Chesterton y Shrek, en ‘Felices para siempre’

La familiaridad con GK agudiza la sensibilidad en su misma dirección: ése es nuestro objetivo: aprender a mirar con sus ojos. El otro día vimos en casa Shrek 4: Felices para siempre, un poco por cariño al personaje, un poco complacer a los miembros más jóvenes de la familia. Desde luego, supera con creces la 3ª de la serie, la única floja. Los guionistas se estrujan las neuronas y vuelven a hacer una peli digna del Shrek más genuino: en medio del caos familiar, Shrek echa de menos cuando era un auténtico ogro que ejercía de ogro. Casado y con tres hijos, las cosas ‘ya no están en su sitio’, y firma con Rumpelstinkin un contrato peculiar: volver a la ciénaga por un día, a cambio de…

Shrek, su familia y sus amigos. Teocio.es

Shrek, su familia y sus amigos. Teocio.es

¿Qué tiene que ver Shrek con Chesterton? Felices para siempre es otra expresión de la añoranza del hogar. Refleja muy bien la búsqueda del propio sitio que realizamos en este mundo, aunque para eso haya que dar la vuelta al mundo:

Estaba regresando a casa. La Granja White estaba detrás de cada bosque y detrás de cada barrera montañosa. La buscaba tal y como los demás buscamos el país de las hadas, tras cada curva del camino. Sólo hubo una dirección en la que nunca la buscó, y ésa era precisamente, a tan sólo un kilómetro a sus espaldas, donde se alzaba la Granja White, reluciente con su paja y sus paredes encaladas bajo el racheado azul de la mañana (Añoranza del hogar estando en casa, Los países de colores, p.251).

Ésa es una de las ideas centrales de GK, y es relativamente frecuente en el cine de hoy, porque es realmente uno los problemas más ligados a nuestro modo de ser y nuestro modo de estar en la vida moderna, a nuestra identidad, que nos obliga a estar siempre en camino, a ser peregrinos de nosotros mismos.

Nuevos materiales sobre GK

La idea del Chestertonblog de ser un lugar de referencia y encuentro en castellano sobre GK precisa de la colaboración de todos. Quiero agradecer públicamente a Chestertoniana el envío de una serie de materiales, que esperamos colgar en el blog los próximos días. Los materiales útiles para el blog pueden ser de muy variada naturaleza, no sólo textos de GK. El que he seleccionado para mostrar aquí es toda una gran labor de investigación bibliográfica: Chesterton en español, con prácticamente todo lo encontrable de él y sobre él en nuestra lengua -y muy actualizado-, que merece un lugar de honor en el blog, realizada para el congreso sobre Chesterton del año 2012 por José Antonio Hernández García. Es sin duda un gran experto en Chesterton, al que felicitamos desde aquí, y con el que nos encantaría establecer contacto.

Estos materiales de tipo académico y analítico están siendo colgados en la página del Chestertonblog Algunos estudios en español, que crece cada semana con algún nuevo trabajo: ahora estamos colgando algunos prólogos de distintas obras de GK.

 

Chesterton y el marketing

En Esbozo de sensatez vemos a GK criticar las grandes organizaciones empresariales –sean industriales o comerciales- por su tendencia al monopolio, la plutocracia, la salarización de la vida social y su amenaza a la pequeña propiedad.

En su capítulo 5, El farol de las grandes tiendas, critica también la complicidad de los consumidores, advirtiendo la relevancia del componente psicológico en la cuestión de las compras. Vivimos tiempos de crisis económica y disponemos quizá de menos dinero para gastar, sobre todo ahora que llega la Navidad, época propicia para regalos y adquisiciones. Es el momento de darnos algunas compensaciones, de adquirir determinados deseos. Quizá no está mal. Pero ¿hemos pensado alguna vez cómo funciona la cosa?

