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Blogs con textos y citas de Chesterton en versión original

Para que aquellos que visitan el blog pero no siempre se entretienen en recorrerlo puede que bien traerles algunas de las secciones del mismo, como la dedicada a otros blogs sobre Chesterton. Ayer presentábamos a nuestros colegas de la Albany Chesterton Society (Nueva York) y hoy traemos otros tres blogs que ofrecen siempre textos y citas de GK, aunque sin comentar, como hacemos nosotros.

Portada Hebdomadal Chesterton

The Hebdomadal Chesterton recomienda -como su propio nombre indica- tomar una saludable dosis de GK cada una vez a la semana y lleva muchos años funcionando, ofreciendo textos relativamente breves -de uno o dos párrafos, que los hace muy legibles- y de primera categoría. Aunque en alguna ocasión hemos estado tentados de imitarlos, en el Chestertonblog hemos decidido mantenernos fieles a nuestro propósito inicial: enseñar a pensar como Chesterton, explicándolo y tratando de hacer que sea asequible para todo el mundo.

Otro blog que recoge textos de Chesterton es Wit & Wisdom: GK Chesterton Quote.com. Además de ofrecer fragmentos suyos diariamente, también enlaza con otras páginas de Paul Nowak, su autor, como Eternal Revolution, que invita al pensamiento y la acción, basado en la idea de GK de que las revoluciones son siempre una vuelta a algo que ya existió.

También ofrece citas casi diarias el blog GKC Daily. Este blog -igual que casi todos- también está presente en Facebook.

Estos blogs aportan referencias de Chesterton poco conocidas en España, pues muchas de ellas nunca han llegado a ser traducidas, incluyendo los tres o cuatro volúmenes de sus obras completas en los que Ignatius Press recoge los artículos semanales del Illustrated London News nunca recopilados. Es obligado traer una de estas citas, en este caso del GKC Daily:

Uno de los más extraños y profundos estados de ánimo humanos es aquel –tal vez en un jardín por la noche, o ante la profundidad de los ondulantes prados- en el que de repente nos da la sensación de que cada flor y cada hoja dicen algo estupendo e importante, y que es un prodigio de la imbecilidad no haber escuchado o entendido antes (Robert Browning).

Quedan aún pendientes otros muchos blogs y webs, que ya iremos mostrando.

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Nuestros colegas de ‘The Albany Chesterton Society’

Acaban de contactar con el Chestertonblog nuestros colegas de The Albany Chesterton Society, que -como indica su nombre- se encuentran en el norte del Estado de Nueva York, en Estados Unidos. Tienen un blog muy simpático, en el que recogen sus actividades y lecturas y, de cuando en cuando, algunas entradas con más contenido (además de los enlaces, como es lógico).

Albany Chesterton Society Foto del grupo 1212

Nuestros amigos de la ‘Albany Chesterton Society’

Además, nos han dedicado una estupenda entrada de su blog. Lo que más me ha gustado de este encuentro ‘virtual’ es volver a comprobar algo que ya sabíamos: que mucha gente en muchas partes del mundo se reúne con un plan muy similar: leer y comentar las obras de Chesterton y compartir una comida o unas rondas de cerveza, que es exactamente lo que hacemos en el Club Chesterton de Granada. Cien años después, GK sigue invitándonos a pensar nuestro tiempo y a encontrarnos con nosotros mismos –individual y colectivamente-, mientras nos hace sonreír, contribuyendo a recuperar el sentido común en nuestro tiempo, no tan diferente del suyo como pueda parecer a simple vista.

No me he resistido a ofrecer esta ‘panorámica’ de nuestros amigos de Albany, tomada de su propio blog: la sensación de estar unidos por Chesterton genera una empatía, un vínculo peculiar –casi diría un sentido de fraternidad- como la que se ha generado con esas personas que se han ido uniendo a nuestra iniciativa desde otras partes España y del mundo y han empezado a colaborar con nuestra tarea, con sus traducciones o entradas . Desde aquí repetimos la invitación a colaborar con el Chestertonblog –también en otros idiomas- y agradecemos a todos los lectores su apoyo, cuando estamos a punto de cumplir un año de andadura.

