Nacimiento de la liga distributista

En el Club Chesterton de Granada vamos a comenzar a estudiar la que es probablemente la obra de GK más relacionada con la actual crisis económica. Se trata de The Outline of Sanity, cuya última traducción al castellano ha sido bajo el título Los límites de la cordura, un análisis de la moderna sociedad industrial, del capitalismo y del socialismo, en el GK vierte sus ideas acerca del orden social fundamental. Abriremos una página para el libro y en ella –igual que en el caso de El hombre eterno– iremos colgando los capítulos con nuestra versión del texto y sus correspondientes comentarios.

Para quitar hierro a nuestra última entrada, muy intensa, hemos pensado colocar una anécdota que tenga que ver con el nuevo horizonte al que nos enfrentamos. GK había comenzado la publicación del GK’s Weekly en 1925, con un claro afán de reflexión sobre los problemas del hombre moderno, y uno de ellos –como no puede ser de otra manera- es la organización socio-económica. Durante esos años, la Revolución soviética se estaba consolidando y GK en colaboración con Belloc y otros muchos amigos- sintieron la necesidad de buscar soluciones más adecuadas al ser humano que las conocidas hasta ese momento, particularmente capitalismo y socialismo. Establecieron unos criterios básicos –recogidos en el libro mencionado- que iban publicando en el semanario.

Y a partir de ahora dejamos la palabra a Joseph Pearce, en su magistral biografía sobre GK, Sabiduría e inocencia, p.402-3, mostrando el ingenio y agudeza que siempre caracterizó a GK:

«Empezaron a argumentar que la doctrina tendría más crédito si encontraba expresión en una organización política; de este modo nació la Liga Distributista el 17 de septiembre de 1926, en el Essex Hall situado en el Strand. Chesterton abrió la sesión inaugural citando la afirmación de Francis Bacon de que «la propiedad es como el estiércol: sólo es buena cuando está extendida» y siguió diciendo que «la única idea de la Liga es restaurar la propiedad». A la semana siguiente, tuvo lugar la primera reunión del comité, y Chesterton fue elegido presidente en toda regla. Se discutieron nombres alternativos, como el de Cobbett Club, Liga de los luditas o Liga de los pequeños propietarios, y la discusión se prolongó en el G. K.’s Weekly en una serie de artículos:

«La Vaca y los Acres es un nombre apropiado para el pub en el que podríamos reunirnos, pero como planteamiento económico es demasiado limitado…

La Liga de los Hombres Pequeños (Presidente, G. K. Chesterton), puede parecer en principio que alude a los duendes, no obstante, ha tenido grandes apoyos entre nosotros.

Supongamos por otro lado que llamamos al movimiento La Liga de la Propiedad Perdida… En el conjunto de nuestra ideología, la idea de la restauración de la propiedad perdida es más esencial incluso que la idea de la libertad, tal y como la entendemos en la actualidad. La Liga para la Defensa de la Propiedad y la Libertad implica que la propiedad está ahí para ser defendida, mientras que la Liga de la Propiedad Perdida describe exactamente el estado de la cuestión».

Una nota sobre el nudismo

Hoy ofrecemos un texto breve de GK, perteneciente a El hombre corriente, y que por tanto debe estar escrito en 1935-36. Es corto y delicioso, y lo vamos a utilizar como botón de muestra de cómo pensaba GK. Para hacer frente a los retos de nuestro mundo utilizando a GK como herramienta, no se trata sólo de saber lo que pensaba, sino de aprender a pensar como él lo hacía. Este texto breve proporciona un montón de pistas.

Siempre tengo dudas sobre si dejar los textos de GK tal cual o explicarlos, pero entre los comentarios del blog y los comentarios de palabra con algunas personas, se me ocurre que podría utilizarse un sistema como el de las críticas de cine que avisan con la palabra Spoiler sobre lo que viene después: el que se sienta satisfecho con el texto original, que se plante.

