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Chestertonadas

Es conocido que GK es un maestro de la paradoja. Pero las paradojas de Chesterton pertenecen a un género propio, que trasciende la paradoja, así como la metáfora, la comparación y otras figuras literarias y estilísticas que utiliza con profusión y que no conozco técnicamente con precisión. En muchas sólo son ideas, frases brillantes sin más, que en seguida reconocemos como propias de un genio como Chesterton.

Cuando encuentro estas palabras deslumbrantes en alguno de sus textos no dudo en calificarlas de chestertonadas. Unas son más sonadas que otras, pero todas contribuyen al género de felicidades que señalaba Borges. Vamos a ver un ejemplo, tomado del estudio de GK dedicado a Charles Dickens. En el primer capítulo advierte de la forma de ser del escritor, de la humanidad que destilan sus libros, aunque se desenvuelvan en situaciones dramáticas, exageradas quizá por su estilo peculiar, pero que hay que tratar con profundo respeto. Y para acercarse a Dickens, a sus libros y sus personajes, no hace falta sólo respeto, sino la siguiente actitud (y aquí viene la chestertonada):

«El altivo poeta de la Edad Media (se refiere a Dante, por si algún despistado no lo sabe) escribió a la puerta del infierno aquel ‘Abandonad toda esperanza los que aquí entréis’. Los poetas emancipados de hoy han puesto idéntico letrero en la puerta de este mundo. Pero para entender esta historia es menester que, si quiera por una hora, arranquemos el cartel apocalíptico. Es menester que rehagamos la fe de nuestros padres, aun cuando sólo sea como ambiente artístico. Así pues, lector, si eres un pesimista, olvídate por un momento, mientras lees este libro, de los placeres del pesimismo. Sueña algo disparatado: sueña que la hierba es verde. Olvídate de ese saber siniestro que se te figura tan claro; reniega de ese conocimiento mortífero que te jactas de conocer. Rinde la misma flor de tu cultura; renuncia a lo más preciado de tu orgullo; antes de entrar aquí, abandona la desesperanza».

Un nuevo capítulo de El hombre eterno

La página del blog llamada El hombre eterno sigue creciendo. Como estaba previsto, seguimos añadiendo capítulos glosados y estructurados, para facilitar su lectura, en formato de prueba, pero accesible al que lo desee.

El capítulo se llama Las cinco muertes del cristianismo, y es un interesante ejercicio de filosofía de la historia. La idea principal es que, dada la capacidad del cristianismo de insertarse en la sociedad y pertenecer a una época determinada de la sociedad, lo suyo es que hubiera muerto, con el resto de elementos de su época: así pudo pasar en la época romana y tras la Edad Media. Y no sólo eso, si no que a veces ha habido quien ha intentado matar al cristianismo, dada la fuerza que presentaba. E incluso peor aún: parecía que el cristianismo moría por sí mismo, por la debilidad de sus miembros. Sin embargo, lo que ha sucedido es algo tan inesperado como la resurrección de Jesucristo: ha vuelto a renacer, siempre mostrando nuevas facetas.

Muchas veces hemos oído decir que el cristianismo es algo viejo, casi medieval, de la época de las catedrales, que ya está a punto de desaparecer, como un río que llega al estuario y se funde con el mar, tras hacer su aportación a la historia de la humanidad. Pero el cristianismo no despareció con la llegada de la modernidad. Nietzsche predicó la muerte de Dios. Pero «fue una sorpresa y un rompecabezas, porque a la mayoría de la gente le pareció como un río retornando desde el mar e intentando subir nuevamente hacia las montañas».

¿Vivimos hoy una época parecida, de muerte del cristianismo? Además de sus metáforas brillantes, GK ofrece argumentos y ejemplos. en este capítulo se encuentran las palabras que un blog amigo, Siguiendo a Chesterton, tiene como subtítulo: «Una cosa muerta puede ser arrastrada por la corriente, pero sólo algo vivo puede ir contra ella». GK hace también de profeta en este capítulo, como tendremos ocasión de ver. Pero el mérito de GK este capítulo no está en anticipar determinados acontecimientos, sino en mostrar la forma concreta en que a lo largo de los siglos han ido tomado las  palabras de Jesús:  ‘Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán’.

