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El cochero extraordinario: método, estilo y filosofía de GK

Acabamos de añadir un nuevo texto de GK en la página correspondiente: El cochero extraordinario. Es el capítulo V de Enormes minucias, una recopilación de artículos de 1909 con textos aparecidos desde 1901 en el Daily News, «ese diario que la gente compra aunque no cree en él, en oposición al Times, en el que la gente cree pero no compra» (Prólogo de Juan Lamillar). Era un periódico de talante diverso a la forma de pensar de GK, suficientemente liberal como para conservarlo entre sus colaboradores, a pesar de las discrepancias. El original inglés es Tremendous Triffles, que en la traducción portuguesa conserva mejor la sonoridad original: Tremendas trivialidades.

En esta entrada presentaré el texto, y colocaré la primera parte, que completaré con una segunda entrada. Este volumen de GK es uno de mis favoritos –siempre acabo por decir eso, me temo-. Pertenece a su primera época, y su estilo es quizá más chispeante y novedoso y aunque como se dice en la presentación de Archipiélago, no hay sorpresa, siempre hay asombro. Me gusta porque hace honor a su título y su título hace honor a su autor, a sus ideas, a su método y a su estilo. En el prólogo, Juan Lamillar (p.12) lo explica bien:

«Muchos de estos artículos suelen comenzar como la narración de un hecho cotidiano que Chesterton conduce a una situación que parece perderse en simplezas o en complicaciones y es en ese momento cuando el autor saca de ellas principios morales y verdades filosóficas. La reflexión surge de la exposición de una historia que acaba por alcanzar unos breves y contundentes argumentos, desembocando en la paradoja que se quiere crear, mostrar o explicar. Al marcado tono narrativo de estas páginas que comienzan con un cuento, hay que añadir una viveza en los diálogos que deja adivinar al novelista, lo mismo que su atención a las descripciones de los escenarios».

Y esto es así, casi una y otra vez, al menos en la forma. El fondo varía, tanto en el tipo de trivialidades como en las enormidades filosóficas y vitales a las que nos conduce, siempre de manera parecida. Al fin y al cabo, en eso consiste un estilo, ¿no? El relato El cochero extraordinario está dividido por el propio Chesterton en tres partes. Hoy sólo vamos a ver la primera.

De todas formas es preciso un inciso: por primera vez, al igual que hacemos con los textos de los ensayos más grandes que estamos analizando –El hombre eterno, Outline of sanity– hemos decidido recoger la versión original junto a la versión española, para advertir que falta un párrafo de GK, omitido tanto en la traducción de Vicente Corbí (Espuela de Plata), como en las obras completas, según la traducción de Calleja. El párrafo no es realmente fácil, y pone de relieve la idea de que es preciso conocer muy bien el pensamiento de GK para poder traducirlo. Sobre si la traducción es adecuada, el lector crítico podrá por fin formarse una opinión. Pero vayamos al texto de GK, que en realidad, podría ser un mini relato, muy en su estilo, que no precisaría una segunda parte, si no fuera porque refuerza la primera:

De vez en cuando he introducido en esta columna del periódico la narración de hechos que realmente han ocurrido. No quiero insinuar a este respecto que la columna se sostenga sola entre columnas de periódico. Sólo quiero decir que –a través de alguna parábola práctica de la vida cotidiana- he encontrado una mejor expresión de los significados que por cualquier otro método. Por eso que me propongo narrar el incidente del cochero extraordinario, que me ocurrió hace sólo tres días, y que –tan ligera como aparentemente- despertó en mí un momento de emoción genuina que bordeó la desesperación.

El día en que encontré al cochero extraordinario había estado comiendo en un pequeño restaurante en el Soho con tres o cuatro de mis mejores amigos. Mis mejores amigos son todos o escépticos irremediables o creyentes absolutos; así que nuestra discusión durante la comida giró sobre las más extremas y terribles ideas. Y la discusión acabó por girar exclusivamente sobre este punto: sobre si un hombre puede tener certidumbre sobre alguna cosa. Yo creo que puede tenerla, porque si (como decía mi amigo, blandiendo furiosamente una botella vacía) es intelectualmente imposible tener certidumbre, ¿qué certidumbre es esa imposible de tener? Si yo no he experimentado nunca lo que es la certeza, no puedo ni aun decir que nada hay cierto. De modo semejante, si nunca he visto el color verde, no puedo ni siquiera decir que mi nariz no es verde. Puede ser verde, verdísima, y no enterarme de ello si realmente no sé en qué consiste el verde. Nos lanzábamos, pues, insultos el uno al otro y la habitación se estremecía porque la metafísica es la única cosa completamente emocionante. Y la diferencia que nos separaba era profundísima, porque era una diferencia en cuanto a la finalidad de todo lo que llamamos amplitud de espíritu o inteligencia abierta. Porque mi amigo decía que él abría su intelecto, como el sol abre los abanicos de una palmera, abriéndolos por abrirlos, abriéndolos de una vez para siempre. Pero yo dije que yo abría mi intelecto como abría la boca, precisamente para volver a cerrarla sobre algo sólido. Estaba haciéndolo en aquel instante. Y, como señalé acaloradamente, resultaría extraordinariamente idiota si continuase con la boca abierta sin motivo y de una vez para siempre.