El padre Brown, detective: la primera película

Father Brown Detective Title Card

El padre Brown, tan poco aficionado a los focos y a la atención pública, no se dejó capturar por una cámara de cine hasta 1934, veinticuatro años después de la publicación original de “La cruz azul” en el Saturday Evening Post.

El cine americano había roto a hablar hacía muy poco, especialmente a partir del éxito del musical “El cantor de jazz” (1927). Las viejas estrellas del cine mudo que no consiguieron reciclarse fueron eclipsadas por una nueva oleada de artistas que hablaban y cantaban. Y hacían falta escritores, muchos escritores para poner palabras en sus bocas: aunque el cine mudo había dado relatos de excepcional complejidad y ambición literaria (valgan como ejemplo las obras monumentales del malogrado Erich von Stroheim), el sonoro abre nuevas posibilidades, desde los diálogos hilarantes entre Groucho y Chico Marx (“Los cuatro cocos“, 1929) hasta las observaciones sentenciosas de un vampiro con ínfulas poéticas (“Drácula“, 1931). Para esa industria, hambrienta de historias con gancho, diálogos impactantes y personajes memorables, los relatos de misterio son una fuente riquísima. Uno tras otro, todos los grandes detectives van desfilando por la pantalla grande: Sherlock Holmes (es justamente recordada la serie de catorce películas que protagonizó Basil Rathbone), Charlie Chan, Hércules Poirot… y, tarde o temprano tenía que ocurrir, también el padre Brown.

La proeza se debe a Edward Sedgwick, compinche habitual de Buster Keaton y director de todas las películas de “Cara de palo” para la Metro-Goldwyn-Mayer. Ambos, de hecho, compartieron decadencia en la MGM de los 40, almacenados como trastos viejos en la misma oficina, sin mucho que hacer salvo idear gags para las nuevas estrellas de la comedia. Pese a ello, Sedgwick aún dirigió unas quince películas después de “Father Brown, Detective”, incluyendo un triste largo propagandístico de Laurel y Hardy (“Los vigilantes del cielo“, 1943) y un episodio especial de la sitcom canónica “I Love Lucy” (1953).

Igual que ocurrirá otros veinte años después con la británica “El detective” (1954), los veteranos guionistas C. Gardner Sullivan y Henry Myers (que participaría más adelante en la “Alicia en el País de las Maravillas” de Disney) usan como punto de partida el relato “La cruz azul” para tomar a continuación varios desvíos y rodeos pintorescos en la carrera de ingenio entre Flambeau y el padre Brown hasta completar un largometraje.

paul-lukas-gertrude-michael-walter-connolly-father-brown-detective

El primer rostro que toma prestado el padre Brown para asomarse a la pantalla es el de Walter Connolly, que desde 1932 venía interpretando en la radio a otro detective clásico, el Charlie Chan de Ear Derr Biggers, y no mucho después encarnaría a Nero Wolfe en “The League of Frightened Men” (1937).

¿Consiguió Connolly dar vida al padre Brown o, como en el caso de Alec Guinness, se limitó a cubrir a su personaje habitual con una sotana? A juicio del autor de la única reseña en la entrada de la película en la Internet Movie DataBase, el trabajo de Connolly va más allá de la técnica de la interpretación: “Realmente es el padre Brown”. Su actitud, sus gestos, sus guiños; todo ello, escribe, confiere vida a un sacerdote creíble.

Es imposible valorarlo sin haber visto la película. Diríase que, por su peculiaridades, el padre Brown es un personaje especialmente difícil para un actor. Y lo es en gran medida por lo que tiene en común con un actor, esa capacidad para meterse en la piel ajena, para ver el mundo con ojos de otros, para sentir como ellos, pero que, a diferencia del actor, ejerce sin llamar la atención sobre sí mismo, ocultándose tras una suerte de carisma negativo.