Las citas de Chesterton

Muchas veces pienso que GK es demasiado conocido por sus citas cortas: tanto, que eclipsa al resto de sus escritos, al menos parcialmente, y puede parecer que es un autor de frases afortunadas. Afortunadamente, nuestros tiempos de redes tienen espacio para lo breve –twitter- y para lo amplio. Y aunque en este blog nos dedicamos a lo amplio, de vez en cuando hay que hacer un hueco –chiquito, no hace falta más- para lo breve.

Y es que uno no puede quedarse sin más leyendo cuando se encuentra joyas como ésta: tiene que levantarse, venir al blog y ponerse manos al teclado. Ahí va la perla, encontrada en el estudio que GK dedica a Charles Dickens:

El verdadero gran hombre es el que hace que todo humano se sienta grande.

Me gusta porque es lo contrario a lo que está de moda, o quizá algo más que de moda, porque ya lo estaba en tiempos de GK: ‘si quieres ser grande, sé tú mismo; vive con libertad, vive al límite; los demás no importan’. Siento haber comentado la cita, pero no puedo resistir encontrar aquí nuevamente al GK sociólogo crítico.

Chesterton y su obra: una nueva página en el blog

Por fin podemos anunciar la creación de una página completa dedicada a Chesterton y su obra, en la que se puede obtener una panorámica completa de su vida, su aportación y sus libros.

Como es amplia y tiene varios apartados, para facilitar que todo el mundo pueda darle un repaso completo, la iremos sacando apartado a apartado en entradas semanales.

Pero si eres de los que no pueden esperar, tienes el acceso en una pestaña superior, junto a la cabecera del blog, aunque también puedes acceder desde aquí a GK y su obra.

Chesterton, profeta de nuestro tiempo

La gente corriente suele considerar profeta a la persona que anticipa la realización de un acontecimiento, que en sentido amplio, es más bien la capacidad de tener una determinada visión del futuro, normalmente con carácter condicionado. En el antiguo Testamento, los profetas son hombres de Dios, enviados para instruir al pueblo y mostrarles los errores que está cometiendo. Tienen la misión de enseñar y re-conducir al buen camino.

Siempre he considerado a GK un gran profeta, por su capacidad para proyectar las condiciones intelectuales y sociales de su época hacia delante: tenía el don de llegar a las últimas consecuencias de los hechos y de los argumentos, y los desafiaba con su brillante y divertida dialéctica, advirtiendo en los primeros síntomas lo que hoy vivimos de manera generalizada.

En El hombre corriente, he encontrado, sin embargo, una de las pocas veces que hace una afirmación tajante. Comentando las burlas de un periodista al espiritismo, habla con la solemnidad de un profeta. Eso sí, sin arrogarse especiales poderes, tan sólo invocando el sentido común. Pero 80 años después, estas palabras tienen plena vigencia.

«La experiencia mostrará que no es cierto que [el espiritismo] desaparece en todas partes frente al avance de la educación; por el contrario, algunos de sus más perversos ministros han sido los más altamente educados. La crónica mostrará que no es verdad que indique barbarie más que civilización; hubo más adoración de los malos espíritus en las ciudades de Aníbal y Moctezuma que entre los esquimales o los salvajes de Australia. Y el conocimiento de las ciudades modernas mostrará que se continúa practicando en Londres y París ahora mismo».

