Parte del estilo es lo que hemos llamado chestertonadas, expresiones formales o conceptuales típicas de GK: no son sólo las paradojas, sino otras muchas expresiones. Pueden gustar o no, desde luego, no dejan indiferente. Hay muchas en la etiqueta correspondiente, y algún día llegará su estudio sistemático.

5. El método de GK está estrechamente relacionado con su estilo en términos de presentación -que ya sabemos enrevesado-, aunque ahora me refiero menos a la forma en que lo dice que a la manera en que funciona su cabeza, en sentido filosófico: qué argumentos utiliza y cómo los construye, de qué manera llega a sus conclusiones. Como el método en sí no es un problema propiamente dicho. Así que ahora se trata simplemente de anunciar una página propia: aprender a pensar como GK es uno de los objetivos del blog. No sé hasta qué punto estarían de acuerdo conmigo los filósofos, pero yo veo al mejor Chesterton filósofo en la importantísima cuestión del método de acceso a la realidad. GK no trató de realizar grandes aportaciones teóricas, sino aplicables a la vida cotidiana, a una forma de ver el mundo, que –estoy convencido- todos podemos aprender.

6. Los conceptos fundamentales de GK tampoco suponen un problema realmente, antes al contrario, pues en cuanto se le conoce un poco más, nos damos cuenta de que el universo conceptual de GK es relativamente reducido, en contraste con la inmensa cultura: llega un momento en que vemos las ideas y los conceptos fundamentales de Chesterton en cada línea y, al relacionarlo con todo lo demás, se entiende mejor y se disfruta aún más, porque sabemos cómo encaja esa pieza en el gigantesco rompecabezas que compuso con sus escritos. Pero, con GK sucede lo que se dice a veces de los escritores, que escribieron un único libro. La idea de esta página sería, por tanto, unir y definir brevemente los conceptos en un marco, y glosarlos en las entradas del blog, donde se vea cómo los usaba de hecho.

Instrucciones para leer a GK

«Antes de leer a Chesterton, debemos saber lo siguiente: no escribe como cualquier otro escritor. Ten­dremos que arrojar por la borda gran parte de nuestras expectativas y leerlo en sus propios términos. Nos hará reflexionar. Nos asustará. Podría frustrarnos y poner a prueba nuestra paciencia. Habrá momentos en los que parezca insustancial, sin llegar a ningún lado o yendo a todas partes a la vez, y entonces, como un búho, se lanza­rá en picado sobre una conclusión, dejándonos impresionados. De pronto, entenderemos que nada de lo que había dicho era irrelevante».

Cuando encontré estas palabras de Dale Ahlquist (2006, p.27), uno de los mayores especialistas mundiales en GK, pensé con alivio que no era yo el único en tener dificultades en la lectura de las obras de Chesterton. Lo curioso es que habitualmente no se escriben cosas así: los admiradores admiramos mucho a GK y tratamos de que otros lo lean. Pero duele tener que admitir que no siempre obtenemos éxito en nuestro intento de difundir los placeres de encontrarse personalmente con GK: incluso algunas personas han utilizado el adjetivo es insufrible, y reconocemos que a veces cuesta mucho. Como contrapartida, son innumerables los que plantean la sorpresa y el gozo del encuentro con un autor tan original, por ejemplo, Guillermo Cabrera Infante en un texto reseñado ya en el Chestertonblog.

Y uno mismo, como Ahlquist, a veces se desconcierta en alguna de sus páginas, aunque no sea grato reconocerlo y se enfade con el maestro. En un momento determinado pensé realizar estas instrucciones –expresadas como un elenco de dificultades-, para ayudar a evitar las frustraciones de las que habla Ahlquist. Son varios puntos, y he seleccionado un orden porque no había más remedio, pero pueden leerse en otro cualquiera, y más aún en esta época nuestra caracterizada por los hipervínculos. Quiero pensar que GK hubiera sonreído al leerlas, al reconocerse identificado con un medicamento, que viene acompañado de prospecto.