Pero primero, el texto de ‘Una nota sobre el nudismo’:

«Algunos de los escritores modernos más inteligentes tienen una ligera costumbre contra la que quisiera protestar. Consiste en negarse de plano a tener en cuenta la opinión de los demás tal cual es y a considerarla según sus propios méritos. El escritor moderno debe de suponer que es una mera cuestión de elegir entre su propia extremada opinión y algo que está en el otro extremo. Encontré un curioso ejemplo de tal cosa en un excelente libro de Cicely Hamilton llamado Modern Germanies. Trata de la secta de los nudistas, que han renovado la vieja herejía de los adamitas y andan muy tranquilos sin ropa alguna encima, y se toman muy en serio; como si la desnudez fuera un invento moderno. Creo que la señorita Hamilton realmente estuvo dudando un poco, pues sus instintos de persona civilizada la movían a reír, y sus instintos de persona progresista, a aplaudir. ¿Qué hace entonces? Se pone a contar la vieja historia de Pablo y Virginia, la muy artificial y sentimental novela del siglo XVIII, en la que la heroína se ahoga porque se niega a quitarse la ropa. Después agrega que si ‘ella tuviera que elegir’ entre Virginia y cualquier chica alemana que encuentre más cómodo andar sin ropa, elegiría a ésta mejor que a aquella. Pero, antes que nada y en primer lugar, ¿por qué tendría ella ‘que elegir’? ¿Por qué no considerar al nudismo por sus propios méritos; y a la opinión que la gente sensata tiene de la ropa, también por sus propios méritos? Si yo tengo que juzgar a un borracho, lo haré sin tomar por los pelos la comparación con un faquir loco que deliberadamente murió de sed en el desierto. Si tengo que juzgar a un avaro, lo llamaré avaro, a pesar de la posible existencia de un noble vienés, loco y borracho, que arrojó diez mil monedas de oro a tina alcantarilla. No alcanzo a comprender por qué la señorita Hamilton recurre a una extravagancia para justificar otra.

Estatua de Lady Godiva, de William Reid (1949) en Coventry, UK

Estatua de Lady Godiva, de William Reid (1949) en Coventry, UK

Segundo, si supone que Virginia representa la moral normal, tradicional o cristiana, probablemente esté muy equivocada. Muchas autoridades del cristianismo le dirán que su idea del sacrificio se parecía mucho al pecado de suicidio. Porque Pablo y Virginia no fue escrita en un período cristiano, sino en uno del todo pagano, cuando la Francia prerrevolucionaria estaba enamorada de los estoicos paganos que no desaprobaron el suicidio. La historia misma se basa en gran parte en un viejo romance clásico. No puede tomarse como típico del cristianismo moderno, ni siquiera del cristianismo medieval. En este sentido, debe recordarse que Virginia es una heroína pagana, y que Godiva fue una heroína cristiana.

Por último, no estoy seguro de que yo eligiese a la muchacha alemana, si me obligaran a elegir. Podemos pensar que se hace un sacrificio a un código de honor equivocado, pero el sacrificio está ahí; y ahí está el honor. No tenemos razones para suponer que la nudista sabe siquiera lo que nosotros entendemos por honor. No sabemos nada de ella, excepto que no sabe lo que nosotros entendemos por dignidad. Como muestra llana de psicología práctica, creo que es muy posible que la pobre y equivocada doncella, que murió por su dignidad, también muriera por su país, como moriría por sus amigos, por su fe, o por su promesa o por cualquier otra obligación digna. De la otra mujer no sabemos nada, excepto que (con el cerdo y otros animales), se siente más cómoda sin ropa. A mi me parece que es una base insuficiente para inspirar confianza moral».

Y a partir de ahora, el Spoiler, con permiso:

Chesterton actúa como crítico de la cultura, atendiendo a lo que se publica a su alrededor, que a su vez atiende a los fenómenos globales. Como hoy…

-Descubre un patrón de conducta en los periodistas cuando se tienen que enfrentar a una realidad que no saben muy bien cómo enjuiciar y es entonces cuando se propone el dilema.