Como siempre, el método de GK nos ayuda a repensar nuestras creencias más asentadas: un ‘mundo civilizado’ ha de ser necesariamente mejor que uno que no lo es; la educación sería la solución para todos los problemas; el posible enemigo es el que está fuera, lejos de las fronteras…

El hombre corriente, un nuevo libro de Chesterton en español

Acabo de encontrar en las estanterías de la librería Dauro un nuevo libro de GK traducido al español: El hombre corriente, publicado por la Editorial Renacimiento, en la colección Espuela de Plata, que tiene un estilo propio de impresión, con un cierto aire antiguo muy atractivo. De hecho, la portada es la misma que la edición original, en la que el hombre corriente es interpelado por un grupo de vetustos personajes (que recuerdan al banquero de Mary Poppins) y que parece un catálogo de narices:

Es el último libro al que GK dio el visto bueno antes de morir, en 1936, y es casi un testamento vital de su propia visión del mundo, en defensa de la alegría de la vida cotidiana. Es, como la mayoría de sus obras, un conjunto de ensayos y artículos. Como siempre, echo de menos el momento y lugar de publicación inicial, porque ayuda a la interpretación de cada texto. Pero en cualquier caso, está lleno de esas felicidades que Borges encontraba en GK. Como muestra, sirva un botón:

«Es en nuestros propios hogares y en nuestro propio círculo, […], en las viejas enfermeras, en los caballeros con hobbies, en las solteronas charlatanas y en los enormes e incomparables mayordomos, donde podemos sentir la presencia de la sangre de dioses».

GK siempre debate con los intelectuales que defienden al hombre corriente del… hombre corriente, particularmente cuando son los hombres y mujeres comunes quienes sufrimos la crisis económica generada en buena parte por los especuladores financieros. En cualquier caso, ¿con qué palabras se podría hacer una exaltación más gloriosa del hombre corriente?

Addenda: Este libro contiene algunos de los mejores ensayos en mi opinión de GK, en los que proporciona claves interesantísimas para entender su pensamiento. En ese sentido, discrepo de los artículos que destaca Luis Daniel González en su reseña, que tienen carácter mas convencional. ‘El restablecimiento de la filosofía ¿Por qué?’, ‘El perfil de la libertad’ ‘Consultando la enciclopedia’ y ‘Si tuviera que predicar un único sermón’, son un auténtico testamento vital de GK, con relación a los temas y perspectivas que sintetizan su vida y su obra, explicados por él mismo, en relativamente pocas palabras. Esperamos poder analizarlos pronto en el Chestertonblog.

Chesterton, la modernidad y el marco

Acabo de leer unas palabras del Papa Francisco sobre la modernidad muy interesantes en la carta que dirige a Scalfari -el fundador del diario italiano de izquierdas La Repúbblica-, en contestación a una carta abierta del propio Scalfari a Francisco. Son éstas:

«A lo largo de los siglos de la modernidad, se produjo una paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido expresados precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la razón. Así entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana, por una parte, y la cultura moderna de carácter iluminista (en español del España diríamos ilustrado, nota de chestersoc), por la otra, se ha llegado a la incomunicación. Ahora ha llegado el momento, y el Vaticano II ha inaugurado justamente la estación, de un diálogo abierto y sin prejuicios que vuelva a abrir las puertas para un serio y fructífero encuentro».

A Chesterton le gustaban las ventanas porque decían que era un marco a través del cual se veía mejor la realidad. No tengo intención de corregir a Francisco, Dios me libre. Sólo quiero aclarar que el diálogo entre el cristianismo y la modernidad siempre ha existido y que ése es precisamente el marco  -la ventana- desde la que se puede ver mejor a GK, pues todos sus escritos están impregnados de esa intención de de dialogar, de poner evidencias y argumentos sobre la mesa. La idea de este blog es que GK puede ayudar mucho a ese diálogo y comprensión mutua, y hay que amplificarlo.

La definición de lo que fue GK -¿escritor, periodista?- que más me gusta es polemista, porque le encantaba el diálogo, destacando los aspectos controvertidos. Toda su obra puede calificarse como una gran polémica con la modernidad, este mundo moderno que tiene tantas cosas que mejorar.