Spoiler-Destripe, sólo para los que quieren saber más:

-Aparece el sentido profundo asociado a un hecho pequeño, o relativamente pequeño, que cualquier otro hubiera dejado pasar.
-Aparece el sentido de la enormidad, habitual en GK, pues el incidente despertó en mí un momento de emoción genuina que bordeó la desesperación.
-Independientemente de sus convicciones personales, cualquiera puede ser un gran amigo de GK, aunque probablemente los que no tengan convicciones fuertes lo tienen más difícil, sean del bando que sean.
-La filosofía está localizada en la vida cotidiana: blandir la botella mientras se enuncia un principio universal… suena como lo más contrario de la actividad de los sesudos personajes que se dedican a dilucidar la comprensión del mundo. Con seguridad, Kant no lo haría, aunque era la tradición de los griegos.
-Se encuentra la frase lapidaria: la metafísica es la única cosa completamente emocionante.
-Tenemos incluida la paradoja, pues si […] es intelectualmente imposible tener certidumbre, ¿qué certidumbre es esa imposible de tener? 
-Y como siempre -tras la agudeza para descubrir lo complejo de la situación- su empeño por llegar al fondo de las cosas, expresado en la chestertonada que nos ayuda a comprender una realidad compleja –y con ella, el sentido de la vida humana: La diferencia que nos separaba era profundísima, porque era una diferencia en cuanto a la finalidad de todo lo que llamamos amplitud de espíritu o inteligencia abierta. Porque mi amigo decía que él abría su intelecto, como el sol abre los abanicos de una palmera, abriéndolos por abrirlos, abriéndolos de una vez para siempre. Pero yo dije que yo abría mi intelecto como abría la boca, precisamente para volver a cerrarla sobre algo sólido. Estaba haciéndolo en aquel instante. Y, como señalé acaloradamente, resultaría extraordinariamente idiota si continuase con la boca abierta sin motivo y de una vez para siempre.

GK y la economía de hoy

Estamos analizando en el Chestertonblog The Outline of SanityLos límites de la cordura– la obra de GK más adecuada para entender la crisis económica actual. Chesterton no es economista, lo que tiene la ventaja de que escribe –aunque con profundidad no exenta de complejidad- para un público no especialista, y analiza una a una las contradicciones del capitalismo.

El texto está escrito en 1925, cuatro años antes del crack del 29, que supuso el fin del capitalismo liberal y la entrada de los gobiernos en economía. Iremos explicando su visión de la situación. Pero para empezar puede servir este fragmento, en el que GK advierte de cómo se está transformando el capitalismo, con unos argumentos de rabiosa actualidad:

Lo más extraordinario es que su exposición [la de los capitalistas] tiene que echar mano de la retórica del socialismo. Dice simplemente que los mineros o los obreros ferroviarios deben proseguir su trabajo ‘en beneficio público’.

Nótese que los capitalistas ya no usan nunca el argumento de la propiedad privada. Se limitan por completo a esta especie de versión sentimental de la responsabilidad social general.

Resulta divertido leer lo que dice la prensa capitalista sobre los socialistas que abogan sentimentalmente por gentes ‘fracasadas’. Y ahora el argumento principal de todo capitalista en toda huelga es el de que él mismo está al borde del fracaso (OS, 02-05).

Aunque este último párrafo suene algo pasado de moda, estamos ante la manifestación de cómo el capitalismo ha cambiado su fuente de legitimación social: primero era la defensa de la propiedad privada y el éxito personal. La responsabilidad social ante un sistema que se hundía fue la apelación para que los gobiernos intervinieran, y además de crear el Estado del bienestar, salvaron al capitalismo. Tras la Segunda Guerra Mundial, la capacidad de crear riqueza y bienestar constituyó una excelente fuente de aprobación social: todo estaba en su sitio otra vez…

Pero cuando la crisis atenaza de nuevo, el argumento suena fuerte otra vez: no se puede dejar caer a los bancos, no se puede dejar caer a las empresas, hay que intervenir para salvar la economía… y no sigo, porque los argumentos –y la experiencia- la tenemos todos muy presente.

Pero así se cumplió otra realidad que GK había atisbado a principios del siglo XX: que capitalismo y Estado moderno están hechos el uno para el otro.

Continuará.

«The Outline of sanity»: Un debate como introducción

La mejor manera de introducir a The Outline of Sanity es organizar un debate sobre su nombre, en el que espero que se impliquen cuantos la hayan leído y contribuyan a enriquecerlo.