-Pero proponer un dilema no es juzgar por sí misma una cosa, máxime cuando uno no tiene mucha idea de los elementos que introduce en la disyuntiva.

-Una cuestión a tener en cuenta es que solemos pensar que todo lo que pasa a nuestro alrededor es nuevo, cuando en este caso es tan viejo como los adamitas –que recurren al más viejo de todos los hombres, que comenzó yendo desnudo, claro está. Pero habría que saber que el adamismo es una corriente que surge en el siglo II en el norte de África.

-La siguiente cuestión –por lo que tiene de defensa del cristianismo- es pensar que lo tradicional es cristiano por el hecho de serlo, y GK desmitifica la historia de Virginia, que murió por no querer quitarse la ropa -¡qué tontería!, diríamos hoy- siendo una moderna y romántica heroína pagana, mientras que Lady Godiva de Coventry –heroína cristiana de la Edad media- no tuvo reparos en quitarse la ropa para ayudar a sus súbditos cuando hizo falta.

-Por último, GK recurre a la cuestión de los valores –dignidad, honor, confianza moral: todos insisten en la educación en valores, pero a nadie le importan realmente los valores de los demás. Sin embargo, vivimos en sociedad.

Y además, dos apostillas. La primera sobre sus ejemplos: el avaro y el borracho, tan habituales y simpáticos en sus escritos. La segunda sobre su cultura, en contraste con la nuestra, que nos sabemos los éxitos deportivos y musicales, pero carecemos de referencias… sin más, de referencias.

Chesterton y «Un trozo de tiza»

Con el título de este texto, bautiza GK un bellísimo artículo, al que si miramos con unos ojos no de carne, podríamos enojarnos ante los ‘insultos’ o provocaciones – que no son ni una cosa ni la otra- que nuestro autor parece propinar a su país: Y allí me quedé, inmerso en un placentero trance, al darme cuenta que el sur de Inglaterra no sólo es una gran península y una tradición y una civilización, sino algo incluso más admirable: un trozo de tiza.

Ciertamente, a poco que reflexionemos, estamos ante un proceso de abajamiento en el que GK prestigia algo ínfimo como excelsitud de su patria. ¿Es una especie de distorsión por degradación, llevado a cabo con la metáfora escolar? Es costoso y difícil dejarse seducir por este análisis, ya que, conociendo la humildad de GK, es más viable que éste pretendió -y lo consiguió- hacer la sublimación de lo pequeño. lo nimio despreciable como la virtud que lo acerca a la consideración ensalzadora de lo oculto a la masa. Y nos demuestra que es allí, en el mundo abandonado a lo cercano real donde se resuelve el misterio.Un misterio tan corriente -mas no baladí- como es encontrar la tiza que nos permita aprehender el dibujo del mundo en un papel de estraza: la cual es la forma menos onerosa de poseer. Igual que cuando de posee al leer, al escribir, al ver, al oír…

Más sobre paradojas y chestertonadas

Pensaba dejar para algo más adelante esta entrada, pero dado el clima de reflexión sobre la materia, quizá es ahora el momento de hacerla.

Romeroreche estudia  en su comentario a la entrada anterior una estructura de chestertonada. Yo de momento, me voy a limitar a describirla con cuatro notas:

  • Ironía, entendida como una forma de ir contra corriente, pues a GK le divierte dejarnos a dos velas.
  • Buen humor, pues es imposible dejar de sonreír.
  • Sanity, ya que te ayudan a sentirte mejor y si te lo propones, seguro  que a ser mejor persona.
  • Belleza formal: son ideas redondas, adecuadamente expresadas. Quizá es una pena que no todos sepamos inglés como para manejarnos en el original, pero por lo menos podemos disfrutar de la idea en castellano

Pues bien: he aquí el texto que -ni más ni menos- inspiró este blog, tomado de Las paradojas de Mr. Pond, relato When doctors agree. Sabemos que GK siempre filosofaba en sus relatos, pero en esta ocasión, se diría que el GK-autor interrumpe al GK-narrador, con su opinión personal. Aquí está el fragmento, (incluyendo varias chestertonadas de golpe, naturalmente):

