Publicábamos hace unos días La falacia del éxito, un texto de GK en el que critica el afán por triunfar, lo que le proporciona la ocasión de ofrecernos alguna de sus chestertonadas:
Para empezar, no hay tal cosa como el éxito. O, si lo quieres poner así, no hay nada que no tenga éxito. Que algo tiene éxito sólo quiere decir que algo es: un millonario es exitoso siendo un millonario y un burro es exitoso siendo un burro. Cualquier hombre vivo ha tenido éxito viviendo, cualquier hombre muerto puede haber tenido éxito cometiendo suicidio. Pero, pasando de la mala lógica y la mala filosofía de la frase, podemos tomarla, como lo hacen estos escritores, en el sentido ordinario de éxito en obtener dinero o posición social (01).
Considero este párrafo especialmente importante, porque efectivamente, nuestro mundo vive obsesionado con el éxito individual. Es posible que el éxito haya ampliado su campo de lo crematístico -corrupción y ‘pelotazos’ son indicadores de que sigue siendo importante- a ser el mejor en el terreno profesional de cada uno, las aficiones, el deporte o cualquier otro ámbito de la actividad humana en el que podamos pensar y en el que participemos, y al menos en el entorno o contexto de las personas con las que habitualmente nos relacionamos: familia, amigos, conocidos, etc.
Es perfectamente obvio que en cualquier ocupación decente, tal como colocar ladrillos o escribir libros, hay sólo dos modos, en cualquier sentido especial, de tener éxito. Uno es haciendo un muy buen trabajo, el otro es haciendo trampa y ambos son demasiado simples como para requerir cualquier explicación literaria. Si vas por el salto de altura, entonces salta más alto que nadie o consigue fingir que lo has hecho (01) […] Más allá de las reglas del juego, todo es cuestión de talento o deshonestidad (02).
Ese deseo de triunfar que nos pide la sociedad de nuestro tiempo, ese pedirnos más, puede resultar paradójico: podemos ser conscientes de nuestras limitaciones y dado que no queremos hacer trampas, podemos establecer entonces un criterio subjetivo para el éxito, que ya no sería un aplauso de los demás, simplemente conseguir determinadas metas personales, llegar a hacer algo que nos hayamos propuesto o, simplemente, ‘ser nosotros mismos’, y recibir… nuestro propio aplauso, nuestra propia satisfacción.
Creo que hay que distinguir un deseo sano de hacer algo de provecho y una obsesión insana por triunfar, objetiva o subjetivamente. Por fortuna, la expresión -equivalente a un insulto- ‘ser un fracasado’ no ha llegado a extenderse en España de la forma que podemos ver en algunas películas norteamericanas, pero existe realmente ese miedo al fracaso. Además esa obsesión puede ser tan insana, que nos lleve a engañarnos a nosotros mismos y se nos olvide que lo importante es vivir honestamente, pendientes de nuestras obligaciones y de las personas que nos rodean. Dicho con palabras del propio Chesterton –y nadie se dará por ofendido, viniendo del maestro-, un burro es exitoso siendo un burro.