El deseo de GK es que despertemos de nuestra adormilada conciencia de lo que está ocurriendo con las grandes tiendas. Y para eso, en primer lugar, utiliza sus propios argumentos:

[Los capitalistas] siempre nos están diciendo que el éxito del comercio moderno depende de que se cree un ambiente, se forme una mentalidad, se tome un punto de vista. En resumen, insisten en que su comercio no es puramente comercial, ni aun económico o político, sino esencialmente psicológico. Espero que continúen diciéndolo: porque quizás entonces, algún día, todos verán de pronto que es cierto.
Porque el triunfo de las grandes tiendas y cosas semejantes es en realidad una cuestión de psicología, por no decir psicoanálisis. En otras palabras, una pesadilla. No es real, y por tanto no es seguro
. (ES 05-05/06)

Así describe GK el ambiente a finales de los años 20, cuando escribía estas palabras:  desde el principio, los capitalistas han sido conscientes del importante papel que la psicología ha desempeñado en el juego de la compra-venta. La paradoja está en que hoy, precisamente, han aprendido a ocultarlo, a la vez que a manejar mucho mejor las herramientas de la psicología: se apela a la libertad de los consumidores, a un mundo de oportunidades –¿te lo vas a perder?-, a los sueños, a la necesidad de ser felices o de ser nosotros mismos. Necesitan argumentos racionales o emocionales, porque han de persuadir y mover a la gente a comprar. Pero tanto capitalistas como publicistas –que están en el mismo bando- saben bien –y lo saben por experiencia- que ‘su comercio no es puramente comercial […] sino esencialmente psicológico’ y por eso, ‘en otras palabras, es una pesadilla. No es real, y por tanto, no es seguro’: pueden perderlo en cualquier momento, que sus consumidores dejen ser ‘fieles’.

GK sabe que las empresas necesitan de los consumidores y se asombra de que se dejen dominar por ellas, en vez de pelear por un mundo más equilibrado. Compara a los capitalistas con jugadores de póker, y compara la publicidad con el farol que echan en su partida. Y se asombra de que la gente acepte la apuesta, porque sabe que la libertad de rechazarla aún no se le ha quitado a la gente:

Porque siguen diciendo que el pez grande se come al pez chico, sin preguntar si los peces chicos nadan hasta los peces grandes y les piden que se los coman. Aceptan al dragón devorador sin preguntarse si una elegante multitud de princesas corrió hasta él para ser devorada. […] Pero a nadie se lleva aún a la fuerza a determinada tienda. […] La carrera hacia las grandes tiendas es, de todas las tendencias del mundo, la que podría ser más fácilmente atajada por las gentes que corren hacia ellas. (ES, 05-08/09)

Chesterton mantuvo siempre la batalla contra los grandes comercios –los grandes almacenes, grandes superficies y grandes cadenas de hoy- por sus consecuencias sociales. Pero siempre tuvo claro –como ellos- su funcionamiento, en forma de apuesta:

Sé que no es un mero hecho de negocios, por la simple razón de que los mismos hombres de negocios me dicen que es simplemente una cuestión de farol. Ellos son quienes dicen que nada triunfa tanto como una apariencia de triunfo. Ellos son quienes dicen que la publicidad influye en nosotros sin que lo queramos ni lo sepamos. Ellos son quienes dicen ‘compensa anunciarse’; esto es, decir a la gente de manera intimidatoria ‘Hazlo ahora’, cuando no necesitan hacerlo en absoluto. (ES 05-09).

12 pasos para establecer el distributismo

Tras la publicación del Manifiesto Distributista que publicaron hace 85 años GK y sus amigos, lo aplicamos al mundo de hoy. En esta época de desórdenes financieros, el distributismo –aunque sea tildado de regresivo y poco probable– podría ser una alternativa al capitalismo. Desde luego, para GK y colegas, era la única forma de recuperar la sensatez. La American Chesterton Society tiene en su web esta página con 12 sugerencias. Por si alguno no domina el inglés suficiente, aquí ofrezco un resumen en castellano:

  1. Empieza por pensar como un distributista. Por ejemplo, en la subsidiariedad: que las entidades superiores no hagan lo que son deberes y derechos de las más pequeñas, particularmente la familia.
  2. Contempla tus posesiones y decide que es lo que tú posees y qué es lo que te posee a ti.
  3. Los hijos son nuestro mejor recurso. El amor a la familia no lo lamentarás nunca.
  4. Deja de trabajar para tu jefe, al menos como planteamiento vital: ten claro que el trabajo va después de la familia.
  5. ¿Casado? Normalmente, la garante del orden y la armonía del hogar es la esposa: trabajar sólo para tener más dinero es un error.
  6. ¿Estás prosperando o simplemente sobreviviendo? El orden empieza en casa, y no se expresa en las compras ni en las cosas materiales.
  7. No trabajar los domingos: las actividades recreativas mejoran las amistades, salvan los matrimonios y son un descanso necesario para el alma.
  8. Recupera el viejo arte del trueque: no paga impuestos y es más cooperativo.
  9. Aprende a alimentarte: cultiva lo que puedas, y compra también lo más local que puedas.
  10. Los hijos aprenden más por ósmosis que por clases. Que hagan sus tareas propias. El triunfo por el esfuerzo es la madre de la autoestima.
  11. Participa en la vida de tu entorno: en la escuela de tus hijos, en las actividades del barrio y el Ayuntamiento, o al menos, conoce lo que está ocurriendo.
  12. Recomienda el distributismo a otros: prácticas empresariales sostenibles, agricultura, gestión integral.. No se trata de salvar un mundo que se hunde, sino de recuperar algo que alguna vez tuvimos.