«Las paradojas de Mr. Pond eran de peculiarísima especie. Llegaban al extremo de resultar paradójicas infracciones de la ley de las paradojas. La paradoja ha sido definida como «la verdad puesta cabeza abajo para llamar la atención». Se ha dado en vindicar la paradoja aduciendo que, si hay tantísimas falacias aceptadas que siguen inalterablemente en pie, se debe a que carecen de cabeza sobre la cual pudieran hacer el pino.

Mas hay que admitir que es cierto que los literatos, como otros mendicantes y saltimbanquis, frecuentemente intentan llamar la atención. Colocan en lugar destacado, en medio de un diálogo de una obra teatral, o al inicio o al término de un párrafo narrativo, ocurrencias de esa índole portentosa… como cuando Bernard Shaw escribió: La Regla de oro es que no hay ninguna Regla de oro; o cuando Oscar Wilde observó: Puedo resistirlo todo excepto la tentación; o cuando un escribidor mucho más romo (indigno de ser equiparado a los antedichos y que actualmente expía sus errores tempraneros aplicándose a la nobilísima causa de dejar constancia de los aciertos de Mr. Pond) apostilló en defensa de principiantes y chapuceros y zoquetes varios como él mismo: Si merece la pena hacer una cosa, merece la pena hacerla mal«.

Hay un blog en español que utiliza como lema esta frase, modificada: «Si vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa», probablemente para destacar el valor de la acción y la perseverancia… porque es la frase que circula por todas partes en castellano. Pero el original es éste, mucho más chestertónico, sin duda: «If a thing is worth doing, it is worth doing badly.»

Ortodoxia, un libro lleno de chestertonadas

La filosofía de Chesterton

Aunque la reflexión sobre la paradoja aporta lo suyo, aún no hemos terminado de definir las chestertonadas -ver la primera entrada sobre el tema y sus comentarios– por lo que lo mejor es seguir exponiendo ejemplos, para ver si lo conseguimos. Si hay un ensayo clásico de GK, es Ortodoxia, que los que no lo conocen tienden a asociar a un repaso del cristianismo. En realidad, es el libro en el que GK explica su visión de la vida, un contar a todos su crisis personal y la forma de salir de ella, que hizo de él un personaje tan genial.

«Mi primera y última filosofía, aquella en que creo con fe inquebrantable, la aprendí en la edad de la crianza. Puedo decir que la recibí de la nodriza; es decir, de la sacerdotisa, solemne y orientadora, que representa la tradición y la democracia a un tiempo mismo. Aquello en que más creía yo entonces, y en que sigo creyendo más, son los cuentos de hadas. Y en verdad, no son tan fantásticos como se dice. ¡Cuántas cosas, comparadas a ellos, resultan más fantásticas todavía! A su lado, el racionalismo y la religión parecen igualmente anormales, aunque anormalmente justa la religión, y anormalmente falso el racionalismo. [Los cuentos de hadas] me parecen lo más razonable que hay en el mundo (Ortodoxia, Cap.4).

No es de extrañar que, con expresiones como ésta, GK desconcierte y atraiga a tantos por igual. Ahora no podemos glosarlo, tan sólo dar un par de pistas: asombro, agradecimiento, existencia de reglas. Como él mismo dice, hace falta un libro para llegar a explicarlo: Ortodoxia, que si Dios quiere, pronto comentaremos en este blog, dedicándole una página entera. Pero aquí, Acantilado nos ofrece un aperitivo.