 Tengo noticia de tres nombres diferentes:
  +Perfil de la cordura es el título de la edición argentina que maneja Sada, que en español de España suena un tanto a retrato.
+Esquema de la cordura
es la traducción que hace Luis Ignacio Seco, basándose la versión española del libro de Maisie Ward. 
  +La traductora del libro de Pearce en la edición de Encuentro simplemente, no lo traduce, puesto que en ese momento no había en España una traducción disponible, y mantiene el título original.
  +Los límites de la cordura es la edición española de El buey mudo (2010), traducido por María Raquel Bengolea.

Hagamos un análisis semántico, atendiendo a las dos palabras que lo componen:

Outline: según los diccionarios que pueden encontrarse en Internet significa contorno, perfil, esbozo, boceto, guión, borrador, descripción general… Se puede entender por tanto, que es un retrato –o cualquier otra imagen- a grandes trazos, sin concluir, sin terminar los detalles.
  +Por eso, la traducción que más apropiada me parece que sería la de esbozo, plan general.
  +Límites, sin embargo, no termina de ser mala, porque –entiendo yo- que viene a querer decir que hay un marco razonable y más allá de ese marco, perdemos la cordura. Es una solución creativa. Ahora bien, ¿se ajusta a lo que quería decir GK?
  +Por otra parte, está claro que el libro no es un libro de propuestas concretas, sino de ideas para la organización del mundo, y su justificación, aunque –como se ve obligado a tomar las referencias del mundo existente- la mención crítica de capitalismo y comunismo es constante.

Sanity es la palabra clave, pero no sólo de este libro, sino de todo Chesterton, así que resolverla en dos líneas resultaría pretencioso. Pero ahí va una reflexión:
  +Cordura la veo como opuesta a locura: es cierto que la lunacy es una referencia constante en los escritos de GK, pero a mí me resulta pobre: a GK le encanta jugar con el par cordura-locura y aplicárselo a sí mismo, por lo que no lo veo la traducción conveniente. Y además, como título resulta poco periodístico.
  +Sensatez me parece la palabra correcta en castellano: la persona que la tiene actúa correctamente, no en sentido moral ni racional sino vital, hace lo que tiene que hacer para vivir la vida -ese tesoro inigualable- de la mejor manera posible, es decir, sensatamente.
  +Sanity es la palabra clave en Chesterton, y estoy convencido de que significa mucho más que sensatez: es toda una actitud ante la vida que implica a la totalidad de la persona. Todo lo que pretendía con sus escritos es fomentar en los lectores ese equilibrio sobre el que aún no me siento preparado para escribir: describir bien la sanity en GK es uno de mis sueños. Quizá por eso hay tantas entradas en el Chestertonblog marcadas con esa etiqueta, porque la veo en todos sus escritos.
  +Pero si lo aplicamos al texto que estamos tratando, encontramos una cierta diferencia con respecto a la mayoría de los escritos de GK, puesto que sanity se usa aquí en un sentido social. Esto tampoco es ninguna novedad en Chesterton: el mundo está como está porque las personas están perdiendo el sentido común, dirá una y mil veces el propio GK. Pero Chesterton es optimista: lo que los seres humanos han tenido una vez pueden volver a recuperarlo: ésa es la tesis del primer capítulo de The Outline of Sanity, y de todo el libro, por utópico que suene.
  +Los lectores de GK habrán visto con frecuencia la palabra atmósfera en sus escritos. Pues bien, la segunda traducción de esa palabra es ambiente, y en mi opinión, ésa es la acepción correcta de la palabra, y me remito a obras como Ortodoxia o El hombre eterno, donde continuamente aparece con ese sentido. Es decir, vivimos en un ambiente enrarecido, y hay que recuperar la sanity colectivamente.

Eso es The Outline of Sanity: en la medida en que la organización socioeconómica se organice según un determinado orden social, será más fácil recuperar un ambiente de sensatez, cordura, sentido común… En suma:
  +O bien la obra trata de exponer unos principios convenientes que guíen lo que tenemos que hacer, a modo de esbozo general.
  +O bien la obra describe lo que está ocurriendo, cómo hemos llegado a superar determinados límites.

Y ahora toca necesariamente dar mi opinión personal -mi propuesta de título– tras esta larga discusión:

  +El límite de la sensatez: aunque la obra tiene un contenido teórico, la referencia que guía a los distributistas es el ideal en el que los seres humanos se desenvuelven en un ambiente de pequeña propiedad y sana libertad: esto es lo que ha desaparecido, es la barrera que se ha roto, el límite que ya se ha sobrepasado.
  +Sin embargo, guardo un as en la manga, que voy a poner sobre la mesa, en forma de unas palabras de GK que aclaran bastante el sentido.