Esto probablemente tenga que ver con la especial aproximación de Chesterton al relato detectivesco. El misterio al uso nos plantea un enigma fascinante cuya solución a menudo corre el riesgo de decepcionarnos, como el mago que nos explica la trampa pedestre de la ilusión que nos había maravillado. Chesterton intenta que la solución del enigma sea aún más prodigiosa que el enigma mismo, y al mostrarnos que hay más magia en la realidad que en la apariencia, nos señala el mayor de los misterios, aquel no se puede explicar, o apenas enunciar, sino solo mostrar. El padre Brown, y por esto tan difícil atraparlo en el celuloide, es otro misterio que existe para celebrar ese misterio mayor, y sabe, como su autor, que hay cosas que no puede compartir con nosotros, como nos recuerdan las bellas y escalofriantes líneas finales del relato El hombre invisible, recogido en El candor del padre Brown: Pero el padre Brown siguió caminando durante muchas horas, bajo las estrellas, por aquellas colinas cubiertas de nieve en compañía de un asesino, y lo que se dijeron el uno al otro nunca se sabrá.

‘La cólera de las rosas’, de Chesterton

Portada La colera de las rosasEn el portal de carácter generalista Alexandriae.org (el nombre es bastante expresivo de su sentido de la cultura) han colocado una selección de textos de Chesterton. Se llama La cólera de las rosas, que es una selección de textos variados de GK, publicados en diversos momentos y lugares. Están precedidos de la necrológica de Chesterton que escribió Borges, publicada en la revista SUR, disponible también en el Chestertonblog. Por supuesto, además del ensayo que da nombre a la recopilación, contiene algunos textos clásicos, como Tres clases de hombres, Ethandune, o la voz ‘Humorismo‘, que GK realizó para la Enciclopedia Británica (Acceso al original).

Como suele suceder en estas recopilaciones que aparecen de vez en cuando en Internet -más allá del hecho en sí de ser de Chesterton- se echa de menos saber la procedencia de cada uno de los textos y la autoría de las traducciones. Pero ahí está, disponible como un aperitivo, una pequeña introducción al maestro del ensayo y la paradoja, precedida por una breve semblanza del autor, en la propia web.

Maisie Ward y el ‘Cuaderno de notas’ de Chesterton: los inicios de su aventura

Portada de una biografía de Maisie Ward, amiga personal y editora de Chesterton. undpress.nd.edu

Portada de una biografía de Maisie Ward, amiga personal y editora de Chesterton. undpress.nd.edu

“Escribo este capítulo ante Notre-Dame de París, frente a un café lleno de discutidores obreros franceses –en presencia de Dios y del Hombre-, y creo comprender el único odio de la vida de G.K.: su repugnancia por el pesimismo. ¿Se enorgullece un hombre de perder su oído, su vista o su olfato? ¿Qué diremos del que se enorgullece de empezar como un mutilado intelectual y terminar como un cadáver intelectual?

Estas palabras corresponden al capítulo 5º de la biografía de Maisie Ward sobre Chesterton (Editorial Poseidón, Buenos Aires, pp.60-61) que contiene datos interesantísimos y poco conocidos –o quizá olvidados- de la vida de GK. Por ejemplo, dedica este 5º capítulo completo a la existencia de un Notebook o Cuaderno de notas, “empezado en 1894 [cuando GK tenía 20 años] y usado a intervalos en los cuatro o cinco años siguientes, en que Gilbert anotó su filosofía paso a paso a medida que la descubría”. Vale la pena conocer los datos y textos que Ward nos proporciona: aunque ya sabemos el final de su aventura, es gozoso encontrar estas palabras llenas de ardor juvenil, en las que, como dice Enrique García-Máiquez, está todo Chesterton, como si fueran hologramas de él mismo. Continuamos con el texto de Ward, del que hoy sólo ofrecemos unos párrafos:

“La letra es la obra de arte que debió aprender y practicar, tan diferente de los garrapatos de su niñez. Cada idea es anotada a medida que se presenta a su espíritu, no hay ilación. En este libro y en Los países de colores puede verse la creación del punto de vista de Chesterton sobre la vida –y todo ocurrió en los primeros años siguientes a sus veinte. De las semillas de pensamientos plantadas ahí, había de crecer Ortodoxia y todo el resto –aquí son sólo semillas, pero semillas que contienen inequívocamente la flor del futuro:

No habrían de oír de mí una palabra
de egoísmo o desdén.
si yo pudiese hallar la puerta,
si pudiese nacer.