Lo común y la paradoja

Al pensar en Chesterton, enseguida se nos viene a la mente la palabra «paradoja». Empleamos esta voz unas veces con el significado de metáfora, otras como anfibología o, en general, como figura retórica. Así y para salir del enredo, con F. Lázaro Carreter nos acercamos al artículo «paradoja» de su Diccionario de términos filológicos, en el que encontramos dos acepciones: 1.- Opinión, verdadera o no, contraria a la opinión general. 2.- Unión de dos ideas en apariencia irreconciliables. Permitáseme, con la venia del  maestro Lázaro Carreter, entendiendo la compatibilidad donde él no ve sino entidades irreconciliables, esta aproximación ecléctica a la palabra en cuestión: » Opinión verdadera o no- contraria a la opinión general- que se expresa uniendo dos ideas irreconciliables».

GKChesterton, buscador de la verdad, lo que pretende con la paradoja, sin olvidar la insuficiencia del lenguaje y los quiebros semánticos que hay que realizar para caminar por el borde de lo inefable, es enseñarnos la cara oculta de la verdad; esa que está ocultada, en muchas ocasiones, por la opinión general.

Efectivamente, GKC en su vida siempre persiguió la verdad, y la quiso dar a conocer con el sencillo idioma de la paradoja. Porque la paradoja como el nacimiento es sorpresa. El autor nos presentó la paradoja como algo nuevo y como descubrimiento. Y para ello, en numerosas ocasiones, se sirvió de la vida cotidiana, de las pequeñas cosas, de los sucesos imperceptibles, de los hombres olvidados, de lo que Unamuno llamó la «intrahistoria». Y, además lo celebró. Lo común es una fiesta como cuando nos dice:» Lo común es lo más extraordinario» Lo común es lo heredado de los padres, de los vecinos, de la parroquia, del barrio, de la escuela. Sobre ello se construye la épica de la  convivencia ciudadana: «lo más extraordinario». Ya que a falta de Lanzarotes del Lago, de Amadises, de Quijotes, de Roldanes… Chesterton enlaza con la tradición del hombre de la calle y se atreve a construir héroes: el Napoleón de Notting Hill, en el antihéroe Quijote, en el Hombre que fue jueves, en las aventuras del Padre Brown, etc.

¿A qué viene esta incllinación  por lo común? Este realismo de la calle, de la taberna, de la tertulia de barrio, ¿a qué se debe? La razón nace en el pálpito del autor: «El mundo es siempre el mismo, porque es inesperado». Esta novedad de lo cotidiano nos lleva a pensar en el dinamismo indudable de lo creado. Aunque parezca un mundo estático, lo buscado nuevo ya está en nosotros, concebido al menos instintivamente. Como el sabio dijo Nihil novum sub sole.

Lepanto, por GK Chesterton

Me cuesta trabajo entender la poesía de GK, porque son versos largos y de carácter épico. Sin embargo, con motivo del aniversario de la batalla de Lepanto, el día 7 de octubre, he encontrado una lectura del poema que GK escribió en 1915, y que recomiendo, porque -además de poder seguir el texto en la pantalla- uno puede hacerse una idea de la pasión que proporcionan sus versos en su lengua original. La grabación está a cargo de SpokenVerse.

Como libro ha sido publicado en Español por Renacimiento en 2003, y es lo mejor que se ha publicado en español en la poesía de GK, por tener el acierto de publicar también la versión original, para poder contrastar. Aquí se accede a la reseña de Jorge Soley Climent.

De todas formas, si alguien lo desea, puede acceder a la versión en español a cargo de Jorge Luis Borges, en la página de Martin Ward.

La leyenda de la espada

No siempre lo moderno es lo mejor. El progreso no conlleva siempre el bienestar. Este es el mensaje con el  que concluye la pequeña fábula narrada por GK, escrita en 1.928,  publicada en su revista GK´s Weekly, y editada en castellano por la editorial Valdemar, donde nos relata de manera breve, irónica y divertida las pericias de sus dos protagonistas.

Un soldado ‘yanky’ se enfrenta a otro español en la Guerra de Cuba. Por diversas circunstancias, ambos tienen que sobrevivir  juntos en una isla selvática cubierta de una densa vegetación. El español tan solo tiene una vieja espada que perteneció a un antepasado suyo, mientras que el americano lucía su flamante nuevo revólver reglamentario.