Estos nuevos sabios no esperan que el hombre corriente pueda gobernar su casa, y con absoluta certeza no quieren que gobierne el Estado […] Sólo nosotros tenemos derecho a llamarnos demócratas. Ésta es nuestra opinión y el bolchevismo y el capitalismo coinciden absolutamente en defender la opinión contraria. […] Nosotros al menos conocemos la sensatez, aunque sólo sea en sueños, mientras que ellos avanzan encadenados para siempre a un crecimiento sin libertad y a un progreso sin esperanza (GK’s Weekly, número 1, 21.III.1925)

  +A la vista de estas palabras, el título que probablemente escogiera –si no tuviera más remedio que elegir uno- sería Esbozo de sensatez, para ser fiel al pensamiento de GK.
  +Pero como no tengo que traducirlo obligatoriamente, en el Chestertonblog no vamos a traducirlo. Si hay que referirse a alguna versión concreta, lo haremos con el nombre que le hayan dado sus editores, lógicamente. 

Bienvenidos a The Outline of Sanity, con nuestros mejores de deseos de que se formen su propia opinión.

GK, autor de libros de viajes

La fama internacional de GK hizo que viajara por diversos países, impartiendo conferencias. Las editoriales en seguida vieron un filón en estos viajes, y encargaron obras sobre ellos.

Que sepamos, la única obra traducida al español es Lo que vi en América, publicado por Renacimiento, pero son muy conocidos Iris ImpressionsThe New JerusalemThe Resurrection of Rome. En algunos de sus libros se publicaron artículos dedicados a otros países -Francia, Holanda, Polonia-. Espuela de Plata ha traducido una recopilación póstuma, publicada con el sugerente nombre El color de España y otros ensayos, pero sólo cinco artículos se dedican a ese país.

Portada interior del libro

Portada interior de La Resurrección de Roma

Hasta aquí,  el texto que hemos añadido al breve elenco de las obras de GK, en la página correspondiente. Para darle la necesaria difusión, iba a escribir una breve entrada sobre esta característica, cuando encuentro este texto de Luis Daniel González, que a su vez recoge palabras del propio Chesterton, y que es una buenísima autopresentación de GK. Sólo reproducimos un fragmento de la entrada de Bienvenidos a la fiesta:

«Dejando al margen las peculiaridades del estilo de Chesterton, y que siempre se dirige a lectores ingleses y por tanto menudean las referencias a la historia y los hábitos de su país, estos libros muestran bien algunas de sus singularidades, que podrían llamarse defectos o limitaciones como el mismo autor afirma en The Resurrection of Rome (1930).

Una, en el mismo comienzo, cuando dice que le pidieron escribir un libro sobre Roma y él explicó francamente que se veía como un mal reportero y un mal reseñador por su falta sentido de la proporción: Encuentro demasiadas cosas interesantes y poseo pocas cualidades para lo que se requiere, las cualidades de selección y de concentración. Soy un mal reportero porque todo me parece merecedor de un reportaje; y un mal reseñador porque cada sentencia en un libro me sugiere un ensayo independiente.

Otra la manifiesta poco después: Del mismo modo debo confesar (…) que soy un mal viajero o, al menos, un mal turista. Y de nuevo debo decir que tengo respeto por el turista pues lo mismo es verdad de un peregrino. Yo soy la clase de peregrino que nunca ve al Papa porque se queda demasiado tiempo mirando a la Guardia Suiza.

Una tercera se ve cuando habla de su entrevista con Mussolini, que tuvo lugar en francés y eso también propició –se lamenta- que no le entrevisté porque él me entrevistó a mí. La conclusión que saca Chesterton es que no soy un buen periodista, debido a verse atado por esos modales victorianos que le llevan a permitir a su interlocutor que hable: pido perdón por este mal ejemplo para cualquier Guía del Periodista Joven.

Y otra más, quizá la más importante y uno de los grandes placeres que produce la lectura de Chesterton, es su inclinación a tomar ocasión de cualquier pequeño motivo para abrir grandes panoramas al lector: Sé bien que la impresión general que producirá este libro es que yo no puedo hablar acerca de algo sin hablar acerca de todo. Es un riesgo que debo aceptar pues es un método que defiendo.«

Estilística chestertoniana

En el delicioso ensayo «Una reconstrucción», perteneciente al corpus de ensayos de GK Chesterton «Lectura y locura», publicado por la Espuela de Plata (2008), leemos la siguiente figura literaria -la primera de una serie-: «Se dice a menudo de los poetas desenfrenados y transcendentes que corren el riesgo de acabar en la locura… Son los hombres prosaicos las víctimas más comunes de la locura. Es el racionalista quien enloquece».

En este texto de GKC, si seguimos la retórica al uso, lo calificanos como seno de una cumplida paradoja. Es decir, Chesterton por medio de la pirueta paradójica desvía el lenguaje de su registro estándar, para que nos extrañemos del texto y lo reflexionemos con detenimiento.