“Hace decir esto al Niño por Nacer en su primer volumen de poemas [ poesía publicada completa en el Chestertonblog]. Y en el Cuaderno de notas vemos cómo el niño que viene al mundo debe cumplir esta promesa aceptando la vida con sus enigmas, su belleza, su fugacidad: ¿Somos todos polvo? Pero ¡cuán bella cosa es el polvo! […] Esta redonda tierra quizá sea una pompa de jabón, pero debemos admitir que hay en ella algunos lindos colores. […] ¿De qué sirve la vida? Es fugaz. ¿De qué sirve una taza de café? Es fugaz. Ja, ja, ja.

“El regalo de nacer, como debía llamarlo en Ortodoxia, no implica la sola existencia, sino una riqueza de otros dones. Titula Queja este pensamiento:

Dame algún tiempo;
si abres tantas puertas
y me haces tantos dones, Señor,
no lo tendré para apreciarlos todos.

“Queda casi abrumado con todo lo que tiene y todo lo que es, pero lo acepta con ardor en su totalidad.

Si los brazos de un hombre pudiesen ser un círculo de fuego
que abarcasen el mundo,
creo que yo sería este hombre”.

Juan Manuel de Prada y la ‘expedición’ de Chesterton: prólogo a ‘El Hombre eterno’

Juan Manuel de Prada considera El Hombre Eterno la obra maestra de Chesterton. Foto: escritores.org

Juan Manuel de Prada considera El Hombre eterno la obra maestra de Chesterton. Foto: escritores.org

En última entrada sobre el optimismo, Chesterton concluía que para disfrutar verdaderamente de la realidad hace falta la humildad, el reconocimiento, y la conciencia que estar vivos es un don. Como no encontró ninguna ideología de su época que se la plantease en serio, acabó acercándose al Cristianismo, como veíamos en el fragmento final de la entrada: Y cuanto más creía que la clave había que buscarla en aquel principio, por extraño que pareciese, más dispuesto estaba a buscar a aquellos que se especializaban en la humildad, aunque para ellos fuera la puerta del cielo y para mí la de la tierra (Autobiografía, 16-20).

Estas palabras nos sirven de puente para presentar el prólogo de Juan Manuel de Prada a El hombre eterno (Ed. Cristiandad, Madrid, 2008, pp.9-14). Como otros muchos fans de Chesterton, Prada no tiene reparo en hablar de él siempre que se tercia, en sus numerosos artículos de prensa. Por desgracia, muchos de ellos no están disponibles al gran público, por las políticas editoriales de los medios, aunque sería una suerte poder ofrecer –al menos una selección- en el Chestertonblog. Por lo pronto, disponemos de este extraordinario Prólogo completo, que hemos contextualizado con el fragmento anterior, en el que GK muestra por qué se acerca a la Iglesia:

“Esa curiosidad hacia lo que sus contemporáneos denigraban sumariamente, incapaces de taladrar la mugre de los prejuicios, acabaría convirtiéndose en un deslumbramiento. Los hombres de su tiempo coincidían en caracterizar la Iglesia como una suerte de cárcel del intelecto; Chesterton no tardaría en comprobar que, más bien al contrario, era un ameno prado donde la libertad del hombre podía retozar a su gusto con alborozo casi infantil. Así, lo que había empezado siendo una suerte de desplante o insumisión ante el pensamiento dominante de su época acabaría convirtiéndose en una jubilosa expedición en pos de la Verdad. Y la crónica de esa expedición, narrada en un puñado de libros que concilian la intención apologética con el esplendor verbal y los primores del ingenio y la paradoja, conforma uno de los edificios más imperecederos de la literatura del siglo XX” (p.9-10).

Glosamos el contenido del libro en una página del blog. Aquí basta recordar las dos tesis principales: el hombre no es un elemento más de la naturaleza, hay una fortísima ruptura con ella; el Cristianismo no es una religión más entre las creencias humanas, pues se basa en la Encarnación del propio Hijo de Dios, hecho hombre. Por eso, nos limitamos a señalar algunas consideraciones que Prada realiza sobre el libro, su aportación más importante.