Hemos identificado algunas dificultades, que voy a glosar con extensión diferente, puesto que algunas han sido tratadas en el blog –incluso con su propia página- y otras lo serán en su momento. Pero va siendo hora de citar algunas palabras del propio Chesterton, y nos vendrán bien éstas, pertenecientes a The Resurrection of Rome (citado por L.D. González): «Sé bien que la impresión general que producirá este libro es que yo no puedo hablar acerca de algo sin hablar acerca de todo. Es un riesgo que debo aceptar pues es un método que defiendo».

Para no hacer más larga la entrada, continuaremos mañana con el listado de las dificultades… por lo menos de las que hemos encontrado nosotros.

Chesterton en mil palabras

GK Chesterton nació en 1874 en una familia londinense de clase media. Quiso ser pintor, pero la literatura lo atrajo con mayor fuerza y a eso se dedicó toda su vida. Tuvo una cultura amplísima y escribió 80 libros y miles de artículos. Estuvo casado con Frances Blogg, aunque no tuvieron hijos.

Equivocadamente etiquetado como conservador, su método es esencialmente moderno y original: tras una crisis de juventud, estableció unas condiciones y un ideal para la vida humana, al que siempre fue fiel. Cuando se dio cuenta que ya existía, propuesto por el cristianismo, comenzó su acercamiento al mismo, aunque hasta 1922 no se hizo católico. Chesterton escribe desde una perspectiva cristiana: los dogmas no son una jaula, sino que marcan un camino hacia la verdad y la plenitud; de hecho, todos tenemos dogmas, más o menos inconscientes. Pero sus argumentos no son teológicos, sino basados en la razón, la experiencia y la historia, y en defensa de la sensatezsanity, en inglés- ante el alocado mundo moderno, al que sin embargo amaba, implicándose profundamente en su transformación a través de sus escritos y sus empresas periodísticas.

El punto de partida de GK es el asombro por la existencia, pues podríamos no ser. Hay un mundo real –o una realidad- ahí fuera que –a pesar de sus contradicciones- es esencialmente bueno y hermoso, y por tanto hay que estar alegres y llenos de agradecimiento.

Pero ni el mundo, ni la existencia personal ni la colectiva están resueltas, en el sentido de comprenderlas perfectamente. Son un misterio –o conjunto de misterios- que tenemos que desentrañar. Por eso, a GK le gustan tanto las novelas de detectives, y por lo mismo, es un poco –o un mucho- filósofo (por su método y su profundidad) y un poco –o un mucho- sociólogo (por la agudeza de su análisis social). La razón es un instrumento para conocer el mundo, pero sólo uno más: el arte, la imaginación, el misticismo, la experiencia de la vida… son otras tantas herramientas imprescindibles. Como el mundo moderno sólo confía en ella, genera comportamientos o ideas más o menos irracionales o cuando menos, poco racionales. Por lo mismo, Chesterton es profundamente enemigo del sentimentalismo, la contrapartida del racionalismo.

El hombre –hoy diríamos ser humano– necesita por tanto una visión completa de la vida. Su ideal de vida es el del hombre corriente, no el modelo que proponen o llevan a cabo ni los ricos ni los intelectuales: esto es importante, porque el mundo moderno, dirigido racionalmente por los poderosos -material o intelectualmente- es un engendro «poblado por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, de sentirse aisladas y de verse vagando a solas» (Ortodoxia, 03-02).

El ser humano anda siempre en busca de un hogar: algunos lo tienen más claro, pero otros buscan y buscan, aunque lo tengan tan cerca que no lo ven: al fin y al cabo, cada uno tiene que resolver su misterio –él lo hizo a los 22 años-: los seres humanos tenemos la libertad –»Dios no nos ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta» (Los países de colores, cap.7)- para elegir nuestras ideas y configurar nuestra vida. El papel de la mujer en el desarrollo de la familia es para Chesterton tan importante que su forma de hablar sobre ella puede malinterpretarse si nos limitamos a la literalidad de las palabras. Esto es así porque nuestro tiempo da mayor valor a una forma de entender lo público, más que a lo privado. Sin embargo, el ámbito de la amistad y las relaciones sociales es más verdadero y más gratificante: familia, amigos, vecinos, constituyen esa ampliación del hogar que genera el patriotismo –que no nacionalismo.