En el caso que nos ocupa, el autor continúa el párrafo y niega la paradoja: «No se trata de ninguna paradoja, sino de una afirmación que se nos hace evidente desde el mismo momento en que nos paramos a considerarla». Al fin y a la postre, con la negación/afirmación de su herramienta favorita, lo que pretende GK Chesterton es desvelarnos el sentido de lo real cotidiano y del misterio inefable.

El hombre alegre

La alegría, el optimismo y la vitalidad del cristiano es una idea nuclear que subyace de manera constante en el pensamiento chestertoniano. Y la fuente de estos joviales sentimientos es la Fe.  Una Fe esperanzadora, luminosa y omnipresente que resplandece en el horizonte vital del cristiano: «Agua milagrosa que sacia nuestra sed, sustenta nuestras aspiraciones  e irradia destellos de ilusión».

Este es el estado natural del hombre; la pena y la tristeza son periodos excepcionales. La vitalidad ha de tender a expandirse y a contagiarse. El hombre es más humano cuando está feliz. Los cristianos tenemos la obligación de estar alegres y hacer alegres a los demás. Hemos de tener un corazón alegre y así poder cantar por las maravillas que el creador ha puesto en la tierra.

Claro exponente de dicho espíritu jovial y alegre es San Francisco de Asís.  En la bellísima bibliografía que hace GK. Chesterton, (Biblioteca Homo Legens) describe las primeras consecuencias de la  transformación sufrida por el hijo del noble comerciante de telas:

«No tenía ni un céntimo, no tenía familia, según todas las apariencias no tenía ni oficio ni plan ni esperanza en el mundo; y según se internaba bajo los árboles escarchados, rompió a cantar.»

Aparentemente no tenía nada, pero realmente lo tenía todo. Era un hombre feliz.

Jugando hábilmente  con las palabras, define también al poverello, no solo como humanista,  sino como humorista también, que se deja llevar por su humor (y por su amor, diría yo) que va a su aire, en definitiva, hace lo que le viene en  gana y lo hace con alegría.

Juglar, humanista, humorista y poeta. Poeta único y excepcional, ya que poseía un privilegio habitualmente vedado al resto de los poetas, pudiéndosele calificar como el «único poeta feliz entre los poetas infelices del mundo».

También describirá a S. Francisco más adelante  en lo referente a su modo de vida, como un  asceta, pero paradójicamente señala que ese ascetismo, «era desde cierto ángulo el colmo del optimismo.»

Al final del capítulo III, y describiendo el autor el calamitoso y frágil aspecto del santo, por sus constantes ayunos y vigilias por llevar su simple camisa de crin incluso en el crudo invierno, tras tumbarse desnudo sobre el suelo, probando así su insignificancia y nimiedad, continua:

«Y podemos decir, casi con la misma honda certidumbre, que las estrellas que pasaban sobre aquel cadáver enjuto y consumido, despojado sobre el suelo pedregoso, por una vez, en todos sus brillantes ciclos en torno al mundo de la afanosa humanidad, vieron a un hombre feliz.»

Sirva este pequeño recordatorio, para despedir el mes que comenzó con la festividad de uno de los hombres más humildes y a la vez grandes de la historia.

Remedo y puesta al día de un artículo de G.K. Chesterton

Acerca del artículo «Lectura y locura», recogido en el volumen de ensayos del mismo título. Publicado por Espuela de plata, Salamanca. 2008 . Como el texto es un poco más largo que otras veces, lo hemos colocado en una lugar  especial, en una nueva página del Chestertonblog.

La afición e incluso, la pasión de un bibliófilo por los libros, nuevos y viejos, más o menos enmohecidos puede entenderse más lúcida que la de algunos «juntaversos» de hoja subvencionada. Así como la monomanía y, además, obsesiva del viejo profesor por su anticuado  atuendo austero pero digno, es  posible considerarlas unas patologías menos importantes que las de las untadas damas de la alta sociedad, que pierden el norte y el sur por el último modelo de Versace.

Puede ser que el libro o los libros, es decir, las bibliotecas puedan aguardar silenciosos en sus anaqueles a alguno, para volverlo tarumba, pero, ¿cómo definir la entidad y ser de este tipo de demencia?

Consideramos que hay una cierta inclinación hacia este tipo de anormalidad, cuando damos más relieve al símbolo que al referente, como el avaro en cuanto que quiere más al dinero que una buena casa, un buen colegio para sus hijos, un magnífico automóvil, y unos deliciosos caldos y coquetos trajes… hasta dar al que no tiene. Pues sí, en este caso estamos ante un loco. El avaro es un loco. El avaro se ha hecho ajeno a la realidad. De semejante manera, el libro ejemplifica la posesión intelectual humana de la existencia. (… Y a todo esto, el más cuerdo héroe que los siglos han visto, quemando libros, previo escrutinio). Cuando el lector prefiere más al libro, símbolo cerrado de la vida, que a las perlas del conocimiento que encierra – referentes reales del vivir, del existir-, el lector es un avaro. El lector, el avaro, el uniaficionado, cae en la idolatría o único modo de ser ateo.