Volvemos a Prada  donde lo dejamos hace un momento, con los escritos de GK acerca del Cristianismo: “Este libro que ahora acometes, querido lector, quizá sea el pináculo que remata tan hermoso edificio; pero es, al mismo tiempo, el basamento en que se funda su robusta piedra angular. En Chesterton, la gracia de la expresión nunca se alcanza en detrimento de la hondura del pensamiento: ambas forman una aleación que hace de su escritura un festín de la inteligencia y una exultante experiencia estética. En Chesterton descubrimos, en fin, que Belleza y Verdad constituyen una amalgama indisociable; y alcanzar esa íntima comunión, que es la exigencia máxima del artista, es también la exigencia máxima del católico” (p.10).

“El hombre es único y diferente del resto de animales porque es creador además de criatura. La inteligencia humana no existía; y de pronto comenzó a existir. Y, ligado a la irrupción de la inteligencia humana, Chesterton sitúa el reconocimiento del misterio: el hombre que se sabe singular respecto a las demás criaturas se sabe también depositario de un don divino, se sabe elegido por Dios. Con el tiempo, llegará a perder el sentido de esa singularidad, llegará a extraviar su innato sentido religioso, hasta que en la historia humana irrumpe Dios mismo: las manos que habían modelado el mundo se convierten en las manos desvalidas de un niño que asoma a la vida. De nuevo, el milagro acontece en una cueva; pero esta vez quien nos invoca desde el interior de esa cueva ya no es un mero hombre, ni siquiera un hombre excepcional. […] ¿Cómo explicar el desparpajo con el que se proclama repetidamente Hijo de Dios? Sólo un loco se atrevería a tanto. Pero Jesús, que a la vez que se proclama Hijo de Dios no procura tantas muestras de un juicio y discreción supremos, no puede tratarse de un loco. ¿No será, pues, que es algo más, mucho más, que un mero hombre? (p.12-13)

“Las delicadezas del pensamiento chestertoniario alcanzan en El hombre eterno su expresión más acendrada. Mientras avanzamos en su lectura descubrimos que la historia de la humanidad es en realidad una epopeya de salvación en la que Dios y el hombre caminan juntos de la mano sobre un jardín recién estrenado, como en el primer día de la Creación. El hombre eterno es, desde luego, una obra maestra de la literatura, pero también algo mucho más vertiginoso: es la gracia divina hecha escritura, transmutada en frases gozosas, de una belleza y un ardor intelectuales tales que quienes las leen tienen la sensación de haber sido bautizados de nuevo. Ojalá, querido lector, después de paladear cada razonamiento, cada fulguración de la inteligencia que alberga ese libro irrepetible […] puedas sentirte partícipe de la hermosa epopeya –eterna y siempre renovada- que Chesterton aquí nos narra con palabras imperecederas” (p.13-14).

Marshall McLuhan: Chesterton fue un maestro del argumento en las cuestiones más confusas de nuestra era

Imagen de la cuenta oficial de Marshall McLuhan en Twitter.

Imagen de la cuenta ‘Marshall McLuhan’ -sobre comunicación- en Twitter.

Va siendo hora de volver a colocar en el Chestertonblog algún tipo de prólogo o estudio. En esta ocasión, hemos escogido un fragmento de Marshall McLuhan (Alberta, Canadá, 1911-1980), el autor de expresiones famosas –porque son reales- como la ‘aldea global’ o ‘el medio es el mensaje’. McLuhan se convirtió al catolicismo influido por los escritos de Chesterton, y escribió varias cosas sobre él, y algunas están recogidas en la selección que D.J. Conlon realizó para la Universidad de Oxford (G.K. Chesterton. A Half Century of Views. Oxford, 1987). En concreto, hemos seleccionado –y traducido, gracias a nuestro sensacional  y siempre amable colaborador Carlos D. Villamayor- el capítulo Dónde entra Chesterton (pp.75-77). Nuestra idea inicial fue publicarlo entero (aquí el texto completo en castellano y en inglés), pero como resultaba demasiado extenso, hemos eliminado una parte, en la que McLuhan considera que la parte poética y artística no es la mejor de Chesterton (la historia juzgará sus méritos y sus influencias literarias). La aportación de Chesterton estaría en otro sitio:

“Hoy en día, el público de Chesterton sigue siendo en gran parte el público que leyó sus libros tal como fueron publicados. Y para estos lectores, representa inevitablemente una variedad de actitudes y costumbres literarias que han empezado a ‘pasar de moda’ en una manera que impide a muchos lectores más jóvenes acercarse a él. De manera que, por ejemplo –incluso en universidades católicas- los libros de Chesterton no están frecuentemente en las listas de lectura, ni muchos estudiantes actuales leen más que ocasionalmente las historias del Padre Brown.