El español se abre paso entre la densa maleza de la isla gracias a su espada, el americano le sigue detrás;

-Puedo ayudarte, preguntó el americano.
-Si con vuestra infalible puntería os dignarais disparar una tras otra, a cada brizna de hierba, ¿qué duda cabe de que acabaríamos la tarea más a prisa?

Los días de convivencia transcurren en el selvático istmo, y el hidalgo lograba mantener una excepcional limpieza y aseo personal. El americano descubre su secretoUn hombre sin más posesión  terrenal que una hoja de hierro, debe afeitarse como pueda, dijo el español disculpándose. Pero vos, equipado como estáis con todo el lujo de la ciencia, no tendréis dificultad en disparar a los pelos de vuestra barba con la pistola.

Tras agotar su munición al disparar a unas aves para alimentarse, le reprocha el hispano que ahora recurriremos a mi táctica rudimentaria de ensartar peces con la espada.

Por último, culmina la fábula con una lacónica pero sugerente frase puesta en boca del pobre súbdito del país perdedor de aquella contienda:

Hemos retrocedido a un estado en el que podemos obtener lo que necesitemos con lo que ya tenemos.
-¡Pero- exclamo el americano-  eso es el fin del Progreso!

La leyenda de San Francisco

Acabamos de celebrar la festividad de San Francisco de Asís: desde muy pronto, el joven Chesterton se interesó por su figura, escribiendo un ensayo en la época de colegio, y más tarde, en 1923, poco después de su conversión, una biografía fascinante, muchas veces editada.

Hoy publicamos un texto completo de GK de dimensiones asequibles, poco más de un folio -inaugurando así una nueva sección del blog-. Está recogido en Fábulas y cuentos, publicado por Valdemar, y apareció en el GK’s Weekly en 1926. Ironía y capacidad de intuición -¿don de la profecía?- son la mejor carta de presentación para este relato que habla de nuestros días. Lo publicamos en homenaje al Papa Francisco, que seguro que disfrutaría con su lectura, en el día de su patrono:

«San Francisco, que jugaba en los prados del cielo, había sido informado por su biznieto espiritual Fray Bacon (que se interesa por las cosas nuevas y curiosas) de que el mundo moderno estaba a punto de presenciar una importante celebración en honor del gran fundador. San Francisco, aparte de su gran amor hacia los miembros de su comunidad, sintió un deseo incontenible de estar presente; pero el beato Tomás Moro, que había visto el comienzo del mundo moderno y tenía sus dudas, movió la cabeza con ese humor melancólico que hacía de él una compañía tan encantadora.

-Me temo –dijo- que encontrarás muy desolador el actual estado del mundo para tus esperanzas de Sagrada Pobreza y de caridad con todas las cosas. Incluso cuando me fui (bastante bruscamente) los hombres empezaban a apoderarse codiciosamente de la tierra, a acumular oro y plata, a vivir nada más que para el placer y el regalo en las artes.

San Francisco dijo que estaba preparado para eso; pero aunque bajó a la tierra preparado en este sentido, al pasearse por el mundo se quedó perplejo.

Al principio tuvo cierta esperanza, no desprovista de santo temor, de que toda la gente se hubiera hecho franciscana. Casi nadie tenía tierras. Muchísimos estaban sin hogar. Si era verdad que todos habían estado acumulando propiedades, resultaba extraño que casi nadie tuviese nada. Entonces se encontró con un Filántropo, que le confesó que tenía ideales muy parecidos a los suyos, aunque no los exponía con la misma claridad; y San Francisco tuvo ocasión de disculparse, con todos sus buenos modales característicos, porque su voto le prohibiera llevar oro o plata en la bolsa.

-Yo nunca llevo dinero encima –dijo el Filántropo asintiendo con la cabeza-. Nuestro sistema de crédito se ha vuelto tan completo que en realidad las monedas resultan anticuadas.