En este mundo de la idolatría no es lo peor que los idólatras -borrachos o bibliómanos- apunten alguna tendencia perversa, sino que muestren la ausencia de excelencias innatas. Porque el riesgo de enajenación mental en la literatura estriba no tanto en el amor exacerbado por el libro, cuanto en la separación de la vida, en el desinterés por el hombre y sus sentimientos y en lo que, precisamente, de humano recoge el libro recién cerrado.

Nacimiento de la liga distributista

En el Club Chesterton de Granada vamos a comenzar a estudiar la que es probablemente la obra de GK más relacionada con la actual crisis económica. Se trata de The Outline of Sanity, cuya última traducción al castellano ha sido bajo el título Los límites de la cordura, un análisis de la moderna sociedad industrial, del capitalismo y del socialismo, en el GK vierte sus ideas acerca del orden social fundamental. Abriremos una página para el libro y en ella –igual que en el caso de El hombre eterno– iremos colgando los capítulos con nuestra versión del texto y sus correspondientes comentarios.

Para quitar hierro a nuestra última entrada, muy intensa, hemos pensado colocar una anécdota que tenga que ver con el nuevo horizonte al que nos enfrentamos. GK había comenzado la publicación del GK’s Weekly en 1925, con un claro afán de reflexión sobre los problemas del hombre moderno, y uno de ellos –como no puede ser de otra manera- es la organización socio-económica. Durante esos años, la Revolución soviética se estaba consolidando y GK en colaboración con Belloc y otros muchos amigos- sintieron la necesidad de buscar soluciones más adecuadas al ser humano que las conocidas hasta ese momento, particularmente capitalismo y socialismo. Establecieron unos criterios básicos –recogidos en el libro mencionado- que iban publicando en el semanario.

Y a partir de ahora dejamos la palabra a Joseph Pearce, en su magistral biografía sobre GK, Sabiduría e inocencia, p.402-3, mostrando el ingenio y agudeza que siempre caracterizó a GK:

«Empezaron a argumentar que la doctrina tendría más crédito si encontraba expresión en una organización política; de este modo nació la Liga Distributista el 17 de septiembre de 1926, en el Essex Hall situado en el Strand. Chesterton abrió la sesión inaugural citando la afirmación de Francis Bacon de que «la propiedad es como el estiércol: sólo es buena cuando está extendida» y siguió diciendo que «la única idea de la Liga es restaurar la propiedad». A la semana siguiente, tuvo lugar la primera reunión del comité, y Chesterton fue elegido presidente en toda regla. Se discutieron nombres alternativos, como el de Cobbett Club, Liga de los luditas o Liga de los pequeños propietarios, y la discusión se prolongó en el G. K.’s Weekly en una serie de artículos:

«La Vaca y los Acres es un nombre apropiado para el pub en el que podríamos reunirnos, pero como planteamiento económico es demasiado limitado…

La Liga de los Hombres Pequeños (Presidente, G. K. Chesterton), puede parecer en principio que alude a los duendes, no obstante, ha tenido grandes apoyos entre nosotros.

Supongamos por otro lado que llamamos al movimiento La Liga de la Propiedad Perdida… En el conjunto de nuestra ideología, la idea de la restauración de la propiedad perdida es más esencial incluso que la idea de la libertad, tal y como la entendemos en la actualidad. La Liga para la Defensa de la Propiedad y la Libertad implica que la propiedad está ahí para ser defendida, mientras que la Liga de la Propiedad Perdida describe exactamente el estado de la cuestión».

Una nota sobre el nudismo

Hoy ofrecemos un texto breve de GK, perteneciente a El hombre corriente, y que por tanto debe estar escrito en 1935-36. Es corto y delicioso, y lo vamos a utilizar como botón de muestra de cómo pensaba GK. Para hacer frente a los retos de nuestro mundo utilizando a GK como herramienta, no se trata sólo de saber lo que pensaba, sino de aprender a pensar como él lo hacía. Este texto breve proporciona un montón de pistas.

Siempre tengo dudas sobre si dejar los textos de GK tal cual o explicarlos, pero entre los comentarios del blog y los comentarios de palabra con algunas personas, se me ocurre que podría utilizarse un sistema como el de las críticas de cine que avisan con la palabra Spoiler sobre lo que viene después: el que se sienta satisfecho con el texto original, que se plante.