“La relevancia contemporánea de Chesterton es –específicamente- que su intuición metafísica del ser estuvo siempre al servicio de la búsqueda de un orden moral y político en el caos actual. Fue un tomista por connaturalidad con el ser, no por estudio de Santo Tomás. Y a diferencia de los neo-tomistas, su infalible sentido de la relevancia de la analogía del ser dirigió su mirada intelectual no a los escolásticos, sino al corazón del caos de nuestro tiempo.

“La enseñanza católica de la filosofía y las artes tiende a ser catequética. Busca precisamente esa pseudo-certeza cartesiana que oficialmente deplora, y se separa a sí misma de la vida compleja de la filosofía y las artes. Esto es sólo para decir que las universidades católicas son justamente como las no-católicas: reflejos de un mundo mecanizado. Por otro lado están los descubrimientos críticos genuinos, hechos por T. S. Eliot y F. R. Leavis, sobre cómo entrenar, simultáneamente, percepciones estéticas y morales en actos de conciencia y juicio unidos: estos grandes descubrimientos son ignorados por educadores católicos. Más bien en los patrones racionalistas y dialécticos de Buchanan y Adler se imaginan que existe algún residuo tomista en que se puede confiar.

“Ahí es donde entra Chesterton. Su infalible sentido de relevancia y de la ubicación del corazón del caos contemporáneo lo llevó siempre a atacar el problema de la moral y la psicología. Él estuvo siempre en el orden práctico. Es importante, pues, que se haga una antología de Chesterton de acuerdo a lo indicado por el Sr. Kenner: no una antología que preserve el sabor victoriano de su periodismo a través de citación extensa, sino una de fragmentos que le permitan al lector sentir la poderosa intrusión de Chesterton a todo tipo de cuestión moral y psicológica confusa de nuestro tiempo. Puesto que parece que él nunca llegó a posición alguna mediante dialéctica o doctrina, sino que disfrutó de un tipo de connaturalidad con toda clase de sensatez.

[…]

“En pocas palabras, Chesterton no fue un poeta. La superstición de que lo fue está basada en las connotaciones vagamente edificantes de ‘lo poético’, prevalecientes hasta hace poco. Fue un moralista metafísico. Por tanto, él no tenía dificultad en imaginar qué tipo de presiones psicológicas ocurrirían en la mente de un egipcio del siglo cuarto, o un miembro de clan de las Highlands escocesas, o un californiano moderno; o en meterse en la cabeza de estos y en ver con sus ojos en la manera que hace al Padre Brown único entre los detectives. Pero no estaba ocupado en representar su propia época en términos de tan variada experiencia, como típicamente lo está el artista. El artista nos ofrece no un sistema, sino un mundo. Un mundo interior es explorado y desarrollado y entonces proyectado como un objeto. Pero ese nunca fue el método de Chesterton. Todas mis puertas mentales abren hacia fuera, a un mundo que yo no he hecho [en ‘El asombro y el poste de madera’ de Los países de colores], dijo en una formulación básica. Y esta distinción debe permanecer siempre entre el artista ocupado en construir un mundo y el metafísico ocupado en contemplar un mundo. También debe liberar las mentes de aquellos que, de un sentido de lealtad al poder filosófico de Chesterton, se han sentido obligados a defender su retórica y sus versos también.

“Es hora de abandonar al Chesterton literario y periodístico al destino crítico que le espere de parte de evaluadores futuros. Es hora también de verlo libre de la acumulación accidental de gestos literarios efímeros. Esto significa verlo como un maestro de la percepción analógica y del argumento, que nunca erró al enfocar –con un alto grado de sabiduría moral- las cuestiones más confusas de nuestra era”.