Además, el distributismo es gratis.

Comprender el método de Chesterton

Si uno de nuestros propósitos es aprender a pensar como Chesterton, es importante dominar su manera de trabajar, de la que va dejando pinceladas por todas partes:

La única forma de comenzar a contar una historia es comenzar por el principio, es decir, por el principio del mundo. De modo que todo libro ha de comenzar necesariamente de manera equivocada, en aras de la brevedad, William Blake (Espuela de Plata, p.55).

Desde luego, esta cita es una chestertonada de pleno derecho. Tiene su contrapartida en una idea absolutamente central en GK, presente en todos sus escritos: el carácter de totalidad de GK que tanto atrae, su deseo de coherencia, junto a su amabilidad.

…por Notting Hill

Fumo un cigarrillo Malboro, me sabe a un antiguo CravenA. Camino por Portobello Road, y escudriño en sus comercios. Rastreo en las librerías olvidados títulos de libros. Me aniño viendo viejos vinilos de música de los sesenta. Callejeando, disfrutamos el actual Candem Lock Market, situado en una dirección mágica, Candem Town, el domicilio de Chesterton. Saboreamos nuestra estancia en Notting Hill.

Me adentro en un pub, que aquí en la distancia podríamos considerar ‘chiringuito de invierno’. Pido una cerveza y, súbitamente, se me sitúa enfrente, casi acorralándome, un estrafalario personaje con visos de héroe y de barbián altomedieval. No hablo inglés, y él a su altura psicodélica creo que ni finés sabe.  El caso es que entendemos que lo voy a invitar a una cerveza.

El Reino Unido hace milagros. Dos seres con distintos códigos lingüísticos nos comprendemos. A través de aquel paisano, en aquel barrio, en un Londres tan similarmente diferente, se me hizo presente en él a un extraño Napoleón. Las escenas, sus tiempos, los personajes, todo iba y venía de una a otra época en un guirigay histórico enervante. Así que decidí, ayudado de aquel Napoleón de Notting Hill, poner orden en las cosas y en los ambientes. Para ello nos fuimos en busca de Chesterton -gran hacedor de ‘almas’ y estancias- para que nos mostrara los aromas de aquel urbano paisaje. Y más allá, otro día, analizar la rebeldía del paisanaje autóctono.

No obstante, para mí -burdo lector- no hay explicación y comparar épocas, a pesar de todo, se me hace imposible. Tras dejar a mi amigo durmiendo a pierna suelta. Razoné, no sin algo de sabiduría, y llegué a concluir que para tomar decisiones, lo más conveniente es sentarse en un grato banco de esos gratos jardines que por doquier siembran los ingleses. ¿Para qué? Para ver transitar a la gente, a las gentes del parque. Y la calle con su cátedra me llevó a preguntarme ¿Cómo comenzó GK Chesterton su Napoleón? ¿Cuándo comienza una novela? ¿Qué función tiene el comienzo en una novela?… No sé cuántas cuestiones, interrogaciones y preguntas me hice.

Leía y miraba al barrio. La raza humana, a la que tantos de mis… Imaginé a nuestro autor, ‘escritureando’ en un pub, a la vera de una cerveza como bebedor no inane. Imaginé un despacho desordenado, acopiando biografías, recopilando escenas, ideando paradojas en voltereta, y todo desordenado. Estos pensamientos  afirmaban  mi suposición. Es autor de ‘sobresalto’, acertado mezclador de lo imprevisible y lo no esperado. Comenzaron a venirme nombres a la cabeza -Hitchkoc, Billy Wilder… incluso, nuestro Mihura, y hasta a su adversario Shaw… Pero dejemos el asunto, que no es su tiempo.