Para que todo el mundo tenga un hogar en condiciones, es preciso que la propiedad esté adecuadamente repartida. Capitalismo y socialismo reducen la propiedad de los hombres al tender al monopolio (sea en manos privadas, sea estatales), y así propone un sistema alternativo a ambos: el distributismo, en el que el papel del Estado es subsidiario y los seres humanos tratan de resolver sus problemas en lugar de abandonarlos en manos del mercado, políticos y técnicos especialistas.

En el ambiente cientifista del mundo moderno –con su reducción del hombre a mera naturaleza-, la cuestión del modo de conocer, percibir e interpretar de la gente es una de las que más atraen a GK, que se asombra paradójicamente del desprecio de lo dado por supuesto –las pequeñas maravillas cotidianas- y de cómo las personas tienden a valorar más determinadas situaciones extraordinarias. Su alegre vitalismo de la vida corriente es opuesto al del superhombre nietzscheano tanto como al carpe diem materialista. La virtud por excelencia del hombre es la sensatez, que nos hace saber estar ante la vida y el mundo.

La idea de progreso –tan querida al mundo moderno- es irónicamente criticada por GK: es tan falsa como tendencia como creencia, y confunde nuestra percepción –comprobado en la crisis económica de 2008-, ya que todo es relativo a los ideales que se poseen y dirigen nuestra acción. Optimismo (moderno) y pesimismo (postmoderno) son dos conceptos recurrentemente criticados en los escritos de GK: tienen que ver con la forma de ver y de organizar el mundo.

Su estilo y su método no se pueden separar: Alarmas y digresiones, Enormes minucias… conviven y se alternan en sus brillantes escritos. Se le considera maestro de la paradoja, pero es sólo un recurso de exposición: su verdadero método es siempre tratar de llegar al fondo de argumentos y comportamientos, para mostrar los errores que nos alejan de la sensatez. De hecho, hubo una época –la cristiandad medieval, tan denostada hoy día como sinónimo de retraso y oscurantismo- en la que el ideal pudo acercarse a la realidad, pero el poder de los reyes y los poderosos acabó con esas condiciones, creando Estados ambiciosos e imperialistas, que hoy nos parecen lo más natural del mundo y que la globalización ya está modificando, pues son meras construcciones humanas.

Chesterton se implicó toda su vida porque conservó el espíritu del ideal caballeresco y no dejó de luchar por las aparentes causas perdidas: «Quien hace una promesa se cita consigo mismo en algún lugar y tiempo distante»: hay que ser fiel al ideal y esforzarse ilusionadamente hasta el final, como hizo de hecho hasta el momento de su muerte en 1936.

Chestertonadas para hacerse entender

Chesterton escribió siempre para el hombre corriente, de cultura media pero no intelectual o especialista. Quería llegar al público y lo intentó a toda costa. Por eso, forma parte de su método poner ejemplos continuamente, aunque a veces llegue a extremos exagerados o peregrinos, que sin embargo, conforman su estilo inconfundible.

En el capítulo inicial de El hombre eterno (01-11), plantea la necesidad de ver las cosas como si fuera la primera vez. Para lograrlo, describe la sorpresa de nuestros antepasados cuando encontraron ese animal monstruoso que posee «una cabeza menuda sobre un cuello largo y ancho, como el rostro de la gárgola que asoma sobre el canalón» y «una poblada cresta se extiende sobre su pesado cuello, como una barba en lugar equivocado». Tras pensarlo un rato, acabamos por reconocer al caballo, pero para entonces Chesterton ya ha conseguido que deje de sernos familiar y lo veamos tal como es, con su cuello realmente más ancho que la cabeza y crines que lo distinguen de otros animales. GK ha conseguido su propósito y a partir de ese momento, podemos empezar a entender lo que nos quiere decir.

Chestertonadas como ésta configuran su estilo inconfundible, pero la clave no está en el ejemplo, sino en lo que nos quiere hacer ver: que nos hemos acostumbrado de tal manera a una visión del mundo que nos impide advertir la realidad con ojos verdaderamente objetivos. Una cosa más: quizá el método es poco ortodoxo para el mundo académico, pero hay que señalar que esto es lo que tratan de hacer los sociólogos del conocimiento, una de las ramas más complejas de la sociología.