Pero primero, el texto de ‘Una nota sobre el nudismo’:

«Algunos de los escritores modernos más inteligentes tienen una ligera costumbre contra la que quisiera protestar. Consiste en negarse de plano a tener en cuenta la opinión de los demás tal cual es y a considerarla según sus propios méritos. El escritor moderno debe de suponer que es una mera cuestión de elegir entre su propia extremada opinión y algo que está en el otro extremo. Encontré un curioso ejemplo de tal cosa en un excelente libro de Cicely Hamilton llamado Modern Germanies. Trata de la secta de los nudistas, que han renovado la vieja herejía de los adamitas y andan muy tranquilos sin ropa alguna encima, y se toman muy en serio; como si la desnudez fuera un invento moderno. Creo que la señorita Hamilton realmente estuvo dudando un poco, pues sus instintos de persona civilizada la movían a reír, y sus instintos de persona progresista, a aplaudir. ¿Qué hace entonces? Se pone a contar la vieja historia de Pablo y Virginia, la muy artificial y sentimental novela del siglo XVIII, en la que la heroína se ahoga porque se niega a quitarse la ropa. Después agrega que si ‘ella tuviera que elegir’ entre Virginia y cualquier chica alemana que encuentre más cómodo andar sin ropa, elegiría a ésta mejor que a aquella. Pero, antes que nada y en primer lugar, ¿por qué tendría ella ‘que elegir’? ¿Por qué no considerar al nudismo por sus propios méritos; y a la opinión que la gente sensata tiene de la ropa, también por sus propios méritos? Si yo tengo que juzgar a un borracho, lo haré sin tomar por los pelos la comparación con un faquir loco que deliberadamente murió de sed en el desierto. Si tengo que juzgar a un avaro, lo llamaré avaro, a pesar de la posible existencia de un noble vienés, loco y borracho, que arrojó diez mil monedas de oro a tina alcantarilla. No alcanzo a comprender por qué la señorita Hamilton recurre a una extravagancia para justificar otra.

Estatua de Lady Godiva, de William Reid (1949) en Coventry, UK

Estatua de Lady Godiva, de William Reid (1949) en Coventry, UK

Segundo, si supone que Virginia representa la moral normal, tradicional o cristiana, probablemente esté muy equivocada. Muchas autoridades del cristianismo le dirán que su idea del sacrificio se parecía mucho al pecado de suicidio. Porque Pablo y Virginia no fue escrita en un período cristiano, sino en uno del todo pagano, cuando la Francia prerrevolucionaria estaba enamorada de los estoicos paganos que no desaprobaron el suicidio. La historia misma se basa en gran parte en un viejo romance clásico. No puede tomarse como típico del cristianismo moderno, ni siquiera del cristianismo medieval. En este sentido, debe recordarse que Virginia es una heroína pagana, y que Godiva fue una heroína cristiana.

Por último, no estoy seguro de que yo eligiese a la muchacha alemana, si me obligaran a elegir. Podemos pensar que se hace un sacrificio a un código de honor equivocado, pero el sacrificio está ahí; y ahí está el honor. No tenemos razones para suponer que la nudista sabe siquiera lo que nosotros entendemos por honor. No sabemos nada de ella, excepto que no sabe lo que nosotros entendemos por dignidad. Como muestra llana de psicología práctica, creo que es muy posible que la pobre y equivocada doncella, que murió por su dignidad, también muriera por su país, como moriría por sus amigos, por su fe, o por su promesa o por cualquier otra obligación digna. De la otra mujer no sabemos nada, excepto que (con el cerdo y otros animales), se siente más cómoda sin ropa. A mi me parece que es una base insuficiente para inspirar confianza moral».

Y a partir de ahora, el Spoiler, con permiso:

Chesterton actúa como crítico de la cultura, atendiendo a lo que se publica a su alrededor, que a su vez atiende a los fenómenos globales. Como hoy…

-Descubre un patrón de conducta en los periodistas cuando se tienen que enfrentar a una realidad que no saben muy bien cómo enjuiciar y es entonces cuando se propone el dilema.

-Pero proponer un dilema no es juzgar por sí misma una cosa, máxime cuando uno no tiene mucha idea de los elementos que introduce en la disyuntiva.

-Una cuestión a tener en cuenta es que solemos pensar que todo lo que pasa a nuestro alrededor es nuevo, cuando en este caso es tan viejo como los adamitas –que recurren al más viejo de todos los hombres, que comenzó yendo desnudo, claro está. Pero habría que saber que el adamismo es una corriente que surge en el siglo II en el norte de África.

-La siguiente cuestión –por lo que tiene de defensa del cristianismo- es pensar que lo tradicional es cristiano por el hecho de serlo, y GK desmitifica la historia de Virginia, que murió por no querer quitarse la ropa -¡qué tontería!, diríamos hoy- siendo una moderna y romántica heroína pagana, mientras que Lady Godiva de Coventry –heroína cristiana de la Edad media- no tuvo reparos en quitarse la ropa para ayudar a sus súbditos cuando hizo falta.

-Por último, GK recurre a la cuestión de los valores –dignidad, honor, confianza moral: todos insisten en la educación en valores, pero a nadie le importan realmente los valores de los demás. Sin embargo, vivimos en sociedad.