¿Podemos asumir, con nuestro Azorín, que una novela es poner una palabra detrás de otra? ¿Cuándo da el lector por empezada una novela? Pues cuando empieza, Perogrullo dixit. Sin darle la razón a Perogrullo, se admite en la crítica que la primera frase abre la historia. Hay muchas maneras de iniciar una novela, pero a ciencia cierta no hay un modo idóneo, académico o clásico de hacerlo. Por consiguiente, a fortiori, parece que esa frase debe ser sugerente, atrayente y arrebatadora. Ese nacimiento debe raptar el interés del autor- escritor y del autor-lector.

…y en estas, abrí El Napoleón de Notting Hill, y me encontré esta joya: La raza humana, a la que tantos de mis lectores pertenecen, se ha dedicado a juegos infantiles desde el principio, y es probable que siga haciéndolo hasta el fin, lo cual es un fastidio para las pocas personas que alcanzan la madurez.
(…)
Los jugadores escuchan con atención y respeto todo cuanto predicen los hombres inteligentes para la próxima generación. Después esperan a que todos los hombres inteligentes se hayan muerto y los entierren como es debido. Y entonces van y hacen otra cosa. Esto es todo. Sin embargo, para una raza de gustos sencillos es una gran diversión.

‘GK, La novedad eterna’: libros de Chesterton para las Navidades

Me hacen llegar -gracias, públicamente- un artículo de Enrique García-Máiquez con sus recomendaciones de libros de Chesterton para estas Navidades. En realidad, es un precioso ensayo sobre su humildad, con algunos criterios para elegir sus libros. Ojalá sean muchos los que se animen a leer esta estupenda reseña: Chesterton, La novedad eterna.

Deficiencias en las traducciones de GK

Algunos amigos se me han quejado de que el estilo de GK es complejo y retorcido. Estoy dispuesto a aceptar que a veces no es fácil, pero cuanto más leo de Chesterton, y mejor comprendo su pensamiento, más me doy cuenta de que no es tan complejo como aparece en nuestros textos en español: GK era realmente mucho más diáfano de lo que podemos pensar, como comprobamos al leer la versión original. Aunque queda mucho por hacer, para no ser injusto, es preciso indicar que algunas traducciones son excelentes y en general, la cosa está mejorando mucho –especialmente Espuela de plata y Acantilado-. Con esta entrada del Chestertonblog quiero dejar constancia del problema y animar al público a que no se desanime, a acudir a los textos originales, como de hecho estamos haciendo en nuestro blog, ofreciendo versiones bilingües, desde que hemos comenzado Esbozo de sensatez (The Outline of sanity).
Dejando como caso aparte la poesía, voy a poner algunos ejemplos de traducción deficiente que he ido recopilando. Corresponden a varias obras, todas de editoriales distintas, que lógicamente no voy a citar.

En primer lugar, son problemas de insuficiente calidad de traducción tal cual:

  • La traducción dice: para pedir que esta regular probabilidad sea considerada con relativa alegría.
  • VO: for asking that the reasonable chance should be considered with reasonable cheerfulness.
  • Sería mucho más correcto decir: «para pedir que esta razonable probabilidad sea considerada con razonable alegría»: además de ser más fiel al estilo y sonoridad del propio autor, se entiende mucho mejor en castellano.

En segundo lugar, es cierto que las abundantes metáforas de GK pueden desconcertar, de manera que la forma de traducirla depende del pensamiento de Chesterton. Te encuentras con esta frase: ¿Qué es ‘hace un minuto’, racionalmente considerado, sino una tradición y una pintura? (VO: …a tradition and a picture?). Al usar la palabra pintura, algo chirría en esa expresión que, te hace pensar que –racionalmente considerado, como él mismo plantea, y según el conjunto del pensamiento de Chesterton- lo que tenemos de ‘hace un minuto’, cuando volvemos la mirada hacia atrás, es algo entregado, algo que queda, como una imagen, y desde luego, no una pintura o un cuadro.

Por fin, considero que hay un tercer factor: el lógico deseo –al traducir una frase de un importante literato- de expresarse en buen castellano… aunque el texto se vuelva poco legible:

  • Dice: Para abordar los problemas sobre la existencia del hombre primitivo, es necesario partir de su mismo espíritu. Al recrear la visión de las cosas primitivas, le pediría al lector que hiciera conmigo una especie de experimento de simplicidad. No me refiero a la simplicidad del ingenuo, sino a esa especie de claridad que percibe cosas que existen, como la vida, más que palabras, como la evolución.
  • VO: Now what is needed for these problems of primitive existence is something more like a primitive spirit. In calling up this vision of the first things, I would ask the reader to make with me a sort of experiment in simplicity. And by simplicity I do not mean stupidity, but rather the sort of clarity that sees things like life rather than words like evolution.
  • Qué se podría decir, con menos palabras, más claras y más fieles al sentido de lo que GK quiere expresar: «Para tratar estos problemas relativos a la existencia originaria, es preciso también algo parecido a un espíritu originario. Al recrear la visión de las cosas primeras, pediría al lector que hiciera conmigo un experimento de simplicidad –que no significa estupidez- sino una especie de claridad que ve cosas como la vida, en lugar de palabras como evolución».

Termino esta intervención apelando a la sencillez de vocabulario y al conocimiento del pensamiento de Chesterton para poder traducirlo adecuadamente, con el consiguiente beneficio para todos. Y animando a leer las versiones originales, disponibles desde este enlace, también disponible en el Chestertonblog, en la página GK en la red.

Chesterton, Wells, Shaw y Kipling, vistos por André Maurois

Puesto que el contexto intelectual de un autor ayuda a entender su obra, vamos a utilizar unos fragmentos de André Maurois –escritor, militar y académico francés de prestigio internacional (1885-1967)- que componen el marco intelectual de la Inglaterra del cambio del siglo XIX al XX. Están tomados del prólogo de la edición del William Blake de GK publicada por Espuela de plata en 2007, aunque el texto original -que no he podido localizar- es de 1935. Aquí se puede leer el texto completo, que está colocado su correspondiente lugar en el Chestertonblog, en la página Algunos estudios en español. He aquí la propuesta de Maurois:

Kipling, Wells y Shaw son, cada uno a su modo, unos aristócratas. Kipling piensa que sólo ciertas virtudes confieren el derecho de mandar; Wells cree en los privilegios de la inteligencia; Shaw aguarda el reinado del superhombre, que será un híbrido mezcla de Shaw, César y Matusalén. Chesterton, por el contrario, es un demócrata; exalta al hombre vulgar, al que cultiva su huerto y bebe cerveza en la taberna, y yo no creo que ame con exceso a los técnicos y tecnicistas de Wells, ciertamente. Shaw y Wells, ante el fracaso del siglo XIX, ven la salvación de la Humanidad en el futuro; Chesterton no detesta menos que ellos la sociedad que ha engendrado el maquinismo; pero ve, en cambio, la salvación de la humanidad en la vuelta al pasado. Kipling invoca al Dios de los ejércitos; Wells al de las retortas y las estadísticas; Shaw al de la vida; Chesterton adora al Dios cristiano, tal como se le encuentra en los Evangelios. Wells y Shaw creen en el progreso; el mismo Kipling describe con una cierta admiración el Consejo de técnicos que gobernará un día el planeta; Chesterton es reaccionario; es brillante, violenta y jubilosamente reaccionario, y alaba con una apasionada admiración las libertades de la Edad Media. Wells describe mundos fantásticos y logra, a fuerza de talento, que nos parezcan reales; Chesterton describe el mundo real y logra, a fuerza de talento, que nos parezca fantástico. En la historia de las ideas de Inglaterra, al comienzo del siglo XX, Wells y Shaw son los modernos; Kipling es el eterno; Chesterton el antimoderno, y su papel es, ciertamente, muy útil (pp.9-10).

Y para concluir, Maurois parafrasea a GK, ampliando todavía más el marco de interpretación del mundo moderno: El vicio de la concepción moderna del progreso intelectual consiste en que se pretende a toda costa, desde el siglo XVIII, traspasar los límites, romper las trabas, demoler las barreras y arrinconar los dogmas. Mas el hombre no puede vivir sin dogmas, el hombre es un animal que crea dogmas. El materialismo es el dogma de aquellos que creen haber escapado a los dogmas. Si en verdad puede existir un progreso intelectual, este progreso consistiría en la elaboración de una filosofía dogmática de la vida. […] Cada hombre, cada inglés vulgar, siente la necesidad de poseer un sistema metafísico y permanecer fiel a él. No escuchemos, pues, a los estilistas; el tiempo de Wilde ha pasado, el tiempo de los teólogos le ha sucedido. Ahondemos y busquemos hasta que hayamos descubierto nuestras propias opiniones (pp.36-37).

‘Hay emoción, hay brandy, pero no alimento’: la genial comparación de GK entre bebidas e ideologías

El siguiente fragmento pertenece al magnífico estudio que GK dedicó a William Blake, pintor y poeta inglés (1757-1827). Aunque pasó sin pena ni gloria en su tiempo, Blake es hoy considerado un extraordinario artista total.  La compleja personalidad del poeta y su obra –¿loco? ¿místico? ¿inspirado?– hace surgir en Chesterton la hipótesis del espiritismo, lo que genera los siguientes párrafos, que -como sucede habitualmente en GK- trascienden la situación concreta:

Ser un místico no supone perjuicio alguno para la salud; pero sí puede haber algún peligro para ella en ser un espiritista. Resultaría un paupérrimo juego de palabras decir que la afición a los espíritus es mala para la salud; pero no obstante, por extraño que parezca, es aunque un pobre juego de palabras un perfectamente correcto paralelo filosófico. La diferencia entre tener una verdadera religión y tener simple curiosidad por las maravillas de la física es una diferencia verdaderamente similar a la que hay entre beber cerveza y beber brandy, entre beber vino y beber ginebra. La cerveza es tanto un alimento como un estimulante; y así la religión positiva es un consuelo tanto como una aventura.
Cualquier hombre que bebe un vino concreto lo hace porque es su vino predilecto, sea por el placer de paladearlo, o por ser de la cosecha de su propia viña. Cualquier hombre que simplemente bebe alcohol lo hace porque es un alcohólico. Así también cualquier hombre que invoca a sus dioses ya por su bondad o ya porque simplemente son buenos de algún modo para él; por ser los ídolos que protegen a su tribu o los santos que bendijeron su nacimiento. Pero los espiritistas invocan a los espíritus simplemente porque son espíritus; requieren a los fantasmas simplemente por su condición fantasmal.
A veces me dejo llevar por la idea para mí muy querida de que los credos de los hombres podrían tener su paralelo y ser representados por sus bebidas. El vino podría representar al genuino catolicismo y la cerveza rubia al genuino protestantismo; pues estas son al menos auténticas religiones, que consuelan y reconfortan. El claro y frío agnosticismo sería agua clara y fría, cosa excelente, para quien pueda conseguirla.
Muchos de los modernos movimientos éticos e idealistas bien podrían ser representados por la soda, por su mucho ruido y pocas nueces. La filosofía de Mr. Bernard Shaw sería idéntica al café solo, que despierta pero no llega a inspirar de veras. Y el moderno materialismo higiénico sería muy parecido al chocolate, pues no me es posible expresar mi desprecio en términos más concentrados y fuertes.
A veces, aunque muy raramente, es posible encontrarse con algo que en verdad podría compararse con la leche, una antigua y bárbara dulzura, una misericordia terrenal aunque constante –la leche de la generosidad humana. Podréis encontrarla en unos pocos de los poetas paganos y en unas cuantas fábulas antiguas; pero en todas partes se encuentra en proceso de extinción.
Ahora bien, si adoptamos esta misma analogía en pro de nuestro argumento, regresaremos sin duda al pésimo juego de palabras; concluiremos que la afición al espiritismo es muy similar a la afición a los alcoholes de alta gradación. El hombre que bebe ginebra o alcohol desnaturalizado lo hace únicamente porque eso lo sitúa por encima de la normalidad; así el hombre que utiliza tablas o güijas para invocar a seres sobrenaturales los invoca simplemente por su condición sobrenatural. Desconoce si son buenos o sabios o si pueden servirle de alguna ayuda. Sólo sabe que desea a la deidad, pero ni siquiera sabe si le gusta. Intenta invocar a un dios sin adorarlo. Le interesa todo aquello que pueda averiguar al tocar la existencia sobrenatural; pero en realidad no le invade la alegría de sentirse junto al rostro de un amigo divino más de lo que verdaderamente podría alegrar a cualquiera el sabor del alcohol desnaturalizado. En tales investigaciones físicas, para decirlo en pocas palabras, hay emoción, pero no satisfacción emotiva; hay brandy, pero no alimento.

El fragmento procede de la edición de William Blake realizada por Espuela de Plata, pp.133-135. La traducción es de Victoria León.