Dickens y Chesterton

He comenzado a leer David Copperfield, la obra de Charles Dickens que según todos es un trasunto de su propia vida. Comienzo a leerla de manera colectiva, por común acuerdo con mis amigos de la tertulia literaria de Gójar, y reconozco que me ha cogido. Nunca había leído nada de Dickens, aunque sabía que era una de las influencias que ayudaron a GK a salir de la fase depresiva y solipsista de su juventud, y no me extraña, porque la mirada del joven David lo impregna todo de una simpatía que te hace sonreír.

Pues bien, éste es el principio del libro: «Para empezar el relato de mi vida por el principio de la misma, dejo constancia de que nací un viernes, a las doce de la noche, según me contaron y yo lo creo».

Seguro que a más de uno le habrán venido a la memoria estas palabras de la Autobiografía de GK: «Doblegado ante la autoridad y la tradición de mis mayores por una ciega credulidad habitual en mí y aceptando supersticiosamente una historia que no pude verificar en su momento mediante experimento ni juicio personal, estoy firmemente convencido de que nací el 29 de mayo de 1874, en Campden Hill, Kensington, y de que me bautizaron según el rito de la Iglesia anglicana en la pequeña iglesia de St. George…»

Siempre pensé que este párrafo era una ironía dirigida a cuantos están convencidos de que todo conocimiento ha de provenir de la experiencia directa y que la influencia de los demás no es sino perjudicial para el desarrollo de una vida autónoma y un juicio personal… Pero ahora reconozco también un homenaje a su maestro. Son muchas las influencias de Dickens en GK que he reconocido en los pocos capítulos que llevo del libro, y quizá en más ocasiones vuelva sobre ellas, porque al leerlas, sientes conocer un poco mejor a GK.

En cualquier caso, el esquema se repite: en un mundo en el que se nos invita vivir nuestra vida individual, son los demás quienes nos abren los ojos a la realidad.

Recorriendo la red se encuentran tesoros

Internet es el paraíso para los chestertonianos, antes o después, acabas por toparte con un texto que merece la pena leerlo de cabo a rabo. Ésta es una entrada del blog de Enrique García-Máiquez, poeta y gran admirador de GK. Si de alguien pudiera decirse que es discípulo de GK, podría aplicarse a él: escribe con soltura, gracia y agudeza, y sobre todo, siempre manda la sanity, la cordura, y la alegría de vivir en todo lo que dice. Vale la pena seguirlo.

La entrada comenta un prólogo a un libro de GK, pero habla sobre todo de las diversas etapas de la vida de nuestro protagonista, a partir de un inexacto comentario del prologista sobre Frances Blog. Si no fuera porque habla de él mismo, pienso que a GK le habría encantado esta historia.

Es también una entrada paradigmática de blog, y de cómo hacer que un tema suscite comentarios interesantes, hasta de personas muy conocidas en el ámbito de la cultura. Enhorabuena.

Bueno, os dejo con García-Máiquez.

Chesterton: elogio de la madera

Me he topado por casualidad con una representación de la imagen de la Inmaculada de Alonso Cano, el genial artista barroco, que se conserva en la catedral de Granada. Este tesoro rodeado de tesoros es una talla de unos 50 cm de altura realizada inicialmente para el facistol de la catedral, que hoy preside la sacristía.

Como si fuera un clic de ratón, me han venido a la cabeza unas palabras sobre la madera que leí el otro día en uno de los ensayos recogidos en Los países de colores. El ensayo en cuestión está dedicado a la caja de pinturas y es, cómo no, una variación sobre uno de los temas que fascinan a GK, la posibilidad de creación, la creatividad que tenemos los seres humanos. Volvamos a la madera:

«Es la más fascinante y las más simbólica de las sustancias, ya que tiene la dureza esencial justa para resistirse al aficionado y la maleabilidad necesaria para convertirse en un instrumento musical en manos de un experto. Trabajar la madera es el ejemplo supremo de creación; la creación en un material que se resiste lo justo pero ni un ápice de más. No resulta por tanto de extrañar que el mejor en tomar forma de hombre fuera carpintero».

Inmaculada de Alonso Cano seleccion