Y además, dos apostillas. La primera sobre sus ejemplos: el avaro y el borracho, tan habituales y simpáticos en sus escritos. La segunda sobre su cultura, en contraste con la nuestra, que nos sabemos los éxitos deportivos y musicales, pero carecemos de referencias… sin más, de referencias.

La leyenda de San Francisco

Acabamos de celebrar la festividad de San Francisco de Asís: desde muy pronto, el joven Chesterton se interesó por su figura, escribiendo un ensayo en la época de colegio, y más tarde, en 1923, poco después de su conversión, una biografía fascinante, muchas veces editada.

Hoy publicamos un texto completo de GK de dimensiones asequibles, poco más de un folio -inaugurando así una nueva sección del blog-. Está recogido en Fábulas y cuentos, publicado por Valdemar, y apareció en el GK’s Weekly en 1926. Ironía y capacidad de intuición -¿don de la profecía?- son la mejor carta de presentación para este relato que habla de nuestros días. Lo publicamos en homenaje al Papa Francisco, que seguro que disfrutaría con su lectura, en el día de su patrono:

«San Francisco, que jugaba en los prados del cielo, había sido informado por su biznieto espiritual Fray Bacon (que se interesa por las cosas nuevas y curiosas) de que el mundo moderno estaba a punto de presenciar una importante celebración en honor del gran fundador. San Francisco, aparte de su gran amor hacia los miembros de su comunidad, sintió un deseo incontenible de estar presente; pero el beato Tomás Moro, que había visto el comienzo del mundo moderno y tenía sus dudas, movió la cabeza con ese humor melancólico que hacía de él una compañía tan encantadora.

-Me temo –dijo- que encontrarás muy desolador el actual estado del mundo para tus esperanzas de Sagrada Pobreza y de caridad con todas las cosas. Incluso cuando me fui (bastante bruscamente) los hombres empezaban a apoderarse codiciosamente de la tierra, a acumular oro y plata, a vivir nada más que para el placer y el regalo en las artes.

San Francisco dijo que estaba preparado para eso; pero aunque bajó a la tierra preparado en este sentido, al pasearse por el mundo se quedó perplejo.

Al principio tuvo cierta esperanza, no desprovista de santo temor, de que toda la gente se hubiera hecho franciscana. Casi nadie tenía tierras. Muchísimos estaban sin hogar. Si era verdad que todos habían estado acumulando propiedades, resultaba extraño que casi nadie tuviese nada. Entonces se encontró con un Filántropo, que le confesó que tenía ideales muy parecidos a los suyos, aunque no los exponía con la misma claridad; y San Francisco tuvo ocasión de disculparse, con todos sus buenos modales característicos, porque su voto le prohibiera llevar oro o plata en la bolsa.

-Yo nunca llevo dinero encima –dijo el Filántropo asintiendo con la cabeza-. Nuestro sistema de crédito se ha vuelto tan completo que en realidad las monedas resultan anticuadas.

Acto seguido sacó un trocito de papel y escribió en él; y el santo no pudo sino admirar la hermosa fe y simplicidad con que se aceptaba este garabato como sustitutivo del dinero en efectivo. Pero según ahondaba más en la conversación con el Filántropo, se iba volviendo más escéptico y desasosegado en su fuero interno. Por ejemplo, era indudable que, debido a ciertos votos sumamente respetables, el Filántropo y la mayoría de los demás comerciantes vestían de negro, de gris y de otros colores austeros. Desde luego, daba la impresión de que, en un rapto de humildad cristiana, se habían ataviado lo más horrendamente que podían, con unos sombreros y unos pantalones absolutamente espantosos para la sensibilidad artística del italiano. Pero cuando se puso a hablar con amable temor del sacrificio que hacían, y de lo duro que había sido incluso para él renunciar a las túnicas y capas púrpura, a los cinturones y los puños de espada dorados de su alegre y gallarda juventud, se quedó desconcertado al enterarse de que en esta época los mercaderes de su mismo gremio jamás habían sentido siquiera la tentación de llevar espada. Cada vez se iba convenciendo más de que pertenecían a un orden espiritual más puro que el suyo; pero, como este sentimiento no era nuevo para él, seguía confiando a estos ascetas los defectos de su propio ascetismo. Les contó cómo había gritado: «Aún puedo tener hijos», y cuánto lo atraía la vida familiar, cosa de la que todos se rieron y empezaron a explicar que pocos tenían hijos ni querían tenerlos. Y mientras seguían conversando, esa comprensión que está terriblemente alerta incluso en el más inocente de los santos empezó a apoderarse de él como una parálisis espantosa. No está claro si comprendió completamente cómo y por qué se negaban a sí mismos este placer natural; pero lo que sí es cierto es que regresó al cielo precipitadamente. Nadie sabe lo que piensan los santos en realidad, pero hubo quien dijo de él que había llegado a la conclusión de que las malas personas de su época eran mejores que las buenas de la nuestra».