Chesterton y la psicología del filósofo

Descartes fue uno de los primeros filósofos en negar la validez de los planteamientos de los filósofos anteriores y aferrarse a 'su idea', el ejemplo perfecto de lo que Chesterton plantea en este texto. Wikipedia.

Descartes fue de los primeros en negar validez a los planteamientos de los filósofos anteriores y querer fundarlo todo desde ‘su idea’ (Pienso, luego existo): el ejemplo perfecto de lo que Chesterton plantea en este texto. Retrato de Frans Hals, 1648.

En la entrada Mi final es mi principio Chesterton hace un breve resumen de su filosofía: una decidida apuesta por el realismo. Llama mucho la atención la continuidad tan grande de este fragmento de la Autobiografía (Acantilado, 2003), con los capítulos iniciales de Ortodoxia, en la que habla de la locura de pensar que la propia visión del mundo es la única correcta. En este libro, GK criticaba que todas esas visiones del mundo o ideologías de fondo subjetivista estaban bien construidas, eran perfectas, redondas… y por tanto -como el círculo, eran limitadas, y que sólo una forma de ver el mundo –la que tiene su inicio paradójicamente en forma de cruz, podía expandirse hasta abarcarlo todo.
Lo más destacable de esta forma de ver las cosas es la capacidad de no fiarse de uno mismo. Es cierto que el mundo académico cita y considera hitos en la filosofía, habitualmente del tipo “Ya Fulano demostró que esto o aquello era así”, pero también: “que todo lo anterior era falso o insuficiente”, siendo la propia decisión del filósofo el criterio de validez, demasiadas veces inmersa en la moda o en el ‘espíritu de los tiempos’.
Contra esto se rebela Chesterton, contra este aspecto tan humano y psicológico de los filósofos, de los sabios, que la mayoría de ellos –tan entendidos- apenas son capaces de advertirlo por cuenta propia.
Selecciono los párrafos de GK del cap. 16 de la Autobiografía, en los que vemos a un Chesterton psicólogo de agudeza extraordinaria y una preocupación por la verdad, superior a la preocupación por la originalidad, la moda intelectual o la brillantez discursiva:

No sólo no negaré que casi todas las teologías o filosofías contienen una verdad, sino que lo afirmo rotundamente, y de eso es de lo que me quejo. Todas y cada una de las doctrinas o sectas que conozco se conforman con seguir una verdad, bien sea teológica, teosófica, ética o metafísica. Y cuanto más universales afirman ser, tanto más parece que lo único que hacen es simplemente coger algo y aplicarlo a todo. […]
Los otros profesores eran siempre hombres de una sola idea, aunque aquella única idea fuese la universalidad. Y eran especialmente estrechos cuando su única idea era la amplitud. Sólo he encontrado un credo que no se contenta con una sola verdad, sino únicamente con la Verdad, hecha de un millón de verdades y, sin embargo, una. […]
Si hubiera divagado como Bergson o Bernard Shaw y hubiera construido mi propia filosofía a partir de mi precioso fragmento de verdad, por el simple hecho de haberla descubierto yo sólito, pronto habría descubierto cómo esa verdad se distorsionaba y convertía en falsedad […]
Respecto al primero, el sentido exagerado de que aquella luz del día, el diente de león y toda aquella primera experiencia eran una suerte de visión increíble, se habría convertido en mi caso, sin el contrapeso de otras verdades, en algo realmente desequilibrado. Porque la idea de ver visiones estaba peligrosamente cercana a mi vieja pesadilla original, que me había conducido a moverme como en un sueño y, en determinado momento, a perder el sentido de la realidad y con él, gran parte de la responsabilidad […]
En una palabra, tenía el humilde propósito de no ser un maníaco, un monomaniaco; sobre todo, no ser un monomaniaco con una sola idea simplemente porque era la mía. La idea era bastante normal y bastante consistente con la fe; en realidad, era parte de ella. Pero sólo siendo parte de ella, podía haber permanecido normal.
Estoy convencido que esto sirve para casi todas las ideas de las que mis contemporáneos más capaces han extraído nuevas filosofías, muchas de ellas bastante normales al principio. Por tanto, he llegado a la conclusión de que existe una absoluta falacia contemporánea sobre la libertad de las ideas individuales: que tales flores crecen mejor e incluso más grandes en un jardín, y que en pleno campo se marchitan y mueren (Autobiografía, 16-24 y 25).

Concluyo con unas palabras de Marshall McLuhan (de la selección de Conlon, ‘Half Century of Vews’, Oxford, 1987, p.77) que pronto publicaremos completas en el blog, que resumen esta idea de GK, incluso añadiendo una cita suya que lo sintetiza: “Un mundo interior es explorado y desarrollado y entonces proyectado como un objeto. Pero ese nunca fue el método de Chesterton: Todas mis puertas mentales abren hacia fuera, a un mundo que yo no he hecho [en ‘El asombro y el poste de madera’ de Los países de colores], dijo en una formulación básica. Esta distinción debe permanecer siempre entre el artista ocupado en construir un mundo y el metafísico ocupado en contemplar un mundo. También debe liberar las mentes de aquellos que, de un sentido de lealtad al poder filosófico de Chesterton, se han sentido obligados a defender su retórica y sus versos”.

Una carta del joven Chesterton, enamorado

Al fin he podido conseguir el primero de los volúmenes que Maisie Ward escribió sobre Chesterton. Maisie Ward (1889-1975) fue editora de algunas de sus obras y escribió la primera gran biografía, de la que son deudores todos los trabajos posteriores, con gran cantidad de fuentes primarias, muchas no disponibles de otra manera. Fue publicada en Buenos Aires en castellano en 1947, pero la versión original puede encontrarse en el Project Gutenberg. Como amiga personal de GK y su mujer, y de muchos de sus colegas, Ward pudo tener acceso a gran cantidad de fuentes, especialmente cartas, que nos muestran otra cara de Chesterton. Otra faceta, pero lógicamente, no muy distinta de las que ya conocemos.

Los jóvenes Gilbert y Frances

Los jóvenes Gilbert y Frances

Así que el mejor homenaje a esta obra va a ser la publicación de una carta del propio GK. Y como últimamente tenemos un tono demasiado serio, vamos a mostrar al más genuino Chesterton desde muy joven (1896). Es una misiva -sin fecha, como solía hacer GK- en la que cuenta a la novia de su amigo Waldo d’Avigdor, que está enamorado de Frances Blogg:

Querida Mildred:
Al levantarme esta mañana, lavé cuidadosamente mis botas con agua caliente y embetuné mi cara. Luego, poniéndome el chaqué con grácil facilidad y los faldones delante, bajé a desayunarme y alegremente vertí el café sobre las sardinas y puse el sombrero a cocer en el fuego. Estas actividades le darán una idea de mi estado de ánimo. Mi familia, viéndome salir de la casa por la chimenea y llevarme la rejilla del guardafuegos bajo el brazo, pensaron que alguna cosa preocupaba mi espíritu. Y era cierto.
Amiga mía, estoy comprometido. Sólo lo digo ahora a mis verdaderos amigos, pero no cabe duda de ello. La pregunta que surge en seguida es ¿con quién estoy comprometido? He estudiado el problema con gran atención y, por lo que puedo ver, las mejores autoridades indican a Frances Blogg. No creo que exista ninguna duda razonable de que ella es la dama. Es mejor tener ideas claras sobre estas cuestiones secundarias.
Soy demasiado feliz para escribir mucho, pero creí que quizá, recordase usted mi existencia lo bastante para interesarse en el incidente.
Waldo me ha ayudado tanto en esto y en todo, y estoy tan interesado en usted por amor de los dos, que me siento alentado a esperar que subsista nuestra amistad. Si alguna vez he cometido alguna descortesía o necedad, fue por inadvertencia. Siempre deseé complacerla (G.K. Chesterton, por Maisie Ward, p.83-4).

Galería

Presentación del libro “Pensar con Chesterton”

Esta galería contiene 13 fotos.

Puesto que anunciamos la presentación del libro Pensar con Chesterton, ahora nos hacemos eco del éxito de la misma, reblogueando la entrada del Colegio Mayor Albalat, de Valencia, donde tuvo lugar, con un salón de actos lleno, como puede verse … Sigue leyendo