Acto seguido sacó un trocito de papel y escribió en él; y el santo no pudo sino admirar la hermosa fe y simplicidad con que se aceptaba este garabato como sustitutivo del dinero en efectivo. Pero según ahondaba más en la conversación con el Filántropo, se iba volviendo más escéptico y desasosegado en su fuero interno. Por ejemplo, era indudable que, debido a ciertos votos sumamente respetables, el Filántropo y la mayoría de los demás comerciantes vestían de negro, de gris y de otros colores austeros. Desde luego, daba la impresión de que, en un rapto de humildad cristiana, se habían ataviado lo más horrendamente que podían, con unos sombreros y unos pantalones absolutamente espantosos para la sensibilidad artística del italiano. Pero cuando se puso a hablar con amable temor del sacrificio que hacían, y de lo duro que había sido incluso para él renunciar a las túnicas y capas púrpura, a los cinturones y los puños de espada dorados de su alegre y gallarda juventud, se quedó desconcertado al enterarse de que en esta época los mercaderes de su mismo gremio jamás habían sentido siquiera la tentación de llevar espada. Cada vez se iba convenciendo más de que pertenecían a un orden espiritual más puro que el suyo; pero, como este sentimiento no era nuevo para él, seguía confiando a estos ascetas los defectos de su propio ascetismo. Les contó cómo había gritado: «Aún puedo tener hijos», y cuánto lo atraía la vida familiar, cosa de la que todos se rieron y empezaron a explicar que pocos tenían hijos ni querían tenerlos. Y mientras seguían conversando, esa comprensión que está terriblemente alerta incluso en el más inocente de los santos empezó a apoderarse de él como una parálisis espantosa. No está claro si comprendió completamente cómo y por qué se negaban a sí mismos este placer natural; pero lo que sí es cierto es que regresó al cielo precipitadamente. Nadie sabe lo que piensan los santos en realidad, pero hubo quien dijo de él que había llegado a la conclusión de que las malas personas de su época eran mejores que las buenas de la nuestra».

Chesterton, el rey de Fleet Street

Otra especie de sección del blog será la de ir contando detalles de la vida de Chesterton poco a poco, que permitan una mayor familiaridad con su persona y su vida. Comenzamos por los inicios de la carrera periodística del GK, en los primeros años del siglo XX.

Fleet StreetTras su paso por la Slade School, una especie de academia de pintura, un entorno social en el que GK pudo conocer de primera mano toda la decadencia del mundo moderno, Chesterton comenzó a escribir reseñas de libros para diversos medios, hasta que, tras sus críticas a la imperialista guerra de los boers, saltó a la fama, y fue llamado para trabajar en diversos medios de relieve: comenzaba así su etapa en Fleet Street,  y ya se codeaba con los mejores periodistas y escritores de su tiempo. El ambiente de esa calle, en la que estaban situados los periódicos de Londres era muy agitado. GK hace reseñas, escribe crónicas, pronuncia conferencias, se reúne con sus colegas en los pubs, para comer y beber cerveza, criticar la sociedad y reír y disfrutar en noble camaradería. Tiene 30 años y ha publicado ya Herejes y El hombre que fue Jueves. Como dice L.I. Seco en su biografía, se había convertido en el rey de la bohemia periodística. Es una época de un periodismo vivo y arriesgado: se escribe y se discute con pasión y aventura, y hay libertad para expresar las propias ideas, a pesar de que las de GK iban cada vez más contra corriente, mientras se gestaba Ortodoxia: pero oírselas contar a GK era todo un espectáculo para sus compañeros.

Seco dice que GK no comprendió nunca por qué había caído con tan buena estrella en Fleet Street: «todos le habían advertido que el secreto consistía en escribir para cada periódico lo más adecuado a su línea de opinión y él había hecho exactamente lo contrario, descubriendo los cafés franceses y las catedrales católicas a los lectores del nada conformista Daily News y defendiendo ante la parroquia laborista del viejo Clarion la teología medieval».

Desde entonces, Chesterton siempre cayó bien y fue querido por todo